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Tuesday, June 07, 2016

La terrible sinceridad - Roberto Arlt

Me escribe un lector: “Le ruego me conteste, muy seriamente, de qué forma debe uno vivir para ser feliz”. Estimado señor: Si yo pudiera contestarle, seria o humorísticamente, de qué modo debe vivirse para ser feliz, en vez de estar pergueñando notas, sería, quizá, el hombre más rico de la tierra, vendiendo, únicamente a diez centavos, la fórmula para vivir dichoso. Ya ve qué disparate me pregunta.
Creo que hay una forma de vivir en relación con los semejantes y consigo mismo, que si no concede la felicidad, le proporciona al individuo que la practica una especie de poder mágico de dominio sobre sus semejantes: es la sinceridad.
Ser sincero con todos, y más todavía consigo mismo, aunque se perjudique. Aunque se rompa el alma contra el obstáculo. Aunque se quede sólo, aislado y sangrando. Esta no es una fórmula para vivir feliz; creo que no pero sí lo es para tener fuerzas y examinar el contenido de la vida, cuyas apariencias nos marean y engañan de continuo.
No mire lo que hacen los demás. No se le importe un pepino de lo que opine el prójimo. Sea usted, usted mismo sobre todas las cosas, sobre el bien y el mal, sobre el placer y sobre el dolor, sobre la vida y la muerte. Usted y usted. Nada más. Y será fuerte como un demonio entonces. Fuerte a pesar de todos y contra todos. No importe que la pena lo haga dar de cabeza contra la pared. Interróguese siempre, en el peor minuto de su vida, lo siguiente:
-¿Soy sincero conmigo mismo?
Y si el corazón le dice que sí, y tiene que tirarse a un pozo, tírese con confianza. Siendo sincero no se va a matar. Esté segurísimo de eso. No se va a matar, porque no se puede matar. La vida, la misteriosa vida que rige nuestra existencia, impedirá que usted se mate tirándose al pozo. La vida, providencialmente, colocará, un metro antes de que usted llegue al fondo, un clavo donde se engancharán sus ropas, y… usted se salvará.
Me dirá usted: “¿Y si los otros no comprenden que soy sincero?” ¡Qué se le importa a usted de los otros! La tierra y la vida tienen tantos caminos con alturas distintas, que nadie puede ver a más distancia de la que dan sus ojos. Aunque se suba a una montaña, no verá un centímetro más lejos de lo que le permita su vista. Pero, escúcheme bien: el día que los que lo rodean se den cuenta de que usted va por un camino no trillado, pero que marcha guiado por la sinceridad, ese día lo mirarán con asombro, luego con curiosidad. Y ese día en que usted, con la fuerza de su sinceridad, les demuestre cuántos poderes tiene entre sus manos, ese día serán sus esclavos espiritualmente, créalo.
Me dirá usted: “¿Y si me equivoco?”. No tiene importancia. Uno se equivoca cuando tiene que equivocarse. Ni un minuto antes ni un minuto después. ¿Por qué? Porque así lo ha dispuesto la vida, que es esa fuerza misteriosa. Si usted se ha equivocado sinceramente, lo perdonarán. O no lo perdonarán. Interesa poco. Usted sigue su camino. Contra viento y marea. Contra todos, si es necesario ir contra todos. Y créame llegará un momento en que usted se sentirá más fuerte, que la vida y la muerte se convertirán en dos juguetes entre sus manos. Así, como suena. Vida. Muerte. Usted va a mirar esa taba que tiene tal reverso, y de una patada la va a tirar lejos de usted. ¿Qué se le importan los nombres, si usted, con su fuerza, está más allá de los nombres?
La sinceridad tiene un doble fondo curioso. No modifica la naturaleza intrínseca del que la practica, y sí le concede una especie de doble vista, sensibilidad curiosa, y que le permite percibir la mentira, y no sólo la mentira, sino los sentimientos del que está a su lado.
Hay una frase de Goethe, respecto de este estado, que vale un Perú. Dice:
“Tú que me has metido en este dédalo, tú me sacarás de él”.
Es lo que anteriormente le decía.
La sinceridad provoca en el que la practica lealmente, una serie de fuerzas violentas. Estas fuerzas sólo se muestran cuando tiene que producirse eso de: “Tú que me has metido en este dédalo, tú me sacarás”. Y si usted es sincero, va a percibir la voz de estas fuerzas. Ellas lo arrastrarán, quizá, a ejecutar actos absurdos. No importa. Usted los realiza. ¿Que se quedará sangrando? ¡Y es claro! Todo cuesta en esta tierra. La vida no regala nada, absolutamente. Todo hay que comprarlo con libras de carne y sangre.
Y de pronto, descubrirá algo que no es la felicidad, sino un equivalente a ella. La emoción. La terrible emoción de jugarse la piel y la felicidad. No en el naipe, sino convirtiéndose usted en una especie de emocionado naipe humano que busca la felicidad, desesperadamente, mediante las combinaciones más extraordinarias, más inesperadas. ¿O qué se cree usted? ¿Que es uno de esos multimillonarios norteamericanos, ayer vendedores de diarios, más tarde carboneros, luego dueños de circo, y sucesivamente periodistas, vendedores de automóviles, hasta que un golpe de fortuna los sitúa en el lugar en que inevitablemente debía estar?
Esos hombres se convirtieron en multimillonarios porque querían ser eso. Con eso sabían que realizaban la felicidad de su vida. Pero piense usted en todo lo que se jugaron para ser felices. Y mientras no se producía lo efectivo, la emoción, que derivaba de cada jugada, los hacía más fuertes. ¿Se da cuenta?
Vea amigo: hágase una base de sinceridad, y sobre esa cuerda floja o tensa, cruce el abismo de la vida, con su verdad en la mano, y va a triunfar. No hay nadie, absolutamente nadie, que pueda hacerlo caer. Y hasta los que hoy le tiran piedras, se acercarán mañana a usted para sonreírle tímidamente. Créalo, amigo: un hombre sincero es tan fuerte que sólo él puede reírse y apiadarse de todo.

de Aguafuertes porteñas

A favor o en contra de dios

“Llegar a ocupar un cargo de redactor en aquellos años era algo así como hoy ser astronauta o embajador en París. Una vez llegó al diario un muchachito recomendado de 22 años, que de entrada, pidió ese puesto. Mi padre se extrañó ante semejante descaro. Pero como el otro insistía en pedirle que lo probara, le pidió un artículo sobre Dios. Muy bien, señor, dijo el solicitante, ¿a favor o en contra? Mi padre lo tomó en el acto. Aquel periodista era una joya, uno de eso genios que aparecen de vez en cuando. Murió tuberculoso a los treinta años”. 

Tuesday, February 02, 2016

Desde las bisagras (2015), de Luciana Ravazzani; por Jimena Arnolfi



“Para mitigar el carácter de ofrenda/ el amor inventa”, dice Luciana Ravazzani en el primer poema de Desde las bisagras. Y aunque lo esté sacando de contexto, me gusta la idea. Un libro de poemas de amor que empieza con un postulado así: el amor inventa. Ese verso de la primera página quizás formule una posible clave poética para abordar el libro. No podemos ver hacia dónde vamos o con quién estamos realmente. ¿O sí?
Alguien dijo alguna vez que la persona que amamos es esa incógnita a punto de ser descifrada. Ravazzani mira con detenimiento a la persona amada a través de las bisagras.
El libro está organizado en cinco capítulos que cuentan los alrededores del amor, los de antes y los de ahora. Para retratar ese afán de combustión súbita, los poemas se encarnan en un “yo” tranquilo, propio de la contemplación.
La actitud descriptiva, observadora parece responder a ese realismo de la mirada enamorada que todo lo abarca. El amor como una pasión ilimitada que desea ser irrefutable.
“Descubrir que sólo yo/ te conozco en lo secreto”, remata uno de los poemas de “Cerca”, el primer capítulo donde la poeta cuenta un presente amoroso. Se trata de imágenes compuestas a partir de escenas mínimas de la vida cotidiana. Una colección de palabras íntimas, detalles que se van grabando solapadamente en la memoria y silencios compartidos, consensuados.
“Mientras caminábamos/ íbamos buscando/ tener gustos similares,/ cuando no coincidíamos/ se hacía un pequeño silencio/ y esperábamos que en la próxima observación/ estuviéramos de acuerdo”, dice. Hay momentos para atesorar como cuando tiene una revelación y estampa ese instante en que el tiempo queda aniquilado por la vislumbre absoluta del amor. Ravazzani escribe como yéndose a cada momento.
Esa noche con vos me di cuenta
de que podía ser feliz y que no me importara
que los motivos fueran nobles o elevados.
Esa noche podía reírme todas las veces de las ganas
mientras tomábamos cerveza en vasitos de plástico. 
El poema-corazón de esta parte del libro puede ser:
Él parece no ser
de este mundo
hasta que también
abre cartones de leche,
mira el horario,
habla por teléfono.
Qué tranquilidad
me invade
en esos momentos.
Pero amar también es estar triste y alegre, tranquilo y perturbado. O, ¿para qué sive la paz sin amor? Entonces aparecen los poemas a los amores de antes, a la distancia: “Le tuve un amor paciente,/ de estoiscismo de faro/ que no sabe sino mirar/ donde otros ven oscuridad”. O también: “Salimos a la noche con la sensación/ de que uno no alcanzaba para proteger al otro,/pero estábamos contentos” y finaliza: “no íbamos a funcionar nunca juntos,/ no podíamos odiarnos tampoco por eso”. Un poema bonsai: “Él olía como el aire,/ ¿o era que su perfume/ se me iba siempre a disipar?”.  Y a modo de bálsamo:
A veces me consuela pensar
que quizá hayamos elegido
lo mismo para cenar
o los dos estamos usando lana verdeo 
a los dos nos tardó en venir el colectivo.
Todas esas veces es como si estuviéramos juntos.
En algunos poemas, la voz poética se detiene en plena observación. Detecta con anticipación ese momento en el que no quiere mirar más: “lo que no me fijo es en tus libros,/ imagino que escondés en otras cosas/ tu singular manera de pensar”.
Desde las bisagras también habla del deseo de escribir poemas. Por ejemplo, en la saga onírica del capítulo “Tu cara sol, tu cara sal” –ya lo dejó anotado el romántico Lope “el amor es sueño”-, la poeta relata que soñó con una estrofa y en otro texto empieza diciendo: “Soñé que escribía un poema de los que ya no escribo, un poema inesperado como son todos los poemas”.  En otro, resuelve: “El mes que viene pago las cuentas a término/ y te escribo un poema lleno de luz eléctrica”.
Hay una referencia al asunto de ese deseo, quizás imposible, por escribir “alguna vez un poema de atrás hacia delante” en uno de los textos de más largo aliento del capítulo “Lejos”.
La poesía es como una esponja que absorbe todo. Una sale, mira, anota y entra para mirarse y poder seguir. En ese sentido, Desde las bisagras: los poemas como resultado de la conexión entre el adentro y el afuera.
Mientras Ravazzani mira a la persona amada, todo escribe a su alrededor. Y por supuesto, que todo estalle. Que vivan los poemas de amor.

*Esta reseña fue publicada en Digo.Palabra.TXT

Thursday, July 25, 2013

Entrevista a Laura Wittner + poema inédito

Laura Wittner, foto de Clara Muschietti



Una foto de Laura Wittner (obra de Clara Muchietti), una entrevista que le hicimos en "Cabeza" (FM La Tribu) y el poema inédito que nos leyó en la radio. Disfruten mucho.

*

Demolieron el hotel de enfrente
en no más de tres días
así como el avión del que bajé
volvió a hundirse en el cielo
mientras yo empujaba mi carrito
y empujaba hacia el fondo el castellano
componiendo mi mejor versión:
agente secreta en migraciones
o capataza de obra
parada con las piernas semiabiertas
sobre las últimas ruinas
de lo que alguna vez fue un tercer piso
con el casco bien puesto
y la mirada en señal de rompan todo.

(Poema inédito, Laura Wittner) 



Monday, March 04, 2013

ENTREVISTA A SERGIO BIZZIO / "Me gusta corregir: es como pasar la lengua por la espuma de un licuado" /




Por Jimena Arnolfi


Bizzio dice que le gustan las frases transparentes en el sentido japonés del término: cuanto más clara es la oración, más sentidos adquiere y resulta más engañosa. Entonces se acuerda del final de una de sus novelas: “Ser serio es dejar que el mundo haga con uno lo que quiera”. Es clara, pero ¿qué quiere decir? Bizzio dice que ese es el efecto que busca. “Me gusta corregir: es como pasar la lengua por la espuma de un licuado”, agrega. Bizzio está leyendo mucho a los japoneses y recomienda obras como El pabellón de oro, Elogio de la sombra y Lo bello y lo triste. Recuerda a Fogwill, Héctor Viel Témperley y Charlie Feiling. Habla de la música de Ariel Pink, “una especie de Kurt Cobain deformado que hace un pop psicodélico esperimental”. Es importante decir que todas las novelas de Bizzio empiezan brutalmente. Por ejemplo, la primera oración de Rabia: “Cuando vos naciste, yo estaba acabando”. O la de Era el cielo: “Cuando llegué, dos hombres violaban a mi mujer”. Bizzio está presentando su libro número 22. “Borgestein me atacó en dos ocasiones. La primera vez no pasó de un empujón y un golpe en la cara; la segunda intentó matarme.” Así empieza Borgestein. Bizzio cuenta que cuando se sumerge en una historia puede estar escribiendo literalmente todo el día y que ahora necesita dedicarse a algo que genere dinero como el cine. Su padre –primo hermano de Federico Luppi– era el dueño del único cine de Ramallo, el lugar donde nació. Cuando los otros pibes de su pueblo prendían la televisión, él no tenía más remedio que irse al cine. Se acuerda de una escena de la película Zorba, el Griego, con Anthony Quinn, que lo impactó mucho cuando era chico: la del moribundo encerrado. Muchas de las novelas de Bizzio fueron llevadas al cine. El mexicano Guillermo del Toro produjo su novela Rabia, Emilie Deleuze –la hija de Gilles Deleuze– va a dirigir Realidad en Francia y él mismo Bizzio está por estrenar Bomba, una película que dirigió y fue recientemente seleccionada entre más de cien películas para representar a la Argentina en Ventana Sur, el mercado de cine latinoamericano creado por el Incaa.
–Los comienzos de tus libros causan impacto desde la primera línea.
–Mejor. De todos modos, no es deliberado. Yo empiezo a escribir a veces con una frase, a veces con una idea y a veces con una escena. En el caso de Borgestein, me gustó mucho la idea de un hombre que lucha contra una cascada. Un hombre luchando contra el sonido del agua. Esa idea me resultó muy estimulante. Alrededor de eso había que inventarlo todo.
–¿Y descontrolarlo?
–¿Alguien tiene el control completo de su vida? Sin embargo, al protagonista de Borgestein lo único que parece habérsele ido de las manos es la relación con su mujer, que es muy particular. Hace más de un año que no se ven despiertos. Cuando se casaron, ella era todavía una actriz subterránea, pero enseguida empieza a trabajar en una obra de mucho éxito, y cada noche vuelve a su casa cuando él duerme. Y cuando él se levanta a la mañana, la que duerme es ella. Así que se comunican por medio de notas, y a veces también por teléfono. Es un matrimonio irreal. Se ven siempre dormidos. Él es psiquiatra, y una tarde uno de sus pacientes, un psicópata de apellido Borgestein, lo apuñala a la salida del consultorio. Esa puñalada lo hace dejar la ciudad y abandonar a su esposa para instalarse en una casita de estilo japonés en la montaña.
–Hay elementos que se encadenan en la novela. Además de los personajes principales, están la cascada y Gualicho, el loro adicto a la electricidad.
–Hablando de la novela con un amigo me di cuenta de algo que no había notado mientras escribía. Y es que el psiquiatra está todo el tiempo escapando de un rumor. Primero del rumor de sus pacientes, entre los que se destaca Borgestein. Después, de los rumores relacionados con su mujer, que se hizo famosa y aparece en los diarios y revistas. Después está el loro, Gualicho, que también puede asociarse a la idea del rumor, el loro parlanchín, un loro adicto a la electricidad. Y finalmente está el rumor de la cascada. Junto a la casa hay una cascada muy hermosa, un salto de agua que cae en una hoya y que produce un ruido ensordecedor. El psiquiatra se alejó de los otros rumores, pero el ruido de la cascada empieza a perturbarlo y decide llenar la hoya de piedras para silenciarla.
–¿Por qué decidiste que el psicópata Borgestein fuera poeta?
–Es un paciente psiquiátrico que escribe poemas. Escribe poemas pésimos, poemas de corte metafísico o espiritual, muy aburridos y solemnes. Excepto un poema, que lee en una de sus sesiones y que al psiquiatra le causa mucha gracia. El poema empieza diciendo: “Nada justifica que yo corte esta línea en dos, pero / fui a sentarme y se me vino encima el sillón”. El psiquiatra comete el error de reírse. Se ríe sin malicia, se ríe porque el poema es humorístico, y atribuye el cambio a un acierto en la medicación, pero Borgestein no lo entiende así y se ofende. El psiquiatra cree que esa es la razón por la que Borgestein intenta matarlo una tarde a la salida del consultorio. Yo había escrito ese poema cuando Fogwill se internó la última vez, pensando que cuando se mejorara un poco lo iba a leer y se iba a reír. Pero no alcanzó a leerlo. A partir de ese momento le atribuí el poema a Borgestein. Ahí empieza la novela.
–¿Seguís escribiendo poesía?
–Menos que antes. La poesía quedó ligada a la pura inspiración. Lo que sí hago es leerla, y mucho. Y a veces escribiendo una novela o un cuento aparece algo independiente del texto que deriva en un poema.
–Si la poesía quedó ligada a la pura inspiración, ¿la narrativa se presenta como el espacio de búsqueda y trabajo?
–A mí me divierte escribir, lo disfruto. Pero soy bastante haragán. Si me atasco, si algo me da mucho trabajo, lo dejo. No soy un escritor obsesivo, por suerte. Sigo por otro lado o con otra cosa.
–¿Cómo es el proceso de corrección de tus novelas?
–Para mí corregir es escribir adentro de lo ya escrito. Escribo una página y después hay un momento del día, en general a la noche, en que vuelvo a lo que escribí y trabajo ahí adentro, como entre líneas. Me gusta corregir: es como pasar la lengua por la espuma de un licuado.
–¿Cómo es tu trabajo con las frases?
–A mí me gusta que las oraciones sean transparentes y cristalinas. La transparencia es mucho más engañosa que la oscuridad, por otra parte. Los sentidos son sólo sentidos posibles y pueden querer decir más de una cosa.
–¿Por qué te parece que llama la atención que no presencies conferencias, charlas y festivales?
–¿Llama la atención? No debería llamar la atención. A mí me aburren todas las actividades ligadas a la figura del escritor, no les encuentro ningún sentido y por lo menos para mí no tienen ninguna importancia. Prefiero quedarme en mi casa leyendo o haciendo cualquier otra cosa antes que pasar una semana en un festival con otros escritores, hablando de otros escritores, saliendo a cenar con gente que nunca vi ni volveré a ver. Congresos, presentaciones, viajes, toda esa cosa… No, no me gusta la figura del “escritor profesional”, yo no soy un escritor profesional ni lo quiero ser, no me interesa. Pero, por supuesto, que cada cual haga lo que quiera. Yo no voy.
–¿Tampoco te interesa la crítica literaria?
–Hay un minuto en el que estaría dispuesto a ahorcar al tipo que habla mal de lo que hago, pero es nada más que un minuto. Y cada vez es menos. Últimamente son apenas unos segundos. El libro ya está publicado. Si la crítica es favorable o desfavorable da lo mismo.
–¿Estás alerta a la hora de escribir?
–No, no estoy alerta a nada que esté por fuera del texto que estoy escribiendo. Yo escribo para mí, y no mucho más que eso. Además mis intereses van variando a medida que avanzo. Algo que me interesaba cuando empecé a escribir puede terminar tranquilamente siéndome indiferente un poco más adelante. Y concentrarme en otra cosa. No estoy alerta al efecto público. Dentro de la literatura, todo; fuera de la literatura, nada. Parece una fórmula. Y sí, esa es mi fórmula.
–¿Cuándo considerás que una idea se puede transformar en una novela?
–No lo sé. Tengo algunas ideas que no me siento capaz de escribir, por la razón que sea. Las mastico y las mastico, y nada. Es como masticar una pelota de fibra que nunca termina de disolverse. Rabia, por ejemplo, fue una idea que tuve muchos años en la cabeza. Intenté escribirla dos o tres veces y no sabía realmente cómo. Hasta que de pronto cuajó, por decirlo de alguna manera. Yo pasaba siempre por la esquina de la avenida Alvear y Rodríguez Peña. En esa esquina hay una gran casa de tres o cuatro plantas, una de esas grandes mansiones que todavía son usadas como vivienda particular y no como embajadas o consulados. Y siempre veía una luz prendida, una única luz, a veces en la planta baja, a veces en el segundo piso. Un día me dijeron que ahí vivía una señora con su mucama. No sé si era cierto o no, pero eso fue lo que me dijeron, y se me ocurrió que ahí podría vivir una familia entera sin que la señora y la mucama se enteraran de eso. Ahí apareció la idea de Rabia, pero no la escribí enseguida. Pasaron años antes de que pudiera hacer algo con eso. Otras novelas arrancan sin ninguna dificultad, sin ninguna idea, literalmente sin nada aparte de una frase. Es siempre distinto.
–¿Podés estar sin escribir?
–Sí, ¿por qué no? Claro que prefiero escribir, es lo que me gusta hacer, pero ahora estoy más preocupado por el dinero que por la literatura. Intento que todo lo que se me ocurre desemboque en un guión de cine, por ejemplo, o en cualquier otra cosa con la que pueda ganar un poco de plata. Escribir es un lujo. Todo es gasto cuando uno destina seis o más meses del año a escribir una novela. Y digo que todo es gasto porque cuando yo escribo, escribo. No hago otra cosa. Escribo muchas horas por día, no tengo tiempo para nada más. No puedo escribir tres horas a la mañana y después trabajar en otra cosa. Escribo literalmente todo el día. Me sumerjo. Esa es mi modalidad.
–Muchas de sus historias fueron adaptadas al cine.
–Sí, y ocasionalmente eso me deja un poco de plata para escribir literatura. Por suerte, ahora hay una serie de productoras que están empezando a pedirme guiones. Me gusta escribir cine, no lo vivo para nada como un castigo. Y también se vendieron los derechos para cine de algunas de mis novelas. Con Rabia se hizo una película en España, la produjo Guillermo del Toro y la dirigió Sebastián Cordero. Creo que es una buena película. También se va a filmar Realidad en Francia, la va a dirigir Emilie Deleuze, la hija de Gilles Deleuze. Era el cielo la va a hacer una productora brasileña. Lucía Puenzo hizo XXY. Y estoy en conversaciones con un productor interesado en filmar El escritor comido. Veremos. Ahora estoy terminando de editar una película que dirigí unos meses atrás y que va a estrenarse a principios del año que viene. Se llama Bomba. Esta semana la seleccionaron entre más de cien películas para representar a la Argentina en Ventana Sur. Estoy muy contento con la película. La protagonizan Jorge Marrale y Alan Daicz. La produjo Lucía Puenzo. Mi hijo Blas (14 años) hizo la música.
–Tu libro de cuentos Chicos termina con una frase de tu hijo. El título de tu poemario, Te desafío a correr como un idiota por el jardín, también es frase de él...
–No es que le robe, es que me gusta que participe (risas). Lo estoy citando mucho, ¿no? También tocó conmigo en Supersiempre. Para Bomba grabó la música en dos jornadas, una cosa increíble. La película cuenta la historia de un adolescente que viene de la provincia de Santa Fe porque ganó un concurso de historietas y lo invitan a presentarlo a la Feria del Libro. Llega con el tiempo muy justo al hotelito que había reservado en la 9 de julio. Deja sus cosas en la habitación, sale corriendo y se mete en el primer taxi libre que ve y resulta que se sube a un coche bomba. Aparte de Marrale y Daicz hay participaciones de Pablo Cedrón, Romina Gaetani y César Aira, que hace el papel de presentador en la feria del libro, y está muy bien César. Gran actor.
–Tu padre era dueño de un cine en Ramallo, el pueblo donde nació.
–Sí. En mi casa no había televisor pero mi viejo tenía el cine, el único cine del pueblo. Así que mientras los otros chicos del pueblo prendían la tele en su casa, yo no tenía más remedio que ir al cine. Y veía cada película muchas veces, porque la cartelera se renovaba muy de tanto en tanto.
–¿Qué te pasa cuando ves una historia tuya en el cine?
–La primera sensación es de desconcierto: no hay manera de que las imágenes mentales coincidan con imágenes filmadas. No hay forma y está bien que así sea. Uno imagina a los personajes de determinada manera, los escucha hablar de cierto modo, el tono de voz que elige el director es otro. Y está bien, tiene que ser así. Yo prefiero mil veces que el director haga su versión y no que lo suyo sea una mera ilustración del texto.
–¿Te obsesionás mucho con los personajes durante el proceso de escritura?
–Yo no diría “obsesión”. Yo trabajo de una manera muy irregular. Puedo pasarme medio año mirando al techo, que es lo que me sucede, y en algún momento me sumerjo en algo y puedo pasarme todo el día escribiendo durante meses. Con algunas pausas, para comer, para caminar o pasear en bicicleta, para moverme un poco. Pero no es una obsesión: me gusta estar ahí, es mi deseo, quiero estar ahí.
–Después de haber sido guionista de televisión, ¿qué podés decir del medio?
–Nada. La verdad es que no me gustaba mucho escribir guiones diarios de televisión, pero tampoco era para quejarse. Mi secreto era elegir, en la medida de lo posible, el peor proyecto. Si me daban la opción de escribir un programa de calidad o una telenovela de bajas pretensiones, yo elegía la telenovela de bajas pretensiones. ¿Para qué? Bueno, para que el compromiso intelectual o estético fuera mínimo y no me absorviera el trabajo, que suele ser mucho. De esa manera, estaba siempre mentalmente más o menos despejado y podía dedicarme a escribir literatura. El trabajo de guionista de televisión puede ser muy absorbente.
–¿Siempre lo viviste así?
–Es así. Al principio, cuando no tenía experiencia, me pasaba que lo que a mí me gustaba más era lo que peor funcionaba. Lo que más se acercaba a la literatura, por supuesto, no funcionaba de ninguna manera en la televisión, o los actores no podían decirlo con naturalidad o el director no podía grabarlo y lo eliminaba de un plumazo. Enseguida me di cuenta de que mientras más alejado de la literatura estuviera yo, mejor para el programa. Con el cine pasa algo parecido. El cine y la literatura son artes vecinas que conviene mantener separadas.

RECUADRO: “Increíblemente, la música es una de las cosas que menos se escucha”

"El corazón de Supersiempre es no saber, desaprender. Los músicos de la banda (Alan Courtis y Franciso Garamona) se pliegan a los no músicos (Alfredo Prior, Mariano Galperín y yo). Lo único que queremos es convertir al ruido en algo magnético. Es difícil entrar, lo reconozco, pero si uno entra puede tener una verdadera experiencia”, dice Sergio Bizzio quien hizo música toda la vida aunque no distingue un La de un Re. Se puede quedar horas pulsando unas pocas notas en una sola cuerda en estado de abstracción. Supersiempre está a punto de sacar su segundo disco, Los hielos de América latina, en medio de una ola de conflictos entre los integrantes de la banda. “Este es un disco mucho más comercial que el primero que es una pelota de ruido y electricidad. Digo que este disco es más comercial porque debe tener al menos unos 30 segundos de melodía. Una parte de la banda no quería ni la más mínima melodía y otra parte sí. La banda está fragmentada. Es una banda extrema en ese sentido: 30 segundos de melodía generan discusiones “, explica Bizzio.
–Cuándo escribís, ¿escuchás música?

–No, escribo en silencio, la música me distrae. ¿Viste que increíblemente la música es una de las cosas que menos se escucha? Muy poca gente escucha música. Parece mentira pero es así. La música es algo de fondo, algo para bailar, la gente habla encima de la música. Yo pongo un disco, apago la luz y me tiro en un sillón a escucharlo de punta a punta. Escucho música como leo un libro: no se puede leer un libro bailando o conversando con otro.


Una versión de esta nota fue publicada en Miradas al Sur el 25 de noviembre de 2012.

Pasás tu vida de trabajo como un escritor y dependés de eso: tu ingreso, tu espíritu y tu hígado están en estrecha relación con los negocios literarios.




“Una vez que te comprometes a ganarte la vida con tu pluma, descubres que puedes empujarte a ti mismo. Es semejante a lo que hacen los atletas cuando toman esteroides para adquirir más vigor. En última instancia es dañino, pero establecen récords. Hacemos lo mismo. Puedes obligarte a escribir mucho más de lo que deseas. Y la escritura no se deteriorará necesariamente. No necesariamente. Pero puedes terminar con un sistema nervioso en malas condiciones o una vida acortada, por supuesto, uno siempre puede esperar la trascendencia. A veces, trabajar mucho más duro de lo que uno desea trabajar puede liberar la energía. A veces”.


Un arte espectral, Norman Mailer.

Wednesday, February 13, 2013

Entrevisté a Juana Molina y estuvo buenísimo

*Una versión de esta nota fue publicada en Miradas al Sur el Domingo 10 de Febrero de 2013.


















Hay que ser la mujer más libre del mundo para componer esas canciones. No hay más que picar sus discos en random. Son cinco: Rara, 1996 (producido por Gustavo Santaolalla); Segundo, 2003; Tres cosas, 2004; Son, 2006; Un día, 2008. La placa Tres cosas fue elegida por el New York Times entre los diez álbumes de pop más importantes del año junto a discos de Björk y U2, entre otros. Tocó en el Festival Coachella. Salió de gira con David Byrne, con Feist. Grabó voces para un tema de los Chemical Brothers. Pero todo eso fue después. Cuando dejó su carrera de actriz televisiva en el pico del estrellato para dedicarse a la música, sintió que la pusieron en penitencia. “Fueron años de insistir sufriendo”, resume. A fines de los ’90 se instaló en Los Ángeles porque había una radio muy importante que la pasaba todos los días. Programaban “Rara” o “Los días de humedad” de su primer disco: “Un amigo me llamó y me preguntó si había puesto plata porque me pasaban todos los días, no fallaba”.
–¿Fue una especie de escape?
–No sabía muy bien qué hacer, todavía estaba con el fantasma del programa de televisión y me costaba mucho ese tema. Siempre que aparecían los medios era para hablar de por qué había dejado la televisión y nunca el motivo era la música. Entonces me pareció un buen plan irme donde me iban a dar bola como música. Pero sí: fue una prueba para escaparme de la presión que sentía acá. Quería irme de esa especie de penitencia que me ponía el afuera por haber cambiado…
–¿Cuándo dejaste de “estar en penitencia”?
–Ahora que pasó el tiempo puedo notar que era un tema mío… Si me hubiese relajado un poco más, no necesitaba irme tan lejos para hacer lo que tenía ganas de hacer. Son puntos de vista que una tiene en el momento, cosas que una piensa y considera que son la gran verdad y al tiempo se diluye. Viví un año y medio allá. Después siempre viví en Buenos Aires pero quedó ese mito de que yo vivo afuera. Viajo mucho, nomás.

* * *
A los 5 años le regalaron la “primera guitarrita”. Entonces el desafío era tratar de cantar y tocar al mismo tiempo. “Cuando yo abría la boca para empezar a cantar –recuerda y se ríe–, la mano inmediatamente dejaba de tocar, en la música siempre fue así: terapéutico”. Al tiempo ya tenía un portaestudio y jugaba a grabarse cuando estaba sola. En su casa siempre había música. Pero si había una reunión o alguien le pedía cantar, ella no podía. “La música siempre me pareció algo tan profundo e importante que me resultaba imposible hacerlo frente a otros, sentía un pudor infinito”, dice Juana y no es contradictoria. La televisión no le costaba. Cuando ella actuaba, no tenía que mostrar nada muy íntimo. No era ella. Se había metido en televisión para hacer plata, hacer música era el fin. Después se le fue de las manos por la magnitud del éxito. Durante su primer embarazo, se dio cuenta y pudo reflexionar: “Si no hacía música me iba a morir de depresión”.
–A tu música hay que escucharla más de una vez, hay que entenderla. ¿A vos también te pasa con la música que escuchás? ¿Los discos que más te gustan son los que necesitan más tiempo?
–Absolutamente. Qué halago si te pasa eso con mi música. En general, si escucho algo y no sé muy bien qué me pasa y me quedo perpleja, sin demasiada opinión, tengo que volver a escuchar. Entonces el oído forma un nuevo molde, que es el molde que necesita ese disco que estás escuchando en ese momento. Me parece que es importante esa posibilidad que uno tiene de cambiar y moldearse según lo que recibe. Es la capacidad de poder escuchar música y ser blando para poder recibirla. Por lo general lo que más me gusta, en un principio me resultó extraño, no lo entendí o no me llamó la atención.
–¿Con qué músicos te pasó?
–Me acuerdo algunos casos de la infancia. Una vez mi papá me trajo un disco de King Crimson (Larks’ Tongues in Aspic), en la época en que la música era otra cosa acá: pasé de Palito Ortega a King Crimson, bueno, en realidad de los Beatles a King Crimson, que es un cambio muy drástico igual. Mi padre me hacía sentir que yo era importante teniendo ese disco (se ríe). Me impactó: pasé de no entender nada a inventarme un cuento para esa música. Como para mí las letras eran un sonido más, había un momento en que yo veía una ventana de noche desde afuera y veía siluetas a través de una cortina. Una mujer gritándole a alguien, recriminándole cosas, todo muy angustiante. Y para mí era eso: la banda se había propuesto meter a una mujer en una ventana a la que le pasaba todo eso. Listo, fue magia.

* * *
A Juana le gusta la música que tiene pedal. Entonces cuenta una anécdota: ella sola, de visita en la casa de su abuela, rogando que nadie se subiera al ascensor para poder cantar melodías con el ruido de fondo al subir. Una nota pedal es un sonido que se sostiene durante toda una canción mientras las melodías se mueven arriba. La música celta y la hindú, por ejemplo, usan notas pedales. “Hay un casete muy importante –afirma como contando un secreto–. Yo tenía 14 años y me puse a grabar canciones de cuna de Asia y África de un programa de radio de Francia… y después sí, quizás terminé haciendo alguno de esos sonidos”. Juana Molina sigue explorando música: “No escucho un género por sobre otro. Me gusta cuando aparece alguien detrás o delante de un estilo. Cuando hay algo personal y único, ahí se pone interesante”.
En 2011, el sello belga Crammed Discs la contrató para formar parte de un proyecto ambicioso: armar una súper grupo con la revelación africana, Konono nº 1, de Congo, Deerhoof (una banda de rock experimental de California) y Kasai Allstars, un colectivo también de Congo. Así se formó Congotronics vs. Rockers. Compusieron en Bélgica y viajaron por toda Europa presentando acalorados recitales.
–¿Cómo fue participar del experimento Congotronics vs. Rockers? 
–Finalmente, estuve cerca de África. Fue una experiencia de una excitación enorme y también fue difícil. Son culturas realmente muy distintas y todo lo que uno cree, el mito del swing africano… uno lo entiende más desde otro lado y deja de ser esa cosa inalcanzable. Me di cuenta que lo que hay es otro punto de partida. Todos los occidentales estábamos muy al tanto de un montón de música que no es la nuestra y ellos no conocían más que la música de ellos. La sensación que se podía tener al final es que éramos unos blanquitos que nos habíamos subido al proyecto africano, pero lo cierto es que era más fácil para nosotros montarnos sobre los africanos que para ellos sumarse a nosotros. Yo quería que ellos hicieran palmas en dos y en cuatro, y no había manera, entraban en uno y en tres. Era muy difícil hacerlos salir de su propio esquema. Yo aprendí muchísimo porque tuve que desestructurar la cabeza.
–Te permitió ejercitar esa capacidad del “ser blando” para la música que decías recién…
–Claro, la música es ejercicio. Me pasa a veces cuando grabo una guitarra, y después grabo una voz. Después quiero tocar la guitarra mientras lo canto y es imposible y tengo que estudiarlo. Tengo que inventarme un camino en el cerebro para poder aprender que primero va tal voz y después tal dedo, después viene tal sílaba y después otro dedo. Es importante aprender nuevos caminos para hacer nuevas cosas. Para mí también es importante no siempre cantar mientras toco, sino grabar y cantar encima para que la melodía sea más libre. Cuando estás tocando un ritmo, tenés la cabeza armada para ese ritmo y si cantás encima lo más probable es que armes algo encima de ese ritmo que no tenga mucho contrapunto.
–¿Cómo surgen tus momentos creativos?
–Hay épocas en las que estoy muy productiva. No es que de golpe me vino la inspiración y entonces voy a grabar. Nunca me pasa eso. Simplemente estoy tocando la guitarra, medio paveando y en algún momento se me ocurre algo y después lo empiezo a trabajar. Va creciendo poco a poco, se va armando. Las cosas van apareciendo medio solas. De lo contrario, entro en una especie de trance, lo que hago no es muy interesante. O, al menos, si no estoy en trance, después tiro todo lo que hago porque no me gusta.
–¿Trabajás todos los días para que aparezca el trance?
–Soy medio hija del rigor. Para el último disco me dijeron: si querés que el disco salga este año, me lo tenés que entregar en mayo, yo en febrero no tenía nada, en marzo me puse a trabajar y lo entregué a tiempo (ríe). Si tengo un incentivo, una presión, entonces trabajo y viene la inspiración.
–En la canción “Un día” decís que vas a cantar las canciones sin letra para que cada uno imagine lo que quiera. ¿Qué tan cerca estás de eso?
–Menos de lo que pensaba. Hay ciertas melodías que no pueden ser cantadas sin letra, me gustaría resolverlo. Hay melodías muy protagonistas que no se interpretan bien si estás cantando lalalá. A mí me gusta lo abstracto de la música, al poner una letra, la canción se vuelve más terrenal. El próximo disco está muy avanzado, pero le faltan todas las letras. Siempre es lo último que hago. No me resulta un momento muy inspirador el de poner las letras, me está dando fiaca. Pero bueno, sería más difícil todavía llegar a la gente, todos están acostumbrados a escuchar canciones con letras. En cambio lo instrumental o lo que no tiene ningún mensaje hablado es más libre.
–La mujer en la ventana del disco de King Crimson.
–Ahí está, el disco de King Crimson que me regaló mi papá. Cuando escuché el CD remasterizando y llegó esa parte, de golpe había una guitarra clarita: apareció el instrumento y desapareció toda la magia. Se ve que Robert Fripp cuando remasterizó el disco, consideró que el solo no se entendía muy bien, pensó que la guitarra estaba muy lejos y la puso más al frente… entonces desapareció mi cuento por completo y apareció un señor tocando la guitarra. Para mí, lo importante de la música es cuando los instrumentos y las personas que los ejecutan desaparecen. La música por sí sola te tiene que provocar, te tiene que llevar de viaje. No tenés que estar imaginándote “ay, mirá que lindo cómo entró el bajo; ah, acá salió la guitarra; mmm, este teclado, ¿con qué lo habrá tocado?”. Si pasa eso para mí es una depresión total. La música tiene que sugerir cosas que no tengan nada que ver con la música, justamente. Me parece muy triste cuando se ve la intención del músico.

Wednesday, November 28, 2012

Nuevo comunicado de la Asamblea de Trabajadores


Los periodistas, diagramadores, fotógrafos y correctores del periódico Miradas al Sur celebramos que la empresa haya rectificado su decisión de  discontinuar la publicación del semanario e imponer vacaciones de manera compulsiva al cien por ciento de la redacción durante el mes de enero de 2013. De todas maneras, volvemos a expresar una profunda preocupación por nuestro futuro laboral y la situación del medio. La empresa informó que pretende una reducción drástica de la planta de trabajadores.

Exigimos la firma de un acta-acuerdo que refrende lo garantizado verbalmente por la empresa:

·  que los retiros voluntarios y las reubicaciones en otros medios del Grupo 23 se lleven a cabo respetando todos los derechos laborales adquiridos y en vigencia desde la apertura del semanario en mayo de 2008, tal como se comprometiera Sergio Szpolski el jueves 22 en la redacción.
·  exigimos precisiones sobre la posible transformación del medio en un semanario de “temas latinoamericanos”: el retaceo de información por parte de la empresa obliga a los trabajadores a tomar decisiones sobre su futuro laboral en un escenario de total incertidumbre.

Rechazamos la lista de trabajadores “prescindibles” confeccionada por el Director Periodístico, Daniel Cecchini, cuya existencia fuera comunicada a nuestras delegadas el viernes 23 y avalada luego por la empresa.
Consideramos que tantas idas y vueltas reflejan la intención de desgastar a los trabajadores. El achique, asfixia y posible desaparición de Miradas al Sur (al menos como un medio comprometido con la realidad nacional) contradice el espíritu polifónico y democratizador de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y de la etapa política que vive nuestro país.

Desde este espacio queremos agradecer nuevamente todas las muestras de apoyo recibidas de colegas, lectores, intelectuales, políticos y artistas.

Seguiremos luchando por el semanario y nuestros puest
os de trabajo.
Asamblea de Trabajadores de Miradas al Sur



Wednesday, November 21, 2012

Ajuste y cierre temporario: peligra Miradas al Sur


Soy parte de la asamblea de trabajadores. Esta es la situación que estamos viviendo en la redacción de Miradas al Sur. Les agradezco mucho la difusión.



AJUSTE Y CIERRE TEMPORARIO:
PELIGRA MIRADAS AL SUR

La Asamblea de Trabajadores de Miradas al Sur, integrada por periodistas, diagramadores, correctores y fotógrafos, se declara en ASAMBLEA PERMANENTE y expresa su preocupación ante la decisión del Grupo Veintitrés de enviar cartas documento, imponiendo de manera compulsiva tomar "vacaciones" en enero de 2013 al cien por ciento de la reda
cción. Con ello, también ha informado que cerrará el semanario durante todo ese mes.

Tan llamativa disposición debilita al medio, multiplica las dudas sobre su continuidad e incluye un proceso de achicamiento cuyos objetivos finales desconocemos, pero que ya se materializó en ofrecimientos de retiros "voluntarios" y "propuestas" para pasar a otros emprendimientos del Grupo Veintitrés. Ambas alternativas en condiciones claramente desventajosas para los trabajadores.

En el último tiempo, la empresa ha deteriorado poco a poco las condiciones del trabajo. Entre otros recortes, los colaboradores permanentes no cobraron durante siete meses, entre abril y septiembre de este año. Al día de hoy, los pagos siguen atrasados. A esta situación, se suma que desde hace varios meses la publicación dejó de contar con fotógrafos, quienes eran colaboradores permanentes facturando por su trabajo y hoy han quedado sin tareas asignadas. Además, los viáticos no se cubren desde hace dos años. Cuestiones que los trabajadores venimos reclamando ante la empresa, en virtud de frenar la degradación y la pauperización de nuestro espacio de trabajo.

Desde el primer número que salió a la calle, en mayo de 2008, el colectivo de Miradas al Sur planteó una posición en torno a los grandes temas nacionales, sustentado en la honestidad de sus periodistas. Así, apoyó, entre otros temas, el debate en torno a la concentración monopólica de los medios en la Argentina y se expresó continuamente a favor de la aprobación y posterior aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, aprobada por el Congreso Nacional en 2009.

Miradas al Sur es un medio de comunicación a defender, en aras de seguir trabajando a favor de la polifonía de voces y el respeto de los trabajadores de la prensa en la Argentina.

Convocamos a los lectores, colegas y organizaciones políticas y de la sociedad civil a acompañarnos en esta etapa que pone en riesgo nuestros puestos de trabajo.


Asamblea de trabajadores de Miradas al Sur

Mail de contacto: asambleamiradasalsur@gmail.com


Sunday, October 28, 2012

Trabajar despacio como una arañita

"Me gusta trabajar despacio, como una arañita. Y corrijo mucho. Una vez que termino un capítulo o una página, vuelvo al principio y reescribo: rompo la frase que está demasiado redonda, o que suena demasiado “literaria”, tomo un desvío... Me parece que en el fondo son todas cosas sin la menor importancia, pero es así. Escribo mucho “adentro” de lo que escribo. Siempre me acuerdo de la imagen de Nabokov: “Me encanta la página del texto corregido, cuando le crecen alitas azules en los costados, sobre los márgenes”. Mi sensación es la de no tener nunca una frase completa en la cabeza, ni siquiera una frase breve, sino que la voy armando palabra a palabra, siguiendo un ritmo, y casi nunca un sentido. Las frases que más me gustan no tienen ningún sentido".

Sergio Bizzio entrevistado por Diego Manso.

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