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Thursday, March 05, 2026

Dos de Diana Bellessi

¿Dónde me leo a mí misma? En un poema, siempre en un

poema. Como me dijo una vez alguien que amé: «No servís

para nada, salvo para escribir un poema». Aunque también

pueda hablar con los pájaros, los yuyos y los árboles. Solo

que eso era nada para ella, porque no plancho ni coso ni tengo

hijos… Los que llegan al poema no sirven para nada, salvo

treparse en una nube o nadar en las aguas bravas. Casi fuera

del lenguaje, ¿qué podríamos hacer, vida mía?, si no vivir con

todas nuestras ganas fundidas en los que no hablan pero can-

tan hasta morir. La gente no sabe por qué te abraza, por qué te

aplaude, quizás porque en lo hondo sos igual a ellos disol-

viéndote con los otros reinos del Príncipe o de Dios…


*


En un triángulo del monte

se alza el ciprés desnudo

y el sol detrás brillando en una nube

color naranja oscuro

Eso fue ayer, pero hoy

el fogonazo es detrás de los

álamos y siempre el cambio

de paisaje aquí en la isla

Sobre la mesa una taza

diproducció

con la cebra en redondo dibujada

Entonces me asaltan dulcemente

aquellas grandes manadas de Tanzania

en las mañanas de safari

Todo viene en una taza

con el café de la mañana

sin moverme de la isla

y la dulzura de los perros

durmiendo sobre la cama

Las últimas fotos

que ven mis ojos son de afuera

pero también de adentro,

del pasado o del sueño

como este resplandor

tras el ciprés desnudo

brillando en una nube

color naranja oscuro

del invierno.


Diana Bellessi, de La curva del tiempo

Saturday, March 02, 2024

2 poemas de Diana Bellessi

Malabar

Sobre la blanca helada en los fondos

que ahora roza el sol de la mañana

baila la luz de fuego en el espejo

de hielo y se desliza en él un silbo

de patinador fantasma que hace

círculos o volutas en el aire

y se pierde en el monte del vecino

juntando leña imagino o resaca

de los cipreses y los pinos y es

la melodía que tirita pura

magia donde se montan los cucúes

de las palomas y un tanto después

todo el concierto que más bien parece

un silencio con plumas o un gorjeo

de terciopelo sobre la helada

haciéndonos despertar y decir

bajito al corazón del invierno

llegaste ya y sabremos si tenés

el malabar de gracia de las cosas

más pequeñas que sueñan como el silbo

fantasma el dulce y lejano calor

de un verano incierto


*

Arte ni parte

Demora el cuerpo su sintonía y más aún

demora la mirada en él, mirada que siente

lo que ve mas perdida en exceso de belleza

y dormida todavía en la bonanza,

nada ve,

visito al Tata en las mañanas y me quedo

mirando como trabajan, el Mario y él,

en la magia de las cumbreras y las tijeras

el invisible tejado se levanta

de aire todavía

bajo las ondas de los sauces y la charla

va de clavo en clavo y giros de la olorosa

madera mientras el Tata enseña, así, o asá,

y los sutiles movimientos del Mario,

lánguidos me hipnotizan como si una calma chicha

aquietara el cuerpo y también la mente

y no hubiera más

porqué que el del presente,

clavarla bien y cepillar la madera hasta que quede la seda

de su tacto, la seda del silencio rozada

por la brisa o el quiquiriquí filoso de un gallo,

replegada en este mundo que conozco tanto

o conocí de niña y se renueva siempre

la afinidad con lo amado, empiezo a oír,

a ver, y así las frases vuelven como corderos

al atardecer, de forma tal que ya no temo

si anacrónicos son mis poemas, si me debo

al presente o si ya fui, ni siquiera temo

a esa palabra mala de la que ahora habría

que huir como de un perro sarnoso:

lírica,

su fragilidad sí, su intemperie entregada

a cielo abierto, íntima, sin reparo ni cumbrera



Un lugar en el mundo - Diana Bellessi


Habiendo visto al biguá de ébano con su pico blanco
bucear en las orillas sumergiéndose en arco pálido
para desaparecer luego bajo el leonado río
cuando la noche llega, me pregunto qué más nos queda
que no sea la apreciación de tal belleza ganada
poco a poco en la necesaria invención de los años
para dar a su cuerpo y a sus gestos el movimiento
preciso, y no es un atleta, es un biguá único
y cualquiera atravesando el río bajo la uña fina
de la luna en este anochecer donde yo me pregunto
qué merecemos, qué afinamos nosotros en la campana
del mundo y me digo: la apreciación, mientras recuerdo
la otra cara insatisfecha reclamando un poder
que es inmolación, inhábil tratativa con el tiempo
o belleza de la acumulación que nos deja huérfanos
de la propia vida, no gastada en la superficie
sedosa del agua sin guardarnos nada para luego
dejarnos ir en esa oscuridad sin fin de la noche
como los peces que come el biguá, como el biguá mismo
a quien devora el río mientras aprecio su perfección. 



Friday, March 01, 2024

Sin alcanzarle el sentido - Diana Bellessi


Hoy es 9 de julio y en mi país
le dicen Día de la Independencia
como si hubiese sido así 
y no anduviéramos
aún independizándonos siempre 
y sin lograrlo
de la maldita hambruna 
que encadena estos de aquí y a los de afuera

Mientras ellos festejan 
con cinta blanca y celeste
es la pena más negra la de la panza vacía 
negros los dientes careados
la bronca negra y negro el aliento 
del que no tiene trabajo

Señores tan trajeados
pidiendo palo al grito de
'saquen ya a estos negros'
y que se mueran solitos 
dónde nadie los ve.

Qué me querés
qué no más ha sucedido
sin alcanzarle el sentido
a la dicha 
a la Independencia de mi país.

Blanco y celeste 
sobre el lomo de la historia
que se vuelve roja, 
aunque les pese, cortando puentes 
y no la muerte a escondidas 
donde el 9 se acomoda en su mentira
noventa veces nueve 
y se festeje algo
sobre la tierra.




Thursday, February 22, 2024

2 poemas de Diana Bellessi

Las cosas parecen ser lo que hemos decidido son


Un perro cimarrón cruza los fondos

buscando rastros de algo o alguien quizá

tan huérfano sin dueño y sin manada

se lo ve a la intemperie del monte

y la mañana gris, "que los perros sean 

libres como los pájaros" dijo

el vecino ayer pero ser libres qué es,

y soy el perro o mi opinión del perro

de a ratos sola como un perro

campanea el refrán la mirada

en los fondos de la casa y un jilguero

entre las ramas agita sus alitas

salta come caga como si fuera

feliz. Mudo el perro y el jilguero canta.


***


La cara oculta


Misterioso es siempre ver el otro lado

como un doblez que no crece aunque empuja

a la superficie indicios de belleza

o de pánico para recordarnos algo

ahí guardado, escapulario que reza

lo bueno está en todas partes y así

lo malo, pero antes, pero ahora quisiera

fijar los ojos en semejante cosa

oculta que me llena, no sé, de dulzura

pienso. Estos hombres, obligándose

siempre a parecer tan duros, obligados

quizá a esconderse como lo hace la luna

con una de sus caras y de repente

la muestran, hoy el Juanchi, tijera en mano

dispuesta para la poda veraniega

se detuvo en seco frente al manzano

y dijo quedo: un nido hay, con pichones

de zorzalito, voy a esperar que crezcan

Ahí se hace silencio, como si fuera

religiosa vergüenza o pavura acaso

o simplemente rendición ante el milagro

Tanto de madre en cada varón liberto

aunque un poco asustado, no pueden más

y a veces yo tampoco, sí señor, o usted  

señora cuentemé, no le pasa a veces?

¿Qué?,

el otro lado de las cosas simplemente.





Sunday, February 19, 2023

Uno de Diana Bellessi

 









Cebolla

Es noche en la Perla
y los ranchos se iluminan,
la pobreza helada cede
su lugar a la esperanza,
habrá trabajo mañana
algo habrá cuando llega
la filigrana del verde,
tan chiquitas las ventanas
y la luz tan tenue,
rico sin embargo
ese olor a fritanga
picante y el vino
barato el susurro
en la intimidad soñada,
a esta hora un instante
de magia, una pena
constante y difícil
de echar de casa.

Monday, March 08, 2021

El tambor del corazón - Diana Bellessi

La voz del poema, la voz que el poeta cree su voz. Su condición de vanguardia consiste en ser retaguardia, vigía del fondo, tragafuegos que se funde con la última silueta anónima del cortejo de la feria. Ella lo sostiene, desde lejos, desde atrás, y lo impulsa a ser la cresta. Fondo y figura moviéndose fugaces bajo el tambor del corazón.

Las tareas de esta voz: permanecer atenta a lo inútil, a lo que se desecha, porque allí, detalle ínfimo, se alza para ella lo que ella siente epifanía. Las tareas de esta voz: deshacer las cristalizaciones discursivas de lo “útil” y tejer una red de cedazo fino capaz de capturar las astillas de aquello que se revela. Atención y artesanía. Las tareas de esta voz: desatarse de lo  aprendido que debe previamente aprenderse, y disminuir así los ecos de las voces altas para dejar oír la pequeña voz del mundo.

 



Thursday, February 27, 2020

Bendición para la casa nueva - Ursula Le Guin

Que esta casa se llene con olores de la cocina
y con sombras y juguetes y nidos de ratones
y rugidos de furia y cascadas de lágrimas
y hondos silencios sexuales y sonidos
de origen misterioso nunca explicados
y tesoros y regalos y miles de desechos
y un flujo como un viento cálido pero más lento
soplando las hojas de los árboles y libros y años
de pez de la vida de un niño revoloteando plateados
rápido, rápido en la lenta ráfaga incesante
que ondula las cortinas un momento
todos esos años desde ahora, hacia atrás.
Que puedan los umbrales y los marcos bendecidos
bendecir a cada paso.
Que puedan los techos pero no los cuartos conocer la lluvia.
Que las ventanas conozcan claramente
la rama y la flor del manzano.
Y que podáis estar en casa
como la música está en el instrumento.



Traducción Diana Bellessi

Monday, October 21, 2019

El jardín de los milagros - Diana Bellessi














Temprano en la mañana mi madre intenta
llamarme por teléfono, y en la tarde
luego me cuenta: “tan hermosa noticia
tengo”, con una voz de aterciopelado
misterio, muy serena y suave anunciando
“la pequeña magnolia se abrió en dos flores
por primera vez”. Hay justicia, pensé
con un agua dulce que se abría paso
en mi corazón. Esa magnolia que ella
plantó bajo la mirada de mi padre
años atrás diciéndole melancólico
“si no la verás florecer, tarda tanto”
Y yo, verano tras verano mentía
un poco o creía o pasaba revista
de las pequeñas magnolias florecidas
que supe visitar en una placita
por Colegiales, adonde robé aquella
reina blanca, perfumada y frágil que huelo
aún en la distancia como si fuera,
como si hubiera sido una hostia pascual
o el cuerpo de la amada, la comunión
con lo bello del mundo, como mi madre
lo siente ahora y lo dice en esa voz
que me parece el cantar de los cantares
Florecerá, le aseguraba, el próximo
verano, ya verás, y hoy ha sido visto,
esta vez se unieron belleza y justicia
para ganarles juntas, las dos al tiempo.

Thursday, May 17, 2018

Los sonetos del otoño - May Sarton

Si puedo dejarte ir como los árboles dejan ir
sus hojas, tan naturalmente, una por una;
Si puedo llegar a saber lo que ellos saben,
que la caída es alivio, es consumación,
Entonces el miedo al tiempo y a la fruta incierta
no perturbaría los grandes cielos lúcidos,
este otoño extrañísimo, dulce y severo.
Si puedo soportar lo oscuro con los ojos abiertos
Y llamarlo estacional, no áspero o extraño
(porque también el amor necesita un tiempo de descanso),
y como un árbol estarme quieta ante los cambios,
Perder lo que se pierda para guardar lo que se pueda,
la extraña raíz todavía viva bajo la nieve,
el amor resistirá ­si puedo dejarte ir.

Versión de Diana Bellessi


Sunday, January 14, 2018

2 poemas de Diana Bellessi
















Escribir más
y más de lo mismo es
otorgar consistencia
al jardín
Árboles y plantas
perennes dan
ilusión de continuidad
Qué, el tumulto vivaz
de las fugaces de estación
En las semillas
el peso cae
La fragilidad del clima
basado en su repetición
les asegura inmortalidad
Todo a la vista. Qué?
Hermandad de las formas
que retorna
al no ser. ¿Vive en mí
tu dicha indistinta
que deseo y temo, falta de sentido que
completa el sentido fuera
del discurso y reina
no obstante en el jardín?

*

Verde profundo en la copa
de los robles marca. Octubre
¿Qué ha pasado en casa?
La belleza al alcance de la mano no arrebata
ni calma al corazón
Lugares que fueron llaves al más allá
La dicha de las formas repitiéndose
y aquella, permitida a la mirada
de ver, una ley que nos incluye
y excluye en el instante melancólico de ser
testigos de la ley
¿Por sabia nos rebasa? ¿O el detalle
se lo otorga?
Atributo perdido en su ignoracia
Desdichas de la fe
La casa no recibe 
o el huésped entra hoy por puerta equivocada

Monday, April 04, 2016

Épica - Diana Bellessi

Por qué será que se vuelve a intentar
aquello donde siempre se fracasa,
como la ropa vieja las sentencias
que ayer corrían altivas por las roncas
gargantas quisiéramos reanimar,
o no es a las frases sino a la gente
que se desbarranca de la historia
hacia el cuarto trasero de la casa,
y fracaso mediante se pudiera
fijar ahí el desorden o la creación
organizados por un momento
con su sello de plata, solidarios
como la mano de Dios

Cosecha zen - Diana Bellessi

Versitos que no quiero
escribir si no hay aquí
o en la memoria gente
Es buena disciplina
o exigencia. Es bueno
no pensar lo escrito y
lo es volverse vieja
Menos en una y más
en el mundo, solícita
tarea, compasión
día a día enfilar
hacia el Oeste. Vida
mía dame tiempo, dar
vuelta el guante completo
y la justicia sea
puño en el corazón,
mano abierta que vea
al enemigo adentro
al amado enfrente
si detenerse fuera
y ver nuestra tarea

Monday, May 11, 2015

El poema de Diana Bellessi sobra la achura es uno de mis favoritos

Love Story – Diana Bellessi

Estábamos
tomando mate en su rancho
bajo un mediodía de oro
en las riberas, San Pedro
era y ella
doña Aurorita López
Iban y venían tramos
de vida con el amargo
Los vecinos,
la miseria, el que está
en el río come, dijo,
Dios y Evita y qué ojos tiene
m′hijita
hasta que el relato ancló
en su hombre escuchando manso
mientras hacía el estofado                     
Supe ser
buenamoza dijo y aquí
amarró su barco un hijo
del gringo Ford. Me propuso
matrimonio
Consulté a mi padre y él
que sabía yo esperaba
al que hoy es mi marido
sirviendo
de soldado allá en el sur,
me miró de frente y dijo:
"Sepa usted y para siempre,
el corazón es una achura
que no se vende"

Monday, June 17, 2013

Tener un jardín es dejarse tener por él - Diana Bellessi



















Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here amor, pero sos, jardinera y no
jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.

Fragmento (de Estado de derecho, El Jardín, 1993)

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