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Monday, December 01, 2025

25 de diciembre de 1972 - Adrienne Rich


Me mostrás los poemas de una mujer
de mi edad o más joven,
traducidos de tu idioma

Aparecen ciertas palabras: enemigo, horno, pena
me bastan para saber
que es una mujer de mi época

obsesionada

con el Amor, nuestro tema:
le colocamos guías para que crezca por la pared como una enredadera
lo horneamos como un pan en nuestros hornos
nos lo pusimos en los tobillos como si fuera plomo
lo miramos con binoculares como si
fuera un helicóptero
que traía comida a nuestra hambruna
o el satélite
de una potencia hostil

Empiezo a ver a esa mujer
haciendo cosas: revolviendo arroz
planchando una pollera
tipeando un manuscrito hasta el amanecer

tratando de hacer una llamada
desde una cabina telefónica

el teléfono no para de sonar
en la habitación de un hombre
ella escucha que él le dice a alguien:
“No te preocupes, ya se va a cansar”
lo escucha contarle su historia a su hermana

que se convierte en su enemiga
y a su manera
va a iluminar su propio camino a la pena

sin saber que esta forma de dolor
es compartida, innecesaria
y política


Versión Ezequiel Zaidenwerg

Monday, May 12, 2025

Veintún poemas de amor I - Adrienne Rich

Por donde sea que en esta ciudad las pantallas parpadean
con pornografía, con vampiros de ciencia ficción,
mercenarios victimizados que se doblan ante el látigo,
también tenemos que caminar… al menos simplemente como caminamos
entre la basura mojada por la lluvia, las crueldades sensacionalistas
de nuestros vecinos.
Tenemos que entender que nuestras vidas son inseparables
de esos sueños rancios, esos borbotones metálicos, esas deshonras,
y de la begonia roja que destella peligrosamente
en una cornisa a seis pisos de altura,
o de las chicas de piernas larguísimas que juegan a la pelota
en el patio de la secundaria.
Nadie nos imaginó. Queremos vivir como árboles,
sicomoros en llamas en el aire sulfúrico,
veteadas de cicatrices, floreciendo efusivas,
nuestra pasión animal arraigada en la ciudad.

Qué tiempos son éstos - Adrienne Rich


Hay un lugar entre dos arboledas donde el pasto crece cuesta arriba,
y el viejo camino a la revolución se pierde entre las sombras
cerca de una casa de reunión abandonada por los perseguidos
que desaparecieron en estas mismas sombras.

Yo anduve por ahí juntando hongos al filo del terror, pero no se engañen,
no es un poema ruso, esto no es otra parte, esto es acá,
nuestro país se acerca más y más a su verdad y a su terror,
a sus propias maneras de hacer desaparecer gente.

No te pienso decir adónde queda ese lugar, donde se encuentran la maraña
tenebrosa del bosque y la franja de luz sin señalización:
encrucijada llena de fantasmas, paraíso mohoso:
ya sé quién quiere comprarlo, venderlo, hacerlo desaparecer.

Y no pienso decirte adónde queda, ¿para qué hablo,
entonces? Porque vos todavía sos capaz de escuchar, porque en tiempos como éste,
para que vos te dignes a escuchar, es necesario
hablar sobre los árboles.

Traducciones - Adrienne Rich


25 de diciembre de 1972

Me mostrás los poemas de una mujer
de mi edad o más joven,
traducidos de tu idioma

Aparecen ciertas palabras: enemigo, horno, pena
me bastan para saber
que es una mujer de mi época

obsesionada

con el Amor, nuestro tema:
le colocamos guías para que crezca por la pared como una enredadera
lo horneamos como un pan en nuestros hornos
nos lo pusimos en los tobillos como si fuera plomo
lo miramos con binoculares como si
fuera un helicóptero
que traía comida a nuestra hambruna
o el satélite
de una potencia hostil

Empiezo a ver a esa mujer
haciendo cosas: revolviendo arroz
planchando una pollera
tipeando un manuscrito hasta el amanecer

tratando de hacer una llamada
desde una cabina telefónica

el teléfono no para de sonar
en la habitación de un hombre
ella escucha que él le dice a alguien:
“No te preocupes, ya se va a cansar”
lo escucha contarle su historia a su hermana

que se convierte en su enemiga
y a su manera
va a iluminar su propio camino a la pena

sin saber que esta forma de dolor
es compartida, innecesaria
y política

De atlas del mundo difícil - Adrienne Rich



Yo sé que estás leyendo este poema
tarde, antes de irte de la oficina
con el manchón amarillo brillante de la lámpara y la ventana cada vez más oscura
en la calma de un edificio en silencio
largamente pasada la hora pico. Yo sé que estás leyendo este poema
de pie en una librería lejos del mar
un día gris de principios de primavera, leves copos transportados
por la vasta extensión de la llanura que te rodea.
Yo sé que estás leyendo este poema
en una habitación donde tuviste que soportar demasiado,
donde las sábanas se enrollan estancadas encima de la cama
y la valija abierta habla de vuelos
pero vos todavía no podés partir. Yo sé que estás leyendo este poema
mientras el subte pierde impulso y antes de subir las escaleras
para encontrarte con un nuevo amor
que tu vida no había permitido.
Yo sé que estás leyendo estos poemas a la luz
de la pantalla del televisor, donde las imágenes sin sonido se sacuden
y se deslizan mientras vos esperás el noticiero sobre la intifada.
Yo sé que estás leyendo este poema en una sala de espera
de ojos que se encuentran y se esquivan, de identidad con los desconocidos.
Yo sé que estás leyendo este poema alumbrada por luces fluorescentes,
con el aburrimiento y el cansancio de los jóvenes excluidos,
y que se excluyen a sí mismos, desde muy chicos. Yo sé
que estás leyendo este poema con tus ojos que ven cada vez menos,
y tus gruesos cristales agrandan estas letras hasta que pierden el sentido
y sin embargo vos seguís leyendo porque hasta el alfabeto es muy preciado
Yo sé que estás leyendo este poema mientras vas y venís al lado de la hornalla
calentando la leche con un bebé que llora sobre un hombro y un libro en la mano
porque la vida es corta y vos también tenés sed.
Yo sé que estás leyendo este poema que no está en tu idioma
tratando de deducir qué significan algunas palabras mientras otras te dejan seguir leyendo
y quisiera saber cuáles son esas palabras.
Yo sé que estás leyendo este poema atenta a lo que puedas escuchar, desgarrada
entre la amargura y la esperanza,
volviendo una vez más a la tarea a la que no podés negarte.
Yo sé que estás leyendo este poema porque no hay otra cosa que leer,
ahí, donde caíste, al desnudo como estás.

Saturday, February 03, 2024

Tiempo norteamericano - Adrienne Rich


I
Cuando mis tiempos dieron signos
de volverse
políticamente correctos
no imágenes indómitas
que escapan de los límites
cuando al caminar por la calle vi
que se elegían temas por mí
supe de qué cosas no hablaría
por miedo del uso que les dieran los enemigos
entonces empecé a hacerme preguntas

II
Todo lo que escribamos
será usado contra nosotros
o contra quienes amamos.
Estas son las condiciones,
las tomas o las dejas.
La poesía nunca tuvo ocasión
de estar lejos de la historia.
Un verso mecanografiado hace veinte años
puede ser una pintada que brilla en una pared
para exaltar el arte distanciado
o tortura de quienes
no amábamos pero tampoco
queríamos matar.
Cambiamos   pero nuestras palabras permanecen
se hacen responsables
de más de lo que pretendíamos
y esto es privilegio verbal.

III
Intentar sentarse a la máquina de escribir
una cálida tarde de verano
en una mesa junto a una ventana
en el campo, intentar fingir
que tu tiempo no existe
que tú eres simplemente tú
que la imaginación se extravía simplemente
como una gran polilla, sin intención
intentar decirte a ti misma
que no tienes compromiso
con la vida de tu tribu
el aliento de tu planeta.

IV
No importa lo que piensas.
Las palabras serán consideradas responsables
cuanto puedes hacer es elegirlas
o elegir
seguir en silencio. O nunca tuviste elección,
que es por lo que las palabras que perduran
son responsables
y esto es privilegio verbal.

V
Imagina que quieres escribir
sobre una mujer que entreteje
el pelo de otra mujer-
dejando que cuelgue, o con cuentas y conchas
en trenzas de tres cabos o como filas de granos-
mejor sería que supieras el grosor
la largura     el modelo
por qué decide trenzarse el pelo
cómo se lo hacen
en qué país sucede
qué más sucede en ese país
Tienes que saber estas cosas

VI
Poeta: hermana:   palabras-
nos guste o no-
perduran en un tiempo propio.
No sirve lamentarse   Lo escribí
antes de que Kollontai fuese exiliada
Rosa Luxemburg, Malcolm,
Anna Mae Aquash, asesinados,
antes de Treblinka, Birkenau,
Hiroshima, antes de Sharpeville,
Biafra, Bangladesh, Boston,
Atlanta, Soweto, Beirut, Assam

-esos rostros, nombres de lugares
cercenados del calendario
del tiempo norteamericano

VII
Pienso esto en un país
donde las palabras se quitan de las bocas
como el pan se quita de las bocas
donde los poetas no van a la cárcel
por ser poetas, sino por ser
de piel oscura, mujeres, pobres.
Escribo esto en un tiempo
en el cual lo que escribimos
puede usarse contra quienes amamos
en el que no se da nunca el contexto
aunque intentemos explicarlo, una y otra vez.
Por el bien de la poesía al menos
tengo que saber estas cosas.

VIII
A veces, planeando de noche
en un avión sobre la ciudad de Nueva Yorkb
me he sentido como una mensajera
llamada a entrar, destinada a unirse
a este campo de luz y oscuridad.
Una ambiciosa idea, surgida de volar.
Pero bajo esta ambiciosa idea
se halla la reflexión de que a lo que debo unirme
después de que el avión haya rugido en la pista
después de subir mis viejas escaleras, sentarme
ante mi vieja ventana
va a romperme el corazón y reducirme al silencio.

IX
En Norteamérica el tiempo tropieza
sin avanzar, liberando sólo
un cierto dolor norteamericano.
Julia de Burgos escribió:
Que mi padre fuera esclavo
es mi dolor;   que hubiera sido amo
habría sido mi vergüenza.

Palabras de una poeta, colgadas de una puerta
en Norteamérica, en el año
mil novecientos ochenta y tres.
La luna casi llena se levanta
hablando eternamente de cambio
por encima del Bronx, el río Harlem
las ciudades sumergidas de Quabbin
los túmulos funerarios saqueados
las ciénagas tóxicas, los campos de pruebas
y empiezo a hablar otra vez.





Thursday, January 26, 2023

Uno de Adrienne Rich

VIII
Puedo verme a mí misma años atrás en Sunion,
dolorida y con un pie infectado, Filoctetes
con forma de mujer, rengueando por el largo sendero,
recostada en un promontorio sobre el mar oscuro,
mirando las piedras rojas abajo, donde un espiral
de blancura me decía que había golpeado una ola,
imaginando el empujón del agua desde esa altura,
sabiendo que el suicidio no es lo mío,
pero todo el tiempo cuidando y midiendo esa herida.
Bueno, se terminó. La mujer que quería
a su sufrimiento está muerta. Yo soy su descendiente.
Amo la cicatriz que me legó,
pero de acá en más quiero seguir con vos
luchando contra la tentación de hacer del dolor una carrera.


Traducción Sandra Toro Smith





Sunday, August 02, 2020

3 poemas de Adrienne Rich

PODER

 

Viviendo en los depósitos de tierra de nuestra historia

Hoy una retroexcavadora sacó a la luz  del interior de una falda de tierra desmoronada

una botella   ámbar   perfecta   un remedio

centenario para la fiebre   o la melancolía   un tónico

para vivir en esta tierra   en los inviernos de este clima

 

Hoy he estado leyendo acerca de Marie Curie:

tenía que saber que sufría   la enfermedad de los rayos

su cuerpo bombardeado durante años   por el elemento

que había depurado

Parece que negó hasta el final

la fuente de las cataratas en sus ojos

la piel agrietada y supurante   de las yemas de sus dedos

hasta que no pudo sostener más   ni un tubo de ensayo ni un lápiz

  

Murió   famosa   negando

sus heridas

negando

que sus heridas   provenían   de la misma fuente que su poder

*


A UNA POETA

 

El hielo se parte   bajo el metal

de la pala   un día más

luz difusa a través de cristales empañados

la crueldad del invierno   dejó sin salida al mar   tu vida

te envolvió   en la veintena

en un viejo albornoz   menoscabado

por manchas de leche   de lágrimas   polvo

 

Raspando costra de huevo del plato reseco

del niño   retirando la nata

de la leche ya fría   escurriendo pañales

El lenguaje flota en el punto de fuga

encarnado   susurra la bombilla fluorescente

primario   enuncia la veta rasguñada del suelo

y en el techo en el yeso rasgado ríe   imago

  

y siento el temor de que dejes de existir

antes de que tu pluma haya cosechado tu fecundo cerebro

 

pues no eres una suicida 

pero nadie llama asesinato a esto

Pequeñas bocas, necesitadas, te absorben: Esto es amor

 

Escribo esto   no para ti

que luchas por escribir tus propias

palabras   remontando las caídas

sino para otra mujer   muda

de soledad   polvo   bolsas de plástico con fugas

de niños  en una casa   

donde el lenguaje sugiere y urde

aborto   flotando en círculos en

la taza 

*


LA LEONA

 

El aroma de su belleza me arrastra a su paraje.

El desierto se extiende, de un extremo a otro.

Roca. Pasto plateado. Aguadero.

El cielo estrellado.

La leona se detiene en su recorrer de acá para allá tres metros al cuadrado

y me mira. Sus ojos

son veraces. Reflejan ríos,

costas, volcanes, la calidez

de promontorios a la luz de la luna.

Bajo la piel dorada de sus ancas

fluye un poder innato, medio abdicado.

Su andar

está acotado. Tres metros cuadrados

abarcan su paradero.

 

En territorio como éste, digo, el problema es siempre

el de alejarse en exceso, no el de permanecer

dentro de los límites. Hay cuevas,

riscos, que no exploras. Sin embargo sabes

que existen. Su orgullosa, vulnerable cabeza

los olfatea. Es su territorio,

sabe que existen.

 

Me aproximo a ella a la luz de las estrellas.

La miro a los ojos

como puede mirar alguien que ama,

entrando en el espacio tras sus globos oculares,

dejándome a mí afuera.

Así, por fin, a través de sus pupilas,

veo lo que ella está viendo:

entre ella y el torrente del río,

el volcán velado por el arco iris,

un recinto que mide tres metros cuadrados.

Rejas golpeadas.

La jaula.

La penitencia.


Traducción de Patricia Gonzalo de Jesús




Wednesday, December 14, 2016

Canción - Adrienne Rich

Te preguntas si estoy sola:
pues sí, estoy sola
como un avión que viaja solitario y horizontal
siguiendo las señales de radio, dirigiéndose
a cruzar las Rocosas
por la sucesión de pasillos azules
de un campo de aterrizaje sobre el océano

¿Quieres preguntarme si estoy sola?
Bien, por supuesto, sola
como una mujer que conduce a través del país
día tras día, dejando atrás
milla tras milla
pequeñas ciudades en las que podría haber parado
y vivido y muerto, sola

Si estoy sola
debe ser la soledad
de despertar primero, de respirar
el primer soplo de aire frío del alba sobre la ciudad
de ser la que está despierta
en una casa envuelta en sueño

Si estoy sola
es con la firmeza del bote helado en la costa
en la última luz roja del año
que sabe lo que es, que sabe que no es
hielo ni lodo ni luz invernal
sino madera, con el don de arder



Versión María Soledad Sánchez Gómez

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