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Wednesday, June 12, 2024

Acerca del poema - May Sarton


Los poemas verdaderos no empiezan con un sentimiento, no importa lo convincente que este sea, y claro que sentimos una gran cantidad de cosas que nunca se convierten en un poema. Un poema emerge cuando la tensión de que algo ha sido experimentado, sentido, o visto, de repente libera una suerte de ansiosa agitación de palabras e imágenes. En ese momento hay un misterioso cambio: la energía absorbida por la experiencia misma ahora deviene otra completamente distinta, y todo lo que importa es resolver el rompecabezas, la clase de laberinto en el que ciertas frases y cierto ritmo se encuentran dispersos, como piezas de un juego de Scrabble.  

¿Cuándo está terminado un poema? La respuesta es, creo: cuando todas las tensiones se han equilibrado, cuando el cambio de una sola sílaba afectaría la estructura del poema al punto de hacerlo caer como una torre de naipes.

Del mismo modo en que debemos trabajar «para que la respiración sea más profunda y se tensen los bordes de nuestro corazón» cuando usamos o desechamos las metáforas que se nos cruzan durante un poema en proceso, así también debemos trabajar para profundizar, e incluso darle aspereza a la música que flota en la superficie de la conciencia.   

Una puede decir «voy a escribir una novela el año próximo», pero una no puede decir «voy a escribir un poema el año próximo». El intelecto y el deseo no controlan la poesía en la misma medida.

Varias décadas atrás, en la biblioteca de la Universidad de Buffalo, Charles Abbott les pidió sus papeles de trabajo a los poetas y armó una colección extraordinaria. Desde entonces, otras bibliotecas siguieron el ejemplo y ahora es posible, para estudiantes de diversas partes del país, explorar la mente de un poeta cuando trabaja, y seguir la pista hasta la fuente de aquello que Marianne Moore denominó «el sentimiento y la precisión, la humildad, la concentración y el placer» que deben intervenir en la escritura de un poema.

Pero hay algo que ningún papel de trabajo puede hacer evidente y debo empezar hablando de eso. Me refiero a la disposición que precede a cualquier escritura. Alguien quizás tensione esta idea lo suficiente como para decir que el aspecto formal de un poema, el aspecto más artesanal, es solo un juego. El uso de determinadas palabras para lograr determinados efectos no sería distinto a un crucigrama o a cualquier otro juego de ingenio. Lo que muestran las hojas de trabajo sería la jugada en sí. Lo que no pueden mostrar es que, si bien la poesía es lúdica, se trata de un juego sagrado. Y en este punto, obviamente, la poesía difiere de modo radical del crucigrama. Es algo más y algo distinto a un puro entretenimiento intelectual. ¿En qué consiste la «experiencia sagrada» del juego de la poesía? ¿No anida en la experiencia que precede a la escritura? Porque la escritura de poesía es antes que nada un modo de vida y solo de manera secundaria una vía de expresión. Una casi podría decir que es una disciplina vital, una disciplina que se mantiene para perfeccionar el instrumento experiencial —el poeta mismo—de modo que pueda aprender a ponerse en perfecto estado de apertura y transparencia y de ese modo, ir al encuentro de lo que aparece en su camino con una mirada inocente.

El primer plano del poema es la emoción específica o la imagen o el pensamiento en los que está interesado. Pero el sustrato es todo lo que eres, lo que pensaste, sentiste y viste a lo largo de tu vida. El subconsciente va a estar muy activo cuando te sientes y empieces a bocetar tu texto. Algo de lo que aparezca será incongruente, flojo o banal y es aquí donde la zona consciente de la mente comienza a trabajar, seleccionando, puliendo; es decir, formulando lentamente con la mayor exactitud posible lo que la reverberación musical nada más sugería. El proceso creativo es una alternancia entre lo que es dado y lo que se hace con ese regalo.

El proceso creativo […] consiste en ruptura y reconstrucción. Quizás tengas que romper tu poema para para reescribirlo. El principiante se aferra a su poemita y no lo deja crecer. No puede aceptar la destrucción inherente al proceso de crecimiento. Y, muy a menudo, es incapaz de dejar que sus herramientas intelectuales colaboren con sus dotes emotivas y sensuales.

Todo poeta atraviesa la experiencia de luchar durante varias horas, descomponer y reconstruir, hasta tener que admitir que todo el asunto es un estropicio. Se ha apresurado a encontrar el foco, ha forzado el ritmo, no ha sido capaz de reconocer ciertas señales que le decían «este es el verso con el que tienes que trabajar», eligiendo otro menos fructífero. Quizás haya arrojado lo valioso por la borda para quedarse con lo residual. Todos hemos tenido esta experiencia, porque el riesgo es muy grande.

El poema te hace mientras haces el poema, y ese hacer requiere toda tu capacidad de pensamiento, sentimiento, análisis y síntesis.

Los enemigos de la creación son y siempre han sido la facilidad, el mero ingenio, la autoindulgencia y sobre todo, el malentendido en torno a qué es la inspiración. Sé que estoy inspirada cuando me transformo en una furia con suficiente nivel de autocrítica como para cavar hacia aquello que quiero decir, podando muchas irrelevancias que florecieron en la página durante la excitación del comienzo.

A veces una debe esperar un tiempo largo antes de encontrar la forma. «No es la métrica», dice Emerson, «sino una forma determinada de musicalidad intrínseca, haciendo de un poema un pensamiento tan apasionado y tan vivo, que, como el espíritu de un animal o planta, tiene su propia arquitectura». Algunos poemas son gestaciones internas, nos persiguen, nos abruman, hacen su propio camino a través de un lento proceso interno de refinamiento.  


De Sobre la escritura (Salta el Pez Ediciones, 2023)                                                                        

Trad. Ivana Romero

Tuesday, June 02, 2020

May Sarton y los árboles














Imita a los árboles.
Aprende a perder para poder recuperarte
y recuerda que nada se queda
de la misma manera por mucho tiempo.


Saturday, March 30, 2019

El trabajo de la felicidad - May Sarton

Pensé en la felicidad, en cómo se teje a diario
con el silencio de la casa vacía
y en que no es súbita ni gratuita, sino 
una creación, como el crecimiento de un árbol.
Nadie lo ve, pero detrás de la corteza
crece otro círculo en el anillo que se expande.
Nadie oyó a la raíz cavar más hondo en lo oscuro,
pero por ese trabajo interno el árbol se eleva,
sus penachos brillan y sus hojas destellan.

Así, la felicidad se teje con la paz de las horas
y hunde sus raíces en lo profundo de la casa sola:
en el rincón, el busto antiguo; los pisos frescos encerados;
cortinas blancas que ondulan suave y continuamente
cuando libre se mueve el viento silencioso por el cuarto;
una biblioteca, una mesa y la pared blanqueada—
esos son los dioses de la casa, queridos y familiares,
aquí el trabajo de la fe puede hacerse mejor
y el árbol que crece es musical y verde.

¿Porque qué es la felicidad sino crecer en paz,
el sentido atemporal del tiempo cuando los muebles
pasaron toda una vida en el mismo lugar
y los sueños viejos, con el viento al moverse, agitan
las hojas de la felicidad presente?
Nadie oye una idea ni escucha un pensamiento
pero donde se vivió en introspección
el aire queda cargado de bendiciones y bendice,
las ventanas miran a las montañas y las paredes son amables.



Thursday, May 17, 2018

Los sonetos del otoño - May Sarton

Si puedo dejarte ir como los árboles dejan ir
sus hojas, tan naturalmente, una por una;
Si puedo llegar a saber lo que ellos saben,
que la caída es alivio, es consumación,
Entonces el miedo al tiempo y a la fruta incierta
no perturbaría los grandes cielos lúcidos,
este otoño extrañísimo, dulce y severo.
Si puedo soportar lo oscuro con los ojos abiertos
Y llamarlo estacional, no áspero o extraño
(porque también el amor necesita un tiempo de descanso),
y como un árbol estarme quieta ante los cambios,
Perder lo que se pierda para guardar lo que se pueda,
la extraña raíz todavía viva bajo la nieve,
el amor resistirá ­si puedo dejarte ir.

Versión de Diana Bellessi


Thursday, December 03, 2015

Porque lo que más deseo es permanencia - May Sarton



Porque lo que más deseo es permanencia,
el largo, relajado y continuo flujo
de ríos subterráneos sin sentido,
que alimenta los paisajes áridos con su azul-
poesía, plegaria, o llámala como quieras
que libera el difícil acto del deseo
y hace al mundo entero a la vez eterno y quieto-
concentro mi mente en el trabajo diestro y el oficio,
concentro mi corazón en la amistad, ardua y ligera
contra el feroz parpadeo encendido del azar
y todas las sensaciones abiertas en un atisbo.
Oh azul Atlántida donde los marinos sueñan
a sus muchachas en la espuma y bajo las olas-
me muevo en otro rumbo. No bajaré la vista.
Porque lo que más deseo es permanencia,
lo mejor es enterrar ahora este fuego,
guardar la llama dentro, sin sentido,
donde arden y fluyen los fuegos ocultos y los ríos,
crear un mundo que sea intenso y quieto.
Llego a ti con la mirada franca.
No son horas de fuego sino años de alabanza,
la copa llena hasta el borde, completamente llena,
pero alzada en equilibrio para que ninguna gota se derrame.



Versión de Diana Bellessi



Thursday, October 29, 2015

Querer morir - May Sarton

A veces
quiero morirme
para acabar con todo
de una vez,
no volver a hacer mi cama nunca,
no contestar otra carta nunca
ni regar las plantas,
ningún esfuerzo
de esos que hay que hacer
todos los días
para seguir  viva.

Pero después
no me quiero morir.
Las hojas cambian
y tengo que ver
el rojo y el dorado
una vez más,
una sola hoja amarilla
cayendo
bajo el sol 
por última vez.

Monday, November 17, 2014

Ahora me convierto en mí – May Sarton




Ahora me convierto en mí. Está
llevando tiempo, muchos años y lugares;
Me disolvieron y agitaron,
usé la cara de otra gente,
corrí como loca, como si el Tiempo estuviera ahí,
tremendamente viejo, gritando su advertencia,
"Apurate, o te vas a morir  antes de-"
(¿Qué? ¿Antes de alcanzar la mañana?
¿Antes de que esté claro el final del poema?
¿O de amar a resguardo entre los muros de la ciudad?)
Ahora a quedarme quieta, estar ahí,
¡Sentir mi propio peso y densidad!
La sombra negra en el papel
es mi mano; la sombra de una palabra
mientras el pensamiento da forma a quien la forma
cae pesadamente sobre la página, se deja oír.
Ahora todo se funde, ocupa su lugar
del deseo a la acción, de la palabra al silencio,
Mi trabajo, mi amor, mi cara, mi tiempo
reunidos en el gesto intenso
de crecer como una planta.
Despacio como fruta que madura
fértil, se separa y siempre se agota
y cae pero no agota a la raíz,
así es el poema, puede dar,
crece en mí para volverse el canto,
hecho para y por el amor.
Ahora hay tiempo y Tiempo es joven.
Oh, en esta sola hora vivo
toda yo y no me muevo.
Yo, la perseguida, que corría como loca,
me quedo quieta, quieta y ¡detengo al sol!


May Sarton (Bélgica - 1912 -1925)
Traducción Sandra Toro

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