EL POEMA DEL MOMENTO
Saturday, August 01, 2026
Dos poemas de Blanca Varela
Curriculum vitae
digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora.
*
Historia
puedes contarme cualquier cosa
creer no es importante
lo que importa es que al aire mueva tus labios
o que tus labios muevan el aire
que fabules tu historia tu cuerpo
a toda hora sin tregua
como una llama que a nada se parece
sino a una llama
Tuesday, July 28, 2026
Oh, Patrizia Cavalli
No te encomiendes a mi imaginación,
no te confíes, yo no te conservo,
no te voy a guardar para el invierno,
yo te abro y te como de un bocado.
*
No tengo simiente que esparcir en el mundo,
no puedo inundar los meaderos
ni los colchones. Mi avara simiente de mujer
es demasiado poco para un agravio. ¿Qué puedo
dejar en las calles, en las casas,
en los vientres infecundos? Palabras,
esas sí, a montones,
pero han dejado ya de parecerse a mí,
han olvidado la furia
y la maldición, se han vuelto señoritas,
tal vez de baja laya
pero señoritas al fin.
*
Llegados a cierta edad muy adulta
no nos podemos mostrar desesperados,
son realmente muchas las razones.
Se corre el riesgo del naturalismo.
*
Confiada del aire, abro la ventana
y entran extrañas inesperadas
intimidades. ¡Primera traición
de la mañana, grosera respuesta
del patio, comunión brutal!
Cierto, no siempre conviene levantarse.
*
Hermosos pensamientos nacen sobre los puentes
y siempre nos detenemos sobre los puentes
para contener ese átomo de gracia
suspendido en equilibrio
entre la gravedad de las orillas y el ciego curso del agua.
Te daré cita en un puente,
en esta tierra media de nadie.
*
Cuántas tentaciones atravieso
en el recorrido entre la pieza
y la cocina, entre la cocina
y el baño. Una mancha
en el pared, un pedazo de papel
caído en el piso, un vaso de agua,
un mirar por la ventana,
hola a la vecina,
una caricia a la gatita.
Así olvido siempre
la idea principal, me pierdo
por el camino, me desarmo
día a día, y en vano.
*
Por fingir el escozor del corazón, la humillación
de las entrañas, por huir maldecida
y maldiciendo, por guardar castidad
y por llorarla, por excluir mi boca
del sabor peligroso de otras bocas y empujarla
insaciada a saciarse del veneno de los platos
en cenas exaltadas cuando el vientre
ya hinchado sigue hinchándose;
por tocar soledades inalcanzables y allí
a los pies de la cama de una silla
o de una escalera recitar el adiós
por poderte excluir de mi imaginación
y cubrirte con cualquier nublado
para que tu luz no destiñera mi senda,
no trastornara mi círculo tras el cual
te reenvío, tú estrella involuntaria,
paso inesperado que me recuerdas la muerte.
Por todo eso te pedí un beso
y vos, inocente cómplice gentil, no me lo diste.
no te confíes, yo no te conservo,
no te voy a guardar para el invierno,
yo te abro y te como de un bocado.
*
No tengo simiente que esparcir en el mundo,
no puedo inundar los meaderos
ni los colchones. Mi avara simiente de mujer
es demasiado poco para un agravio. ¿Qué puedo
dejar en las calles, en las casas,
en los vientres infecundos? Palabras,
esas sí, a montones,
pero han dejado ya de parecerse a mí,
han olvidado la furia
y la maldición, se han vuelto señoritas,
tal vez de baja laya
pero señoritas al fin.
*
Llegados a cierta edad muy adulta
no nos podemos mostrar desesperados,
son realmente muchas las razones.
Se corre el riesgo del naturalismo.
*
Confiada del aire, abro la ventana
y entran extrañas inesperadas
intimidades. ¡Primera traición
de la mañana, grosera respuesta
del patio, comunión brutal!
Cierto, no siempre conviene levantarse.
*
Hermosos pensamientos nacen sobre los puentes
y siempre nos detenemos sobre los puentes
para contener ese átomo de gracia
suspendido en equilibrio
entre la gravedad de las orillas y el ciego curso del agua.
Te daré cita en un puente,
en esta tierra media de nadie.
*
Cuántas tentaciones atravieso
en el recorrido entre la pieza
y la cocina, entre la cocina
y el baño. Una mancha
en el pared, un pedazo de papel
caído en el piso, un vaso de agua,
un mirar por la ventana,
hola a la vecina,
una caricia a la gatita.
Así olvido siempre
la idea principal, me pierdo
por el camino, me desarmo
día a día, y en vano.
*
Por fingir el escozor del corazón, la humillación
de las entrañas, por huir maldecida
y maldiciendo, por guardar castidad
y por llorarla, por excluir mi boca
del sabor peligroso de otras bocas y empujarla
insaciada a saciarse del veneno de los platos
en cenas exaltadas cuando el vientre
ya hinchado sigue hinchándose;
por tocar soledades inalcanzables y allí
a los pies de la cama de una silla
o de una escalera recitar el adiós
por poderte excluir de mi imaginación
y cubrirte con cualquier nublado
para que tu luz no destiñera mi senda,
no trastornara mi círculo tras el cual
te reenvío, tú estrella involuntaria,
paso inesperado que me recuerdas la muerte.
Por todo eso te pedí un beso
y vos, inocente cómplice gentil, no me lo diste.
Monday, July 27, 2026
La acacia rosa - William Carlos Williams
Soy persistente, igual que la acacia rosa,
una vez que la dejan
entrar en el jardín
es muy difícil deshacerse de ella.
Si se la arranca de la tierra,
y queda una raíz
por mínima que sea,
vuelve a brotar.
Pensarme
en esos términos resulta
halagador. Y también es
risible.
Es una flor modesta,
parecida a la arvejilla de olor,
que no se puede menos
que admirar,
hasta que sus costumbres
se vuelven conocidas.
¿No somos todos
un poquito así? Sería
demasiado
si la gente
se entrometiera en las minucias de
nuestra vida privada.
No es
que tengamos nada que ocultar,
¿pero podrían ellos
soportarlo? Por supuesto,
le gustaría al mundo
presenciar
cómo hacemos el ridículo.
La pregunta es
si ellos
serían generosos con nosotros
como nosotros hemos sido antes
con otra gente. Es,
como venía diciendo,
una flor
increíblemente resistente
cuando se la combate.
De ignorársela,
se convierte en un árbol.
Ojalá yo pudiera pensar eso de mí
y de lo que después
ocurrirá conmigo.
El poeta,
¿qué piensa de sí mismo
cuando se enfrenta con su mundo?
No basta con decir,
como acostumbra:
"Nada importante", puesto que el poema
se vería con eso traicionado.
Podría responder
aquello de “una rosa es una rosa
es una rosa”, y concluir con eso.
Es verdad que una rosa es una rosa,
y el poema se iguala con la rosa,
si es que está bien hecho.
El poeta no puede
hablar mal de sí mismo
sin hablar a la vez mal
del poema,
lo cual sería
ridículo.
No hay mayor recompensa
en esta vida.
Y así, como esta flor,
persisto,
por si acaso obtengo algo con ello.
Yo no soy,
ya lo sé,
en la galaxia de los poetas
una rosa,
pero quién me podría
negar
mi lugarcito.
Uno de Cristina Rivera Garza
VII
divino tesoro
A mi juventud le faltan dientes.
Ayer la vi caminando con el hocico abierto bajo la luz
del mediodía, lívida de espanto y de seguir siendo
la termita que destruye los muebles cuando nadie
imagina, la palabra equívoca, la mosca que vuela.
¿Así que de esto se trataba todo?
¿Así que todo muere, amiga?
Mi juventud está sola y es ridícula.
En la calle donde la gente vive, mi juventud escupe
saliva azul, orina de pie en las esquinas, da traspiés,
intercambia pastillas por monedas, hace chistes de mal
gusto cuando nadie ríe.
La tonta lleva las medias raídas.
Vociferando, mi juventud dice: verga. Dice: a poco.
Dice: cuánto, cómo. Luego da vueltas como trompo.
Mi juventud es un juguete aburrido y tonto.
Si no la conociera, diría que es una mujer en perpetua
vigilia, un hombre con los brazos manchados de nubes
púrpura, pinchazos. Un horizonte al atardecer.
Nicotina. Un viaje en carretera. Un hotel con cortinas
de percal y florecitas mareadas de tijeras, marihuana,
cerezas.
Mi juventud no es una dama, nunca fue la edad más
hermosa con la de Nizan, una bugambilia.
La pobre siempre sufrió de miopía.
En los cines de barriada mi juventud olfatea el sexo
solitario de los hombres con periódico sobre regazo,
adolescentes, putas agrias, mujeres-con-pasado.
En las cantinas bebe los suspiros del agua-ardiente con
la lengua escaldada por filos metafísicos. Ve de reojo
el techo de las nubes grises, la lluvia, el verano en que
todo termina.
Hace tantos años.
Cuando se ríe, mi juventud muestra las encías,
la garganta, la laringe, los tendones de una metáfora
mal calculada y peor escrita.
Ayer la vi sobre Bolívar y le dije adiós entre
los empellones y el polvo de la una de la tarde:
la canícula.
La hora de la crueldad más veloz.
Mi juventud me da lástima y me da rabia y ganas
de salir corriendo tras sus huellas de perro apaleado,
cojitranco y hambriento.
Íbamos a vivir toda la vida juntas, dijo.
Me extrañarás, aseveró.
Mi juventud siempre supo más que yo.
De Los textos del Yo (Fondo de Cultura Económica, 2005)
Thursday, May 28, 2026
Canción del marinero inmigrante - Arnaldo Calveyra
Vine una, dos veces,
aquí me quedé,
me conquistaron las veredas de Ensenada:
desparejas, era como
caminar en cubierta sobre un mar huracanado
ir perdiendo la memoria
es dejar un día de crear distancia,
ya no ser artefacto del mar
una vez, en una costa del sur,
logré escribir sobre una ola,
y fuimos varios en leerla,
la palabra palabra
por ese entonces era joven
y capaz de apagar un faro con un dedo,
las rocas aullaban escondites,
para las sirenas yo no era un marinero
de un mar cualquiera
me tendía a dormir
y las gaviotas lo borraban al sol
con dos alas,
impresión perpetua
de estarme vistiendo
para una fiesta
pequeña mandrágora de mi bolsillo,
fui yo quien abrazó al mansuela
del que todos se apartaban
en el puerto de Sydney
pero nunca lloré:
una vez que se empieza,
¿qué razones hay para dejar de llorar?
de un tío irlandés
heredé la palabra oblivion,
la encontré entre varios objetos
a mí destinados
a la muerte de ese human being,
amaneceres en hilachas,
días y noches en que el cielo
hiede a rata muerta
América la ofrecida, me digo
mirando el yuyal incesante
morir será
encender una lámpara
en la casa desconocida.
Monday, May 25, 2026
Dos poemas de Ana Luisa Amaral
TESTAMENTO
Voy a partir en avión
y el miedo a las alturas liado conmigo
me hace tomar calmantes
y tener sueños confusos.
Si yo muero
quiero que mi hija no se olvide de mí
que alguien le cante, incluso con voz desafinada,
y que le ofrezcan fantasía
antes que un horario estricto
o una cama bien hecha.
Denle amor y el ver
dentro de las cosas
soñar con soles azules y cielos brillantes
en vez de enseñarle a bien sumar
y a pelar papas.
Preparen a mi hija
para la vida
si yo muriera en un avión y
quedara desligada de mi cuerpo
y fuera átomo libre allá en el cielo.
Que se acuerde de mí mi hija
y más tarde que le diga a su hija
que yo volé allá en el cielo
y me torné deslumbrada alegría
al ver en su casa las sumas erradas
y las papas olvidadas en el saco
e íntegras.
*
En vez de peces, Señor,
danos paz,
un mar que sea de olas inocentes,
y una vez en la arena
gente que mire con el corazón abierto,
voces que nos acepten.
El viaje es tan difícil
que hasta la espuma hiere y hierve,
y es tan alta que ciega
durante la entera travesía.
Haz, Señor, que no haya
muertos esta vez,
deja las rocas lejos,
que el viento amaine
y que tu paz por fin
se multiplique.
Que después de la balsa
la guerra, la fatiga,
tras los brazos abiertos y sonoros,
haya, Señor,
un poco de pan tierno
y un pescado, tal vez,
del mar
que es también nuestro.
*
*
*
La poesía no está divorciada de mundo.
Para mí la estética siempre va ligada a la ética.
Wednesday, May 13, 2026
Uno de Johanna Barraza Tafur
No me iré a la tumba con secretos
le diré a la vecina que papá mató a su gato
cuando se lo comió un canario
le diré a mi abuelo materno
que mi abuela jamás lo quiso.
Le confesaré al cura
que no me tragué la hostia
en mi primera comunión
y que dios no entró en mí.
Mi vecino sabrá
que su esposa le hacía brujería
y que el loro decía la verdad
sobre su amante.
Admitiré que no leí a Pizarnik,
que nunca perdoné a mi hermana
por engañarme con mi ex.
Llamaré a aquella mujer que amé
y nunca se lo dije.
No me iré a la tumba
ni con los míos
ni con los de nadie
basta de misterios
sálvese quien pueda.
Me iré
y cuando los gusanos
vengan a comerse mi lengua
la encontrarán vacía.
Uno de Natalia Litvinova
La gente de mi pueblo
es iracunda
como esclavos de tártaros.
Todas las mujeres
de mi familia
tienen un talismán
que las protege.
Yo no, pero miento
para que me traten
con cuidado.
Thursday, May 07, 2026
Uno de Langston Hughes
Estoy cansado de esperar,
¿vos no?,
que el mundo se haga bueno
y bello y generoso.
Tomemos un cuchillo
y cortemos el mundo en dos:
a ver qué comen los gusanos
en la cáscara.
Monday, April 20, 2026
Una carta de José Emilio Pacheco
Carta a George B. Moore en defensa del anonimato
No sé por qué escribimos, querido George.
Y a veces me pregunto por qué más tarde
publicamos lo escrito. Es decir, lanzamos
una botella al mar, harto y repleto
de basura y botellas con mensajes.
Nunca sabremos
a quién ni adónde la llevarán las mareas.
Lo más probable es que sucumba en la tempestad y el abismo.
Sin embargo, no es tan inútil esta mueca de náufrago.
Porque un domingo
usted me llama de Estes Park, Colorado,
me dice que ha leído cuanto está en la botella
(a través de los mares: nuestras dos lenguas)
y quiere hacerme una entrevista.
Después recibo un telegrama inmenso
(lo que se habrá gastado usted al enviarlo).
En vez de responderle o dejarlo en silencio
se me ocurrieron estos versos. No es un poema,
no aspira al privilegio de la poesía
(no es voluntaria).
Y voy a usar, así lo hacían los antiguos,
el verso como instrumento de todo aquello
(relato, carta, drama, historia, manual agrícola)
que hoy decimos en prosa.
Para empezar a no responderle,
no tengo nada que añadir a lo que está en mis poemas,
dejo a otros el comentario, no me preocupa
(si alguno tengo) mi lugar en la historia.
(Tarde o temprano a todos nos espera el naufragio.)
Escribo y eso es todo. Escribo: doy la mitad del poema.
Poesía no es signos negros en la página blanca.
Llamo poesía a ese lugar del encuentro
con la experiencia ajena. El lector, la lectora
harán o no el poema que tan sólo he esbozado.
No leemos a otros: nos leemos en ellos.
Me parece un milagro
que algún desconocido pueda verse en mi espejo.
Si hay un mérito en esto –dijo Pessoa—
corresponde a los versos, no al autor de los versos.
Si de casualidad es un gran poeta
dejará cuatro o cinco poemas válidos,
rodeados de fracasos y borradores.
Sus opiniones personales son de verdad muy poco interesantes.
Extraño el mundo el nuestro: cada día
le interesan cada vez más los poetas;
la poesía cada vez menos.
El poeta dejó de ser la voz de la tribu,
aquel que habla por quienes no hablan.
Se ha vuelto más otro entertainer.
Sus borracheras, sus fornicaciones, su historia clínica,
sus alianzas o pleitos con los demás payasos del circo,
tiene asegurado el amplio público
a quien ya no hace falta leer poemas.
Sigo pensando
que es otra cosa la poesía:
una forma de amor que sólo existe en silencio,
en un pacto secreto entre dos personas,
de dos desconocidos casi siempre.
acaso leyó usted que Juan Ramón Jiménez
pensó hace mucho tiempo en editar una revista.
Iba a llamarse “Anonimato”.
Publicaría no firmas sino poemas;
se haría con poemas, no con poetas.
Y yo quisiera como el maestro español
que la poesía fuese anónima ya que es colectiva
(a eso tienden mis versos y mis versiones).
Posiblemente usted me dará la razón.
Usted que me ha leído y no me conoce.
No nos veremos nunca pero somos amigos.
Si le gustaron mis versos
qué más da que sean míos/ de otros/ de nadie.
En realidad los poemas que leyó son de usted:
Usted, su autor, que los inventa al leerlos.
Y a veces me pregunto por qué más tarde
publicamos lo escrito. Es decir, lanzamos
una botella al mar, harto y repleto
de basura y botellas con mensajes.
Nunca sabremos
a quién ni adónde la llevarán las mareas.
Lo más probable es que sucumba en la tempestad y el abismo.
Sin embargo, no es tan inútil esta mueca de náufrago.
Porque un domingo
usted me llama de Estes Park, Colorado,
me dice que ha leído cuanto está en la botella
(a través de los mares: nuestras dos lenguas)
y quiere hacerme una entrevista.
Después recibo un telegrama inmenso
(lo que se habrá gastado usted al enviarlo).
En vez de responderle o dejarlo en silencio
se me ocurrieron estos versos. No es un poema,
no aspira al privilegio de la poesía
(no es voluntaria).
Y voy a usar, así lo hacían los antiguos,
el verso como instrumento de todo aquello
(relato, carta, drama, historia, manual agrícola)
que hoy decimos en prosa.
Para empezar a no responderle,
no tengo nada que añadir a lo que está en mis poemas,
dejo a otros el comentario, no me preocupa
(si alguno tengo) mi lugar en la historia.
(Tarde o temprano a todos nos espera el naufragio.)
Escribo y eso es todo. Escribo: doy la mitad del poema.
Poesía no es signos negros en la página blanca.
Llamo poesía a ese lugar del encuentro
con la experiencia ajena. El lector, la lectora
harán o no el poema que tan sólo he esbozado.
No leemos a otros: nos leemos en ellos.
Me parece un milagro
que algún desconocido pueda verse en mi espejo.
Si hay un mérito en esto –dijo Pessoa—
corresponde a los versos, no al autor de los versos.
Si de casualidad es un gran poeta
dejará cuatro o cinco poemas válidos,
rodeados de fracasos y borradores.
Sus opiniones personales son de verdad muy poco interesantes.
Extraño el mundo el nuestro: cada día
le interesan cada vez más los poetas;
la poesía cada vez menos.
El poeta dejó de ser la voz de la tribu,
aquel que habla por quienes no hablan.
Se ha vuelto más otro entertainer.
Sus borracheras, sus fornicaciones, su historia clínica,
sus alianzas o pleitos con los demás payasos del circo,
tiene asegurado el amplio público
a quien ya no hace falta leer poemas.
Sigo pensando
que es otra cosa la poesía:
una forma de amor que sólo existe en silencio,
en un pacto secreto entre dos personas,
de dos desconocidos casi siempre.
acaso leyó usted que Juan Ramón Jiménez
pensó hace mucho tiempo en editar una revista.
Iba a llamarse “Anonimato”.
Publicaría no firmas sino poemas;
se haría con poemas, no con poetas.
Y yo quisiera como el maestro español
que la poesía fuese anónima ya que es colectiva
(a eso tienden mis versos y mis versiones).
Posiblemente usted me dará la razón.
Usted que me ha leído y no me conoce.
No nos veremos nunca pero somos amigos.
Si le gustaron mis versos
qué más da que sean míos/ de otros/ de nadie.
En realidad los poemas que leyó son de usted:
Usted, su autor, que los inventa al leerlos.
Bandada - Jimena Arnolfi
RESUMEN
Está todo tan mal
que lloramos sin lágrimas.
Poder, poder, poder,
qué podemos hacer,
qué podemos pensar.
Estos son los apuntes de la época.
Mi cuerpo torpe se desarma
sobre el teclado.
La salud no mejora,
la convivencia no mejora,
la economía no mejora,
el día a día no mejora
y ya nos quedamos sin trabajo.
No conozco la tranquilidad,
siempre es posible lo peor.
Cuando se termina la política
empiezan los cadáveres.
*
POR FIN CAE LA NOCHE
Entre la amargura y la esperanza
atravesé el día
como a un alambre de púas.
Todo es síntoma, intento
adivinar qué pasa
con mi cuerpo.
Enumero pensamientos recurrentes:
Gobierna la derecha.
Me duele acá.
Esto también se va a romper.
*
CONTRA LA DERROTA
Todo país tiene sus pájaros
su bandada de tensión perpetua
su canto a viento roto.
Cómo contamos la historia
y cómo escuchamos la historia
que nos cuentan.
La lluvia insiste cada vez más fuerte
no sé si adentro o afuera de mi cabeza.
Nunca sabemos a dónde guarecernos
a dónde la ternura despierta
como bandera encendida.
Ya esperamos demasiado.
Estas son las brasas del fuego que vendrá.
*
SE ESPERA
“Se espera que la lluvia pase. Se espera que los vientos lleguen. Se espera. Se dice”.
Alejandra Pizarnik
Se espera que el mal tiempo pase.
Se espera que la bandada reaccione.
Se espera que los pájaros no se cansen de cantar.
Se espera de orilla a orilla como si hubiese alguien.
Se espera verte pronto. Se espera. Se dice.
Se espera hacernos bien entre tanto mal.
Se espera dejar de pensar en eso que atormenta.
Se espera otro mundo. Se espera cavar
hasta encontrarlo, aquí, debajo del poema.
Se espera escribir ante la propia emergencia.
Se espera con una piedra en cada mano.
Se espera mirar el cristal hasta romperlo.
Se espera mirar la luz hasta apagarla.
Se espera que el país no esté a la venta.
Se espera rebeldía y se dice esperanza.
Se espera decir un poco. Se espera no gritar.
Se espera decir porque hay que decirlo.
Se espera valor o fuego. Se espera. Se dice.
*
BANDADA
Vivo con angustia.
Trabajo con angustia.
Deseo con angustia.
Protesto con angustia.
Todo, todo, todo con angustia.
Afuera llueve hace un siglo
y los gorriones chillan al atardecer.
Es verdad que los cielos
copian los estados de ánimo.
Ganaron otros, es cierto.
Pero con todo respeto y para que se sepa:
fuimos, somos, seremos
bandada.
Thursday, April 16, 2026
Cartas revolucionarias - Diane di Prima
CARTA REVOLUCIONARIA #73
Cuando seamos unos pobres de mierda
y no tengamos nuestras montañas como refugio,
cuando nos conquisten
y no podamos ir a nuestros bosques en busca de consuelo,
cuando estemos hambrientos
y nuestros valles ya no nos sustenten,
entonces veremos a estos hombres
como lo que en verdad son.
CARTA REVOLUCIONARIA #2
El valor de la vida individual un credo que nos enseñaron
para inculcarnos miedo e inacción, “la vida es una sola”
niebla en nuestros ojos, somos
infinitos como el mar, no separados, morimos
un millón de veces al día, nacemos
un millón de veces, cada respiración vida y muerte:
levántate, ponte los zapatos, comienza,
alguien terminará
Tribu
un organismo, una carne, respirando goce como
las estrellas nos insuflan el destino, allá
vamos, de la mano, ocupémonos de nuestras cosas, miles de hijos
se encargarán cuando caigas, crecerás
mil veces en el vientre de tus hermanas
CARTA REVOLUCIONARIA #4
Abandonadas a sí mismas, las personas
se dejan crecer el pelo.
Abandonadas a sí mismas, se
sacan los zapatos.
Abandonadas a sí mismas, hacen el amor
duermen tranquilas
comparten frazadas, droga y niños
no son flojas ni cobardes
plantan semillas, sonríen, conversan
unas con otras. La palabra
madurando: un toque de amor
al cerebro, el oído.
Regresamos al mar, a las olas
regresamos igual que las hojas, numerosos
como las hojas de hierba, amables, insistentes, recordamos
el camino,
nuestros bebés caminan descalzos por las ciudades del universo.
CARTA REVOLUCIONARIA #6
evita a la gente
que encuentra a Bonnie y Clyde demasiado violentos
que ve la sangre pero no la forma energética
nos aman y quieren que controlemos la natalidad
nos aman y quieren que los hindúes maten a sus vacas
nos aman y tienen un polvo incoloro e insípido
que es la comida sintética perfecta…
CARTA REVOLUCIONARIA #7
hay quienes pueden enseñarte
a hacer molotovs, lanzallamas,
bombas, lo que sea
que necesites
encuéntralos y aprende, define
claramente tus objetivos, elige tus armas
con ellos en mente
no es buena idea llevar un arma de fuego
o un cuchillo
a menos que los sepas usar bien
todas las espadas son de doble filo, pueden ser usadas en tu contra
por cualquiera que logre quitártelas
es
posible incluso en la costa este
encontrar un lugar aislado para practicar el tiro al blanco
el éxito
dependerá sobre todo de tu estado mental:
medita, reza, haz el amor, tienes que estar preparado
en todo momento para morir
pero no te pongas tenso: las armas
no van a ganar esta vez, son
una parte incidental de la acción
en la que más nos vale ser más hábiles que la chucha,
lo que ganará
son los mantras, el sustento mutuo que nos damos,
la energía con la que nos conectamos
(el hecho de tocarnos
compartir comida)
la naturaleza búdica
de todos, amigos y enemigos, como un millón de gusanos
horadando esta estructura
hasta que caiga
CARTA REVOLUCIONARIA #9
promover
el derrocamiento del gobierno es un crimen
derrocarlo es otra cosa
a veces se lo llama
revolución
pero no te engañes: el gobierno
no es el problema: solo es
un buen lugar para empezar:
1. mata al gerente de Dow Chemical
2. destruye la fábrica
3. HAZ QUE NO SEA RENTABLE PARA ELLOS
construirla de nuevo.
o sea, destruye la noción de dinero
como la conocemos, acaba con los intereses,
ahorros, herencias
(el dinero de Pound, cupones con fecha que le llegan a todos
por correo, y vencen en 30 días
todavía es una buena idea)
o comencemos sin dinero y lo inventamos
si nos hace falta,
o mimeografiémoslo y cada uno
imprime cuanto quiera
y veamos qué pasa
declaremos el cese de la deuda
como lo hizo el Congreso Continental
‘con todas las deudas públicas y privadas’
& nadie es propietario de la tierra
puede tenerse
para usarla, sin que nadie
tenga más de lo que puede trabajar, solo y con su familia
que nadie trabaje para otro
excepto por amor, y lo que ganes
que exceda tus necesidades se le dará a la tribu
patrimonio común
Ninguno de nosotros sabe las respuestas, piensa en
estas cosas
Llegará un día en que tendremos que saber
las respuestas.
Sunday, April 12, 2026
Más poemas de Mariela Laudecina
En algunos baldíos
o en el borde de los caminos
crece una flor amarilla, de pétalos finos
Nunca supe su nombre
lo salvaje pareciera no poder tenerlo
Me llamaba la atención su belleza
solitaria en la tierra seca
Erguida parecía decir, acá estoy, sola
con el poder que se necesita para estarlo
No saber cuál es el capricho
de dónde viene la fuerza
de un nacimiento en medio de la nada
y permanecer
es lo que me hizo pensar en ella
Cuando tenía diez años
de paseo por el Algarrobal
donde vivían mis abuelos
se me dio por sacarla con una pala
y enterrarla junto a otras flores
pensé que duraría más tiempo si estaba acompañada
Ahora, supongo
que la indiferencia a los territorios fértiles
es su condición de fortaleza
Así me gustaría ser
inflexible en mi forma de estar en el mundo
y que eso sea todo.
*
Al fondo del patio
mi abuela mataba una gallina
Ya la había visto algunas veces
Aunque nunca quiso que estuviera presente
yo la espiaba detrás de los rosales
Fuerte y serena como una guerrera
precisa en cada movimiento
le retorcía el cuello hasta dejarla sin aire
y con un palo de escoba
le ajustaba el pescuezo en el suelo
La cargaba al hombro de las patas
y la desplumaba en agua hirviendo
Nunca sentí pena
ni nada
La saboreábamos al escabeche
y con mis primos
nos disputábamos la cabeza.
*
Mi abuela estira el mantel de hule
con flores y pájaros
tomo yerbeado con pan y manteca
Guardo migas para el colibrí
atrapado debajo de la taza.
*
¡Fuerte, más fuerte!
Le grito al Zonda que empieza
a escuchar y se arremolina
Juega con las hojas
una bolsa transparente
y tierra, mucha tierra
que me entra en los ojos
pero no importa
Si me voy adentro
vaya a saber cuándo vuelve
y se pone loco para mí.
*
Nos internamos en el monte
para descubrir cosas terroríficas
un niño muerto
un extraterrestre con cara de lagarto
animales peligrosos como los pericotes
que nunca vimos y yo insisto
que parecen cocodrilos
Mi hermana sospecha que le miento
Se acerca a los hinojos a esperar que salgan
Le pregunto si tiene miedo
dice que sí
pero el miedo que da risa.
Mis amigas - Mariela Laudecina
Mis amigas
no quieren tener hijos
crían perros, gatos, plantas
la mayoría desistió de la universidad
no pueden mantener trabajos
en relación de dependencia
viven con poca guita
piensan en otro ser
algunas comen mucho
otras poquísimo
le dan al trago
algunas tienen hijas e hijos
andan por los 30
y 60 y pico de años
ninguna votó a Macri
no creen en dios
me han prestado plata
han cocinado para mí
se han querido suicidar
tienen baja autoestima
y a veces alta como la marea
les gustan otras mujeres
tienen ataques de pánico.
Quieren irse de ellas mismas
sus familias son pobres
con padres locos
o de generaciones sin inconsciente.
Ellas fuman, fuman y fuman
son hermosas
Resisten
y pueden sostenerme con un dedo.
Thursday, March 26, 2026
Nunca tendrán poesía, de Jimena Arnolfi
"Si no se grita viva la libertad con amor, no se grita viva la libertad".
Pasolini
No sabemos qué frente defender primero
hacemos lo que podemos
aguantar trabajar cuidar criar
comenzar el día para terminar el día
aquí pido un minuto para decir algo
nombrar es dominar
los pájaros como los pueblos
necesitan libertad
que no nos roben la palabra
que no se lleven la palabra libertad
que no vacíen la palabra libertad
no giremos la cabeza hacia otro viento
no hagamos como si nada
si no hay lugar sin amenaza
sin tajo sin crimen sin soborno
sin cuerpo pronunciando odio
las palabras importan así de fuertes
del amor que nos tenemos exigimos
que sin memoria no hay libertad
que sin historia no hay libertad
que sin responsabilidad no hay libertad
vamos a recuperarla vamos a decirla
libertad libertad libertad
esa novia muy hermosa
canta Atahualpa
libertad libertad libertad
que no nos roben la palabra
libertad.
hacemos lo que podemos
aguantar trabajar cuidar criar
comenzar el día para terminar el día
aquí pido un minuto para decir algo
nombrar es dominar
los pájaros como los pueblos
necesitan libertad
que no nos roben la palabra
que no se lleven la palabra libertad
que no vacíen la palabra libertad
no giremos la cabeza hacia otro viento
no hagamos como si nada
si no hay lugar sin amenaza
sin tajo sin crimen sin soborno
sin cuerpo pronunciando odio
las palabras importan así de fuertes
del amor que nos tenemos exigimos
que sin memoria no hay libertad
que sin historia no hay libertad
que sin responsabilidad no hay libertad
vamos a recuperarla vamos a decirla
libertad libertad libertad
esa novia muy hermosa
canta Atahualpa
libertad libertad libertad
que no nos roben la palabra
libertad.
De Bandada (Santos Locos Poesía, 2025)
Thursday, March 05, 2026
Dos de Diana Bellessi
¿Dónde me leo a mí misma? En un poema, siempre en un
poema. Como me dijo una vez alguien que amé: «No servís
para nada, salvo para escribir un poema». Aunque también
pueda hablar con los pájaros, los yuyos y los árboles. Solo
que eso era nada para ella, porque no plancho ni coso ni tengo
hijos… Los que llegan al poema no sirven para nada, salvo
treparse en una nube o nadar en las aguas bravas. Casi fuera
del lenguaje, ¿qué podríamos hacer, vida mía?, si no vivir con
todas nuestras ganas fundidas en los que no hablan pero can-
tan hasta morir. La gente no sabe por qué te abraza, por qué te
aplaude, quizás porque en lo hondo sos igual a ellos disol-
viéndote con los otros reinos del Príncipe o de Dios…
*
En un triángulo del monte
se alza el ciprés desnudo
y el sol detrás brillando en una nube
color naranja oscuro
Eso fue ayer, pero hoy
el fogonazo es detrás de los
álamos y siempre el cambio
de paisaje aquí en la isla
Sobre la mesa una taza
diproducció
con la cebra en redondo dibujada
Entonces me asaltan dulcemente
aquellas grandes manadas de Tanzania
en las mañanas de safari
Todo viene en una taza
con el café de la mañana
sin moverme de la isla
y la dulzura de los perros
durmiendo sobre la cama
Las últimas fotos
que ven mis ojos son de afuera
pero también de adentro,
del pasado o del sueño
como este resplandor
tras el ciprés desnudo
brillando en una nube
color naranja oscuro
del invierno.
Diana Bellessi, de La curva del tiempo
Tuesday, March 03, 2026
Un poema de Bandada
NADIE ESTÁ SEGURO
Nadie tiene todo resuelto,
¿con qué sueñan los pájaros?
Cuando se vuelan las cosas,
¿con qué sueñan los pájaros?
Cuando todo se tambalea,
cuando el viento sacude los árboles,
¿con qué sueñan los pájaros?
Cuando la duda es fuerte,
cuando un rayo divide el cielo,
cuando todo parece caer,
en picada parece caer,
pero se levantan y cantan
los pájaros,
pero se levantan y vuelan
los pájaros,
con el viento en contra vuelan
los pájaros,
y casi no avanzan,
resisten,
y casi no vuelan,
sostienen
un pequeño corazón
urgente. Decime,
¿con qué sueñan los pájaros?
Cuando no saben
qué buscar,
cuando no saben
a dónde ir,
cuando no saben
si hay mañana,
¿con qué sueñan los pájaros?
De Bandada, de Jimena Arnolfi Villarraza (Santos Locos Poesía 2025)
Saturday, February 28, 2026
Genealogía - Camille Rankine
Nací en un bosque.
No sé cómo me llamo.
Nací en una montaña pero cambié
de idea. Nací
en el desierto. Toda mi gente
se murió en el incendio y me dejó
con los dioses. Me llamaban polvo.
Y cómo me quemaba. Vengo del mar,
yo creo. Vengo del berilio,
de la aguamarina. Toda mi gente
cruzó el borde del mundo a galope
tendido. Me llamaban
tristeza. No sé cómo me llamo.
Vengo de la guerra. Y cómo me quemaba.
Nací en llamas, yo creo. Un sol
del todo intencional. Un sol en reposo,
en constante crepúsculo, que se hunde en la tierra.
Thursday, February 05, 2026
Vamos a buscar lo que es nuestro. Reflexiones sobre caminar - María Cruz
¡Ven, pues! Salgamos al aire libre,
vayamos a buscar lo que es nuestro, por lejos que sea.
Hölderlin
Caminar siempre será un acto de recomienzo, una especie de regreso al origen. Camino porque quiero hacerlo; hallarme y hallar en el camino una respuesta que no me entrará por la cabeza, sino por los pies. Caminar es un acto antiguo y sin embargo entrar en él es siempre nuevo, desconocido, porque su enseñanza va desvelándose paso a paso sin que su objetivo sea dar una lección. Cuando camino soy yo misma; es mi oportunidad de estar conmigo y de inventarme una ruta personal. Caminar se parece a crear porque el camino también aporta sus sugerencias de dirección y de encuentros. El que camina debe estar en disposición de abrirse. Sin forzar la apertura, al caminar parecen disiparse las nieblas de la mente: el movimiento tiene, en su principio de agitación, la alegría. Nada complace más al cuerpo que el vibrar de la caminata; al activarse, se activa la existencia entera. Los pensamientos abren sus compuertas y salen, no intentan escapar; más bien practican una danza libre, nuevas asociaciones comienzan a crearse. Se trata de la imaginación. Caminar para imaginar. Si acaso hay nudos internos de agotamiento mental o emocional, el meneo de los pasos va desatando esas marañas y trae algo inusitado: tal vez ideas, creaciones, fantasías o simplemente bienestar, una curiosidad recién estrenada que, conforme se avanza, va creciendo. Al caminar se está solo, y no se está porque uno se siente acompañado por lo que le rodea; si es un ámbito natural, los cantos de los pájaros, el sonido del viento, hacen eco del caminante y en la ciudad los estímulos son infinitos e irrumpen con más decisión. Todo lo vital tiene un lenguaje y la caminata, por principio, provoca el confrontarse con uno mismo. Si el cuerpo se siente cómodo, energético, lo expresa; si se siente indispuesto, cansado, la caminata se altera. Se puede concebir una caminata recta o sinuosa o solo dejar que los pies decidan. En México se dice: “ir adonde apunte el huarache”. O como lo expresó Wajdi Mouawad: “La flecha inventa su blanco en el trayecto. Es decir, uno tiene que salir a caminar para encontrarse con su identidad y destino”. Y sí, la caminata da algo más que placer: ofrece un encuentro y, quizás, un destino. La caminata invita a que la mente no lo decida todo. Lo racional está incluido, pero no es el centro porque la totalidad está en moción y la moción despierta los matices, las sutilezas, las entretelas de la percepción activa.
Todo acto que se da por hecho en la vida moderna necesita un contrapeso. En el contrapeso está la poesía del mundo. Las comodidades que se nos ofrecen día a día están envenenadas, llenas de exigencias. Cambiamos comodidad por libertad y, al final, no tenemos ninguna. Por el contrario, cada acto que parece facilitar la vida termina complicándola, haciéndola pesada. Por esto, las acciones sencillas se vuelven una conquista porque dependen de lo más próximo y certero que tenemos: el cuerpo. Si perdimos lo fundamental, nos hemos perdido a nosotros mismos. No tenemos momentos de ocio, de contemplación, de mínimas acciones que recuperen la atención de estar aquí. Tal vez por todo esto caminar sigue siendo un acto desafiante, a contracorriente de lo maquinal, de la producción; a contracorriente también de la hiperactividad porque, para caminar, hay que tener tiempo disponible, de sobra, a sabiendas de que no se traerá de vuelta a casa un resultado utilitario. La metáfora de caminar se asocia a la vida: un desplazarse por rutas insospechadas, una predisposición a la aventura y al hallazgo de lo no previsible.
Caminar implica la no fragmentación, la unión de las piezas dispersas que, sin embargo, cambian su estructura con el movimiento. Como el cambio por la agitación de un caleidoscopio, así los colores y las formas arman una nueva estructura dentro del caminante y la juegan sin pausa. La lucidez aparece y no es de extrañarse que se parezca a la embriaguez; esto, contradictorio en apariencia, se vuelve un festejo interno, el amor a la vida aviva su antiguo fuego, el choque de las piedras primitivas que sacan de nuevo una chispa. La caminata recuerda este acto y produce felicidad; se trata de un llamado de la naturaleza que nos pide abandonar temporalmente la casa y salir al riesgo, por mínimo que sea. El exterior tiene voces encantadoras. Caminar activa en nosotros el encuentro de los cuatro elementos naturales: además del fuego nombrado, somos agua que se agita o que se atempera; percibimos los mensajes del aire circundante, de nuestra respiración, y nuestros pies recuerdan a cada paso la comunicación con la tierra, aunque esté recubierta de asfalto —pegarse a ella, resonar en la tierra, trae satisfacción y rumores de nosotros mismos.
Para los solitarios, siempre será mejor caminar a solas porque le experiencia se profundiza; la atención no se divide en una plática que exija concentrarse en ella. El eco de la caminata resuena hondo en quien la practica. Otras son las caminatas en compañía que también pueden resultar deliciosas si el interlocutor es la persona indicada. Jorge Luis Borges lo expresó muy bien en “Ulrica” (1975):
Ulrica me invitó a su mesa. Me dijo que le gustaba salir a caminar sola.
Recordé una broma de Schopenhauer y contesté:
―A mí también. Podemos salir juntos los dos.
Claro que en la caminata importa el lugar al que se sale. A los citadinos no nos queda más que la urbe, con sus escasas zonas verdes que casi nunca están cerca. Afrontar los caminos en la ciudad no es fácil, y sortear los peligros implica una tensión que puede ser placentera si se tiene cierta destreza. El peatón es poco respetado en calles llenas de autos y de posibles asaltantes. El bosque o el campo ofrecen otras incertidumbres y, quizás, otros peligros. El punto es que el que camina, aparte de enriquecer su mundo interior, debe estar en alerta sin que ello implique el cese del disfrute.
En el comienzo de su libro Infancia en Berlín hacia 1900 (1950), Walter Benjamin escribe sobre la caminata citadina: “Importa poco no saber orientarse en la ciudad, perderse, en cambio en una ciudad como quien se pierde en el bosque, requiere aprendizaje. Los rótulos de las calles deben entonces hablar al que va errando como el crujir de las ramas secas, y las callejuelas de los barrios céntricos reflejarle las horas de día tan claramente como las hondonadas del monte”.
Esta cita fusiona las experiencias diversas del caminar. Perderse se convierte en un aprendizaje necesario para que cuanto circunda al caminante le hable con su idioma diverso. Caminar, entonces, se vuelve una especie de diálogo abierto, una conversación al aire libre ─el aire libre como metáfora de una distinta circulación de las ideas o como una plática entre los recuerdos, el silencio, la reciente percepción de las cosas, la dicha del cuerpo, los estímulos próximos─. En la caminata hay un dinamo que se estrena cada vez; por eso nunca aburre, porque su sencillez invita a que lo desnudo se vista y que lo vestido se desnude. Es decir, la caminata despoja al caminante de lo innecesario, lo despoja de sus preocupaciones y le da algo más, lo viste con lo insólito, con lo que se ofrece como una potencia.
Al caminar, la animalidad y lo humano se juntan. Tal vez nos volvemos centauros: el sentido de alerta, la presencia de los músculos activos y de la respiración que se hace ritmo produce una energía poderosa, lista para lo que viene, para cazar pensamientos o ideas. Y lo que viene son, sobre todo, los oleajes internos, la secreción del ser que encuentra la manera de expresarse sin dureza alguna. Los caminantes se vuelven flexibles y porosos. La constitución del cuerpo cambia temporalmente. No existe más objetivo que vagar: la vagancia es el itinerario improvisado que a cada paso renueva su reto; la invitación que, como una pregunta, abre un signo de interrogación y lo deja así. Incluso lo aprendido entra en cuestión cuando se camina; lo que se sabe entra en un estado de plasticidad que se deja observar desde muchas perspectivas y ámbitos. Henry David Thoreau comparte una anécdota en su libro Caminar (1861): “Cuando un viajero le pidió a la criada de Wordsworth que le mostrase el estudio de su patrón, ella le contestó: ‘Esta es su biblioteca, pero su estudio está en el aire libre’”.
El conocimiento se ofrece en la caminata como un regalo vivo, a ratos aprehensible en el momento y, a veces, como un obsequio posterior porque el hormigueo dura más que ella. Todavía la agitación recorre las rutas de la sangre y los músculos cuando se ha regresado a casa. Caminar produce resonancias. La mente queda agradecida por los estímulos que forman un material rico con posibilidades de una elaboración consecuente (o no), porque puede quedar solo el sencillo agradecimiento de haber sacudido la existencia con la oscilación del caminar. Caminar es ver claro y es bailar por dentro con la música que cada quien entona, la sintonización de los órganos internos con la tonada del exterior, el poder ritmarse con el entorno sin perder el recóndito, secreto tamborileo.
Se asocia la caminata a los hábitos saludables, pero hay algo más. También importa la intención que busca un resultado. Hay caminatas que se ofrecen como un sacrificio o un pago, como sucede en ciertas celebraciones religiosas. Están las caminatas obsesivas de los que han enloquecido por alguna razón, como Travis, el protagonista de la película Paris-Texas (1984), de Wim Wenders, cuyo vigor parece excesivo; o el personaje de “El hombre de la multitud” (1840), de Edgar Allan Poe. Las peregrinaciones que se activan en colectivo son mareas inspiradas por un propósito común o una veneración compartida. Asimismo, las caminatas de los migrantes comparten objetivos comunes, ilusión de bienestar y cambio. Es probable que a toda caminata la sostenga un sueño, a veces individual, a veces social. Pero quizá la caminata más fructífera es la que se sostiene a sí misma sin aparente propósito, la caminata no domesticada, salvaje, que no sabe lo que busca y, sin buscar, se ilumina al accionarse. Como si la palidez de lo estático fuera cubriéndose de colores al entrar en actividad y naciera una percepción que no obedece a lo conformado. Rumi lo expresó así: “Como la ola, somos engendrados por nosotros mismos/ pero para contemplar nuestro yo interior, caminamos”. La caminata nos salva de los clichés. Su ley es el movimiento y su péndulo ampara al que camina de anquilosarse en una sola idea. Escribir se parece a caminar; se hace escritura al escribir. Existir se parece a caminar: se vive al ir viviendo, se aprende, pero para nada de esto puede diseñarse una fórmula.
vayamos a buscar lo que es nuestro, por lejos que sea.
Hölderlin
Caminar siempre será un acto de recomienzo, una especie de regreso al origen. Camino porque quiero hacerlo; hallarme y hallar en el camino una respuesta que no me entrará por la cabeza, sino por los pies. Caminar es un acto antiguo y sin embargo entrar en él es siempre nuevo, desconocido, porque su enseñanza va desvelándose paso a paso sin que su objetivo sea dar una lección. Cuando camino soy yo misma; es mi oportunidad de estar conmigo y de inventarme una ruta personal. Caminar se parece a crear porque el camino también aporta sus sugerencias de dirección y de encuentros. El que camina debe estar en disposición de abrirse. Sin forzar la apertura, al caminar parecen disiparse las nieblas de la mente: el movimiento tiene, en su principio de agitación, la alegría. Nada complace más al cuerpo que el vibrar de la caminata; al activarse, se activa la existencia entera. Los pensamientos abren sus compuertas y salen, no intentan escapar; más bien practican una danza libre, nuevas asociaciones comienzan a crearse. Se trata de la imaginación. Caminar para imaginar. Si acaso hay nudos internos de agotamiento mental o emocional, el meneo de los pasos va desatando esas marañas y trae algo inusitado: tal vez ideas, creaciones, fantasías o simplemente bienestar, una curiosidad recién estrenada que, conforme se avanza, va creciendo. Al caminar se está solo, y no se está porque uno se siente acompañado por lo que le rodea; si es un ámbito natural, los cantos de los pájaros, el sonido del viento, hacen eco del caminante y en la ciudad los estímulos son infinitos e irrumpen con más decisión. Todo lo vital tiene un lenguaje y la caminata, por principio, provoca el confrontarse con uno mismo. Si el cuerpo se siente cómodo, energético, lo expresa; si se siente indispuesto, cansado, la caminata se altera. Se puede concebir una caminata recta o sinuosa o solo dejar que los pies decidan. En México se dice: “ir adonde apunte el huarache”. O como lo expresó Wajdi Mouawad: “La flecha inventa su blanco en el trayecto. Es decir, uno tiene que salir a caminar para encontrarse con su identidad y destino”. Y sí, la caminata da algo más que placer: ofrece un encuentro y, quizás, un destino. La caminata invita a que la mente no lo decida todo. Lo racional está incluido, pero no es el centro porque la totalidad está en moción y la moción despierta los matices, las sutilezas, las entretelas de la percepción activa.
Todo acto que se da por hecho en la vida moderna necesita un contrapeso. En el contrapeso está la poesía del mundo. Las comodidades que se nos ofrecen día a día están envenenadas, llenas de exigencias. Cambiamos comodidad por libertad y, al final, no tenemos ninguna. Por el contrario, cada acto que parece facilitar la vida termina complicándola, haciéndola pesada. Por esto, las acciones sencillas se vuelven una conquista porque dependen de lo más próximo y certero que tenemos: el cuerpo. Si perdimos lo fundamental, nos hemos perdido a nosotros mismos. No tenemos momentos de ocio, de contemplación, de mínimas acciones que recuperen la atención de estar aquí. Tal vez por todo esto caminar sigue siendo un acto desafiante, a contracorriente de lo maquinal, de la producción; a contracorriente también de la hiperactividad porque, para caminar, hay que tener tiempo disponible, de sobra, a sabiendas de que no se traerá de vuelta a casa un resultado utilitario. La metáfora de caminar se asocia a la vida: un desplazarse por rutas insospechadas, una predisposición a la aventura y al hallazgo de lo no previsible.
Caminar implica la no fragmentación, la unión de las piezas dispersas que, sin embargo, cambian su estructura con el movimiento. Como el cambio por la agitación de un caleidoscopio, así los colores y las formas arman una nueva estructura dentro del caminante y la juegan sin pausa. La lucidez aparece y no es de extrañarse que se parezca a la embriaguez; esto, contradictorio en apariencia, se vuelve un festejo interno, el amor a la vida aviva su antiguo fuego, el choque de las piedras primitivas que sacan de nuevo una chispa. La caminata recuerda este acto y produce felicidad; se trata de un llamado de la naturaleza que nos pide abandonar temporalmente la casa y salir al riesgo, por mínimo que sea. El exterior tiene voces encantadoras. Caminar activa en nosotros el encuentro de los cuatro elementos naturales: además del fuego nombrado, somos agua que se agita o que se atempera; percibimos los mensajes del aire circundante, de nuestra respiración, y nuestros pies recuerdan a cada paso la comunicación con la tierra, aunque esté recubierta de asfalto —pegarse a ella, resonar en la tierra, trae satisfacción y rumores de nosotros mismos.
Para los solitarios, siempre será mejor caminar a solas porque le experiencia se profundiza; la atención no se divide en una plática que exija concentrarse en ella. El eco de la caminata resuena hondo en quien la practica. Otras son las caminatas en compañía que también pueden resultar deliciosas si el interlocutor es la persona indicada. Jorge Luis Borges lo expresó muy bien en “Ulrica” (1975):
Ulrica me invitó a su mesa. Me dijo que le gustaba salir a caminar sola.
Recordé una broma de Schopenhauer y contesté:
―A mí también. Podemos salir juntos los dos.
Claro que en la caminata importa el lugar al que se sale. A los citadinos no nos queda más que la urbe, con sus escasas zonas verdes que casi nunca están cerca. Afrontar los caminos en la ciudad no es fácil, y sortear los peligros implica una tensión que puede ser placentera si se tiene cierta destreza. El peatón es poco respetado en calles llenas de autos y de posibles asaltantes. El bosque o el campo ofrecen otras incertidumbres y, quizás, otros peligros. El punto es que el que camina, aparte de enriquecer su mundo interior, debe estar en alerta sin que ello implique el cese del disfrute.
En el comienzo de su libro Infancia en Berlín hacia 1900 (1950), Walter Benjamin escribe sobre la caminata citadina: “Importa poco no saber orientarse en la ciudad, perderse, en cambio en una ciudad como quien se pierde en el bosque, requiere aprendizaje. Los rótulos de las calles deben entonces hablar al que va errando como el crujir de las ramas secas, y las callejuelas de los barrios céntricos reflejarle las horas de día tan claramente como las hondonadas del monte”.
Esta cita fusiona las experiencias diversas del caminar. Perderse se convierte en un aprendizaje necesario para que cuanto circunda al caminante le hable con su idioma diverso. Caminar, entonces, se vuelve una especie de diálogo abierto, una conversación al aire libre ─el aire libre como metáfora de una distinta circulación de las ideas o como una plática entre los recuerdos, el silencio, la reciente percepción de las cosas, la dicha del cuerpo, los estímulos próximos─. En la caminata hay un dinamo que se estrena cada vez; por eso nunca aburre, porque su sencillez invita a que lo desnudo se vista y que lo vestido se desnude. Es decir, la caminata despoja al caminante de lo innecesario, lo despoja de sus preocupaciones y le da algo más, lo viste con lo insólito, con lo que se ofrece como una potencia.
Al caminar, la animalidad y lo humano se juntan. Tal vez nos volvemos centauros: el sentido de alerta, la presencia de los músculos activos y de la respiración que se hace ritmo produce una energía poderosa, lista para lo que viene, para cazar pensamientos o ideas. Y lo que viene son, sobre todo, los oleajes internos, la secreción del ser que encuentra la manera de expresarse sin dureza alguna. Los caminantes se vuelven flexibles y porosos. La constitución del cuerpo cambia temporalmente. No existe más objetivo que vagar: la vagancia es el itinerario improvisado que a cada paso renueva su reto; la invitación que, como una pregunta, abre un signo de interrogación y lo deja así. Incluso lo aprendido entra en cuestión cuando se camina; lo que se sabe entra en un estado de plasticidad que se deja observar desde muchas perspectivas y ámbitos. Henry David Thoreau comparte una anécdota en su libro Caminar (1861): “Cuando un viajero le pidió a la criada de Wordsworth que le mostrase el estudio de su patrón, ella le contestó: ‘Esta es su biblioteca, pero su estudio está en el aire libre’”.
El conocimiento se ofrece en la caminata como un regalo vivo, a ratos aprehensible en el momento y, a veces, como un obsequio posterior porque el hormigueo dura más que ella. Todavía la agitación recorre las rutas de la sangre y los músculos cuando se ha regresado a casa. Caminar produce resonancias. La mente queda agradecida por los estímulos que forman un material rico con posibilidades de una elaboración consecuente (o no), porque puede quedar solo el sencillo agradecimiento de haber sacudido la existencia con la oscilación del caminar. Caminar es ver claro y es bailar por dentro con la música que cada quien entona, la sintonización de los órganos internos con la tonada del exterior, el poder ritmarse con el entorno sin perder el recóndito, secreto tamborileo.
Se asocia la caminata a los hábitos saludables, pero hay algo más. También importa la intención que busca un resultado. Hay caminatas que se ofrecen como un sacrificio o un pago, como sucede en ciertas celebraciones religiosas. Están las caminatas obsesivas de los que han enloquecido por alguna razón, como Travis, el protagonista de la película Paris-Texas (1984), de Wim Wenders, cuyo vigor parece excesivo; o el personaje de “El hombre de la multitud” (1840), de Edgar Allan Poe. Las peregrinaciones que se activan en colectivo son mareas inspiradas por un propósito común o una veneración compartida. Asimismo, las caminatas de los migrantes comparten objetivos comunes, ilusión de bienestar y cambio. Es probable que a toda caminata la sostenga un sueño, a veces individual, a veces social. Pero quizá la caminata más fructífera es la que se sostiene a sí misma sin aparente propósito, la caminata no domesticada, salvaje, que no sabe lo que busca y, sin buscar, se ilumina al accionarse. Como si la palidez de lo estático fuera cubriéndose de colores al entrar en actividad y naciera una percepción que no obedece a lo conformado. Rumi lo expresó así: “Como la ola, somos engendrados por nosotros mismos/ pero para contemplar nuestro yo interior, caminamos”. La caminata nos salva de los clichés. Su ley es el movimiento y su péndulo ampara al que camina de anquilosarse en una sola idea. Escribir se parece a caminar; se hace escritura al escribir. Existir se parece a caminar: se vive al ir viviendo, se aprende, pero para nada de esto puede diseñarse una fórmula.
Wednesday, February 04, 2026
3 poemas de Natalia Figueira
Oímos el mar y
no podemos atraparlo
como lo hace un caracol
solo por tenerlo
más cerca
todo el tiempo.
Nuestro fanatismo llega
hasta la arena
*
Aves oscuras
rondan en
el cielo aún más
oscuro.
No sabemos del miedo
pero hay graznidos
que hacen
temblar.
¿Qué pacto desconocido
traman
sus hambrientas
voces?
*
A la manera de
la mariposa
amamos lo breve
como quien dice
el instante cuando ve
el árbol
y nada más.
La chicharra nos recuerda
la eternidad en
nuestro nombre.
De Malas hierbas, Ed. Salta el pez.
2 poemas de Iris Rivera
a veces
es más fácil ser fósforo
que brizna
ser látigo
que espalda
ser flecha
que ser blanco
a veces
es más fácil ser bala
que agujero
*
que el aire entre y salga fácil
cuando respires
que consigas poner a tu favor
cada huracán en contra
y que por cada soplo tuyo
algo se encienda
que permanezca brasa
el tiempo suficiente
para que no te apagues vos
:)
Gracias a Naty Figueira que me mostró a Iris
Thursday, January 15, 2026
Poemas de Juana Bignozzi
En realidad lo que yo quisiera en la vida
es ofrecer fiestas
vivir alguna sustitución de la libertad
extender la mesa recibir a ciertos superficiales
emborracharme con los entrañables
o tal vez con ese hermano único inhallado
la hermana imaginaria el fantasma de las madrugadas
revivir cuadros perfectos sobre los que ha crecido el yuyo
y saber que de esta tierra en invierno quedará
un disco que seguirá cantando en la casa vacía
el teléfono que seguirá llamando a oscuras
***
Chau
Había un mundo infalible para escribir poemas intensos
los mitos más cursis eran palabra santa
las despedidas en los puertos, los parques bajo la lluvia
el lento manoseo entre infidentes
la falacia de la noche
la magia de hablar en bares casi desiertos
rodeados de sillas apiladas sobre las mesas
niños que nunca aprendieron las respuestas
muchachas crepusculares
que repartían flores de piedra entre borrachos de prestigio
y nunca pensaban en el principio
les bastaban los finales como éste
***
Barcelona – Lyon
a mi edad la gente encuentra finalmente
una casa fija y un lugar claro en su generación
habla de amigos y bares muertos de ex maridos
y no de visitas a amigas dispersas por el mundo
de la misma explicación con el mismo hombre
a esta edad se debe llegar a un país a un partido
y no a estos viajes
en trenes nocturnos con cambios en la frontera
***
Giro 1937
al final de cada etapa
en un atardecer inamovible
reaparecen los animalitos de la ternura
a través de tantas carreras
el material de sus cuerpos ha cambiado
de la fragilidad a la dureza
otros dicen
de la calidad común a la preciosa
lo que nadie cuestiona es su resistencia
***
XVII
veo la película de medianoche
noche de lobos
en cada una de mis despedidas aumentan los niños
confunden los horarios de los vuelos
los que en mi recuerdo eran duros hombres se presentan
con transparentes vestimentas
que todos intentamos disimular
esta película de terror que veo a medianoche
empieza a parecerse a algunas de mis fotos personales
***
cuando las plantas se secan en las casas
no vale la pena comprar cactus
espinas sobre las espinas
ni cambiar de música
lo sonidos que las secan
son los que elegimos para estar juntos
***
siempre moriremos lejos
de una persona de una ciudad
los regresos son ilusiones que engañan
siempre moriremos lejos
Subscribe to:
Posts (Atom)


