Thursday, April 16, 2026

Cartas revolucionarias - Diane di Prima


CARTA REVOLUCIONARIA #73

Cuando seamos unos pobres de mierda
y no tengamos nuestras montañas como refugio,
cuando nos conquisten
y no podamos ir a nuestros bosques en busca de consuelo,
cuando estemos hambrientos
y nuestros valles ya no nos sustenten,
entonces veremos a estos hombres
como lo que en verdad son.


CARTA REVOLUCIONARIA #2

El valor de la vida individual un credo que nos enseñaron
para inculcarnos miedo e inacción, “la vida es una sola”
niebla en nuestros ojos, somos
infinitos como el mar, no separados, morimos
un millón de veces al día, nacemos
un millón de veces, cada respiración vida y muerte:
levántate, ponte los zapatos, comienza,
alguien terminará

Tribu
un organismo, una carne, respirando goce como
las estrellas nos insuflan el destino, allá
vamos, de la mano, ocupémonos de nuestras cosas, miles de hijos
se encargarán cuando caigas, crecerás
mil veces en el vientre de tus hermanas


CARTA REVOLUCIONARIA #4

Abandonadas a sí mismas, las personas
se dejan crecer el pelo.
Abandonadas a sí mismas, se
sacan los zapatos.
Abandonadas a sí mismas, hacen el amor
duermen tranquilas
comparten frazadas, droga y niños
no son flojas ni cobardes
plantan semillas, sonríen, conversan
unas con otras. La palabra
madurando: un toque de amor
al cerebro, el oído.
Regresamos al mar, a las olas
regresamos igual que las hojas, numerosos
como las hojas de hierba, amables, insistentes, recordamos
el camino,
nuestros bebés caminan descalzos por las ciudades del universo.


CARTA REVOLUCIONARIA #6

evita a la gente
que encuentra a Bonnie y Clyde demasiado violentos
que ve la sangre pero no la forma energética
nos aman y quieren que controlemos la natalidad
nos aman y quieren que los hindúes maten a sus vacas
nos aman y tienen un polvo incoloro e insípido
que es la comida sintética perfecta…


CARTA REVOLUCIONARIA #7

hay quienes pueden enseñarte
a hacer molotovs, lanzallamas,
bombas, lo que sea
que necesites
encuéntralos y aprende, define
claramente tus objetivos, elige tus armas
con ellos en mente

no es buena idea llevar un arma de fuego
o un cuchillo
a menos que los sepas usar bien
todas las espadas son de doble filo, pueden ser usadas en tu contra
por cualquiera que logre quitártelas

es
posible incluso en la costa este
encontrar un lugar aislado para practicar el tiro al blanco
el éxito
dependerá sobre todo de tu estado mental:
medita, reza, haz el amor, tienes que estar preparado
en todo momento para morir

pero no te pongas tenso: las armas
no van a ganar esta vez, son
una parte incidental de la acción
en la que más nos vale ser más hábiles que la chucha,
lo que ganará
son los mantras, el sustento mutuo que nos damos,
la energía con la que nos conectamos
(el hecho de tocarnos
compartir comida)
la naturaleza búdica
de todos, amigos y enemigos, como un millón de gusanos
horadando esta estructura
hasta que caiga


CARTA REVOLUCIONARIA #9

promover
el derrocamiento del gobierno es un crimen
derrocarlo es otra cosa
a veces se lo llama
revolución
pero no te engañes: el gobierno
no es el problema: solo es
un buen lugar para empezar:
1. mata al gerente de Dow Chemical
2. destruye la fábrica
3. HAZ QUE NO SEA RENTABLE PARA ELLOS
construirla de nuevo.
o sea, destruye la noción de dinero
como la conocemos, acaba con los intereses,
ahorros, herencias
(el dinero de Pound, cupones con fecha que le llegan a todos
por correo, y vencen en 30 días
todavía es una buena idea)
o comencemos sin dinero y lo inventamos
si nos hace falta,
o mimeografiémoslo y cada uno
imprime cuanto quiera
y veamos qué pasa

declaremos el cese de la deuda
como lo hizo el Congreso Continental
‘con todas las deudas públicas y privadas’

& nadie es propietario de la tierra
puede tenerse
para usarla, sin que nadie
tenga más de lo que puede trabajar, solo y con su familia
que nadie trabaje para otro
excepto por amor, y lo que ganes
que exceda tus necesidades se le dará a la tribu
patrimonio común

Ninguno de nosotros sabe las respuestas, piensa en
estas cosas
Llegará un día en que tendremos que saber
las respuestas.

Sunday, April 12, 2026

Más poemas de Mariela Laudecina

En algunos baldíos
o en el borde de los caminos
crece una flor amarilla, de pétalos finos
Nunca supe su nombre
lo salvaje pareciera no poder tenerlo
Me llamaba la atención su belleza
solitaria en la tierra seca
Erguida parecía decir, acá estoy, sola
con el poder que se necesita para estarlo
No saber cuál es el capricho
de dónde viene la fuerza
de un nacimiento en medio de la nada
y permanecer
es lo que me hizo pensar en ella
Cuando tenía diez años
de paseo por el Algarrobal
donde vivían mis abuelos
se me dio por sacarla con una pala
y enterrarla junto a otras flores
pensé que duraría más tiempo si estaba acompañada
Ahora, supongo
que la indiferencia a los territorios fértiles
es su condición de fortaleza
Así me gustaría ser
inflexible en mi forma de estar en el mundo
y que eso sea todo.

*

Al fondo del patio
mi abuela mataba una gallina
Ya la había visto algunas veces
Aunque nunca quiso que estuviera presente
yo la espiaba detrás de los rosales
Fuerte y serena como una guerrera
precisa en cada movimiento
le retorcía el cuello hasta dejarla sin aire
y con un palo de escoba
le ajustaba el pescuezo en el suelo
La cargaba al hombro de las patas
y la desplumaba en agua hirviendo
Nunca sentí pena
ni nada
La saboreábamos al escabeche
y con mis primos
nos disputábamos la cabeza.

*

Mi abuela estira el mantel de hule
con flores y pájaros
tomo yerbeado con pan y manteca
Guardo migas para el colibrí
atrapado debajo de la taza.

*

¡Fuerte, más fuerte!
Le grito al Zonda que empieza
a escuchar y se arremolina
Juega con las hojas
una bolsa transparente
y tierra, mucha tierra
que me entra en los ojos
pero no importa
Si me voy adentro
vaya a saber cuándo vuelve
y se pone loco para mí.

*

Nos internamos en el monte
para descubrir cosas terroríficas
un niño muerto
un extraterrestre con cara de lagarto
animales peligrosos como los pericotes
que nunca vimos y yo insisto
que parecen cocodrilos
Mi hermana sospecha que le miento
Se acerca a los hinojos a esperar que salgan
Le pregunto si tiene miedo
dice que sí
pero el miedo que da risa.

Mis amigas - Mariela Laudecina


Mis amigas
no quieren tener hijos
crían perros, gatos, plantas
la mayoría desistió de la universidad
no pueden mantener trabajos
en relación de dependencia
viven con poca guita
piensan en otro ser
algunas comen mucho
otras poquísimo
le dan al trago
algunas tienen hijas e hijos
andan por los 30
y 60 y pico de años
ninguna votó a Macri
no creen en dios
me han prestado plata
han cocinado para mí
se han querido suicidar
tienen baja autoestima
y a veces alta como la marea
les gustan otras mujeres
tienen ataques de pánico.

Quieren irse de ellas mismas
sus familias son pobres
con padres locos
o de generaciones sin inconsciente.

Ellas fuman, fuman y fuman
son hermosas
Resisten
y pueden sostenerme con un dedo.

Thursday, March 26, 2026

Nunca tendrán poesía, de Jimena Arnolfi


"Si no se grita viva la libertad con amor, no se grita viva la libertad". 
                                                                                            Pasolini


No sabemos qué frente defender primero

hacemos lo que podemos

aguantar trabajar cuidar criar

comenzar el día para terminar el día

aquí pido un minuto para decir algo

nombrar es dominar

los pájaros como los pueblos

necesitan libertad

que no nos roben la palabra

que no se lleven la palabra libertad

que no vacíen la palabra libertad

no giremos la cabeza hacia otro viento

no hagamos como si nada

si no hay lugar sin amenaza

sin tajo sin crimen sin soborno

sin cuerpo pronunciando odio

las palabras importan así de fuertes

del amor que nos tenemos exigimos

que sin memoria no hay libertad

que sin historia no hay libertad

que sin responsabilidad no hay libertad

vamos a recuperarla vamos a decirla

libertad libertad libertad

esa novia muy hermosa

canta Atahualpa

libertad libertad libertad

que no nos roben la palabra

libertad.



De Bandada (Santos Locos Poesía, 2025)

Thursday, March 05, 2026

Dos de Diana Bellessi

¿Dónde me leo a mí misma? En un poema, siempre en un

poema. Como me dijo una vez alguien que amé: «No servís

para nada, salvo para escribir un poema». Aunque también

pueda hablar con los pájaros, los yuyos y los árboles. Solo

que eso era nada para ella, porque no plancho ni coso ni tengo

hijos… Los que llegan al poema no sirven para nada, salvo

treparse en una nube o nadar en las aguas bravas. Casi fuera

del lenguaje, ¿qué podríamos hacer, vida mía?, si no vivir con

todas nuestras ganas fundidas en los que no hablan pero can-

tan hasta morir. La gente no sabe por qué te abraza, por qué te

aplaude, quizás porque en lo hondo sos igual a ellos disol-

viéndote con los otros reinos del Príncipe o de Dios…


*


En un triángulo del monte

se alza el ciprés desnudo

y el sol detrás brillando en una nube

color naranja oscuro

Eso fue ayer, pero hoy

el fogonazo es detrás de los

álamos y siempre el cambio

de paisaje aquí en la isla

Sobre la mesa una taza

diproducció

con la cebra en redondo dibujada

Entonces me asaltan dulcemente

aquellas grandes manadas de Tanzania

en las mañanas de safari

Todo viene en una taza

con el café de la mañana

sin moverme de la isla

y la dulzura de los perros

durmiendo sobre la cama

Las últimas fotos

que ven mis ojos son de afuera

pero también de adentro,

del pasado o del sueño

como este resplandor

tras el ciprés desnudo

brillando en una nube

color naranja oscuro

del invierno.


Diana Bellessi, de La curva del tiempo

Tuesday, March 03, 2026

Un poema de Bandada

NADIE ESTÁ SEGURO


Nadie tiene todo resuelto,
¿con qué sueñan los pájaros? 
Cuando se vuelan las cosas,
¿con qué sueñan los pájaros? 
Cuando todo se tambalea,
cuando el viento sacude los árboles,
¿con qué sueñan los pájaros?
Cuando la duda es fuerte,
cuando un rayo divide el cielo,
cuando todo parece caer,
en picada parece caer,
pero se levantan y cantan
los pájaros,
pero se levantan y vuelan
los pájaros,
con el viento en contra vuelan
los pájaros,
y casi no avanzan,
resisten, 
y casi no vuelan,
sostienen
un pequeño corazón 
urgente. Decime,
¿con qué sueñan los pájaros?
Cuando no saben 
qué buscar,
cuando no saben
a dónde ir,
cuando no saben
si hay mañana,
¿con qué sueñan los pájaros?



De Bandada, de Jimena Arnolfi Villarraza (Santos Locos Poesía 2025)

Saturday, February 28, 2026

Genealogía - Camille Rankine


Nací en un bosque.
No sé cómo me llamo.
Nací en una montaña pero cambié
de idea. Nací
en el desierto. Toda mi gente
se murió en el incendio y me dejó
con los dioses. Me llamaban polvo.
Y cómo me quemaba. Vengo del mar,
yo creo. Vengo del berilio,
de la aguamarina. Toda mi gente
cruzó el borde del mundo a galope
tendido. Me llamaban
tristeza. No sé cómo me llamo.
Vengo de la guerra. Y cómo me quemaba.
Nací en llamas, yo creo. Un sol
del todo intencional. Un sol en reposo,
en constante crepúsculo, que se hunde en la tierra.



Thursday, February 05, 2026

Vamos a buscar lo que es nuestro. Reflexiones sobre caminar - María Cruz

¡Ven, pues! Salgamos al aire libre,
vayamos a buscar lo que es nuestro, por lejos que sea.

Hölderlin


Caminar siempre será un acto de recomienzo, una especie de regreso al origen. Camino porque quiero hacerlo; hallarme y hallar en el camino una respuesta que no me entrará por la cabeza, sino por los pies. Caminar es un acto antiguo y sin embargo entrar en él es siempre nuevo, desconocido, porque su enseñanza va desvelándose paso a paso sin que su objetivo sea dar una lección. Cuando camino soy yo misma; es mi oportunidad de estar conmigo y de inventarme una ruta personal. Caminar se parece a crear porque el camino también aporta sus sugerencias de dirección y de encuentros. El que camina debe estar en disposición de abrirse. Sin forzar la apertura, al caminar parecen disiparse las nieblas de la mente: el movimiento tiene, en su principio de agitación, la alegría. Nada complace más al cuerpo que el vibrar de la caminata; al activarse, se activa la existencia entera. Los pensamientos abren sus compuertas y salen, no intentan escapar; más bien practican una danza libre, nuevas asociaciones comienzan a crearse. Se trata de la imaginación. Caminar para imaginar. Si acaso hay nudos internos de agotamiento mental o emocional, el meneo de los pasos va desatando esas marañas y trae algo inusitado: tal vez ideas, creaciones, fantasías o simplemente bienestar, una curiosidad recién estrenada que, conforme se avanza, va creciendo. Al caminar se está solo, y no se está porque uno se siente acompañado por lo que le rodea; si es un ámbito natural, los cantos de los pájaros, el sonido del viento, hacen eco del caminante y en la ciudad los estímulos son infinitos e irrumpen con más decisión. Todo lo vital tiene un lenguaje y la caminata, por principio, provoca el confrontarse con uno mismo. Si el cuerpo se siente cómodo, energético, lo expresa; si se siente indispuesto, cansado, la caminata se altera. Se puede concebir una caminata recta o sinuosa o solo dejar que los pies decidan. En México se dice: “ir adonde apunte el huarache”. O como lo expresó Wajdi Mouawad: “La flecha inventa su blanco en el trayecto. Es decir, uno tiene que salir a caminar para encontrarse con su identidad y destino”. Y sí, la caminata da algo más que placer: ofrece un encuentro y, quizás, un destino. La caminata invita a que la mente no lo decida todo. Lo racional está incluido, pero no es el centro porque la totalidad está en moción y la moción despierta los matices, las sutilezas, las entretelas de la percepción activa.

Todo acto que se da por hecho en la vida moderna necesita un contrapeso. En el contrapeso está la poesía del mundo. Las comodidades que se nos ofrecen día a día están envenenadas, llenas de exigencias. Cambiamos comodidad por libertad y, al final, no tenemos ninguna. Por el contrario, cada acto que parece facilitar la vida termina complicándola, haciéndola pesada. Por esto, las acciones sencillas se vuelven una conquista porque dependen de lo más próximo y certero que tenemos: el cuerpo. Si perdimos lo fundamental, nos hemos perdido a nosotros mismos. No tenemos momentos de ocio, de contemplación, de mínimas acciones que recuperen la atención de estar aquí. Tal vez por todo esto caminar sigue siendo un acto desafiante, a contracorriente de lo maquinal, de la producción; a contracorriente también de la hiperactividad porque, para caminar, hay que tener tiempo disponible, de sobra, a sabiendas de que no se traerá de vuelta a casa un resultado utilitario. La metáfora de caminar se asocia a la vida: un desplazarse por rutas insospechadas, una predisposición a la aventura y al hallazgo de lo no previsible.

Caminar implica la no fragmentación, la unión de las piezas dispersas que, sin embargo, cambian su estructura con el movimiento. Como el cambio por la agitación de un caleidoscopio, así los colores y las formas arman una nueva estructura dentro del caminante y la juegan sin pausa. La lucidez aparece y no es de extrañarse que se parezca a la embriaguez; esto, contradictorio en apariencia, se vuelve un festejo interno, el amor a la vida aviva su antiguo fuego, el choque de las piedras primitivas que sacan de nuevo una chispa. La caminata recuerda este acto y produce felicidad; se trata de un llamado de la naturaleza que nos pide abandonar temporalmente la casa y salir al riesgo, por mínimo que sea. El exterior tiene voces encantadoras. Caminar activa en nosotros el encuentro de los cuatro elementos naturales: además del fuego nombrado, somos agua que se agita o que se atempera; percibimos los mensajes del aire circundante, de nuestra respiración, y nuestros pies recuerdan a cada paso la comunicación con la tierra, aunque esté recubierta de asfalto —pegarse a ella, resonar en la tierra, trae satisfacción y rumores de nosotros mismos.

Para los solitarios, siempre será mejor caminar a solas porque le experiencia se profundiza; la atención no se divide en una plática que exija concentrarse en ella. El eco de la caminata resuena hondo en quien la practica. Otras son las caminatas en compañía que también pueden resultar deliciosas si el interlocutor es la persona indicada. Jorge Luis Borges lo expresó muy bien en “Ulrica” (1975):


Ulrica me invitó a su mesa. Me dijo que le gustaba salir a caminar sola.

Recordé una broma de Schopenhauer y contesté:

―A mí también. Podemos salir juntos los dos.

Claro que en la caminata importa el lugar al que se sale. A los citadinos no nos queda más que la urbe, con sus escasas zonas verdes que casi nunca están cerca. Afrontar los caminos en la ciudad no es fácil, y sortear los peligros implica una tensión que puede ser placentera si se tiene cierta destreza. El peatón es poco respetado en calles llenas de autos y de posibles asaltantes. El bosque o el campo ofrecen otras incertidumbres y, quizás, otros peligros. El punto es que el que camina, aparte de enriquecer su mundo interior, debe estar en alerta sin que ello implique el cese del disfrute.

En el comienzo de su libro Infancia en Berlín hacia 1900 (1950), Walter Benjamin escribe sobre la caminata citadina: “Importa poco no saber orientarse en la ciudad, perderse, en cambio en una ciudad como quien se pierde en el bosque, requiere aprendizaje. Los rótulos de las calles deben entonces hablar al que va errando como el crujir de las ramas secas, y las callejuelas de los barrios céntricos reflejarle las horas de día tan claramente como las hondonadas del monte”.

Esta cita fusiona las experiencias diversas del caminar. Perderse se convierte en un aprendizaje necesario para que cuanto circunda al caminante le hable con su idioma diverso. Caminar, entonces, se vuelve una especie de diálogo abierto, una conversación al aire libre ─el aire libre como metáfora de una distinta circulación de las ideas o como una plática entre los recuerdos, el silencio, la reciente percepción de las cosas, la dicha del cuerpo, los estímulos próximos─. En la caminata hay un dinamo que se estrena cada vez; por eso nunca aburre, porque su sencillez invita a que lo desnudo se vista y que lo vestido se desnude. Es decir, la caminata despoja al caminante de lo innecesario, lo despoja de sus preocupaciones y le da algo más, lo viste con lo insólito, con lo que se ofrece como una potencia.

Al caminar, la animalidad y lo humano se juntan. Tal vez nos volvemos centauros: el sentido de alerta, la presencia de los músculos activos y de la respiración que se hace ritmo produce una energía poderosa, lista para lo que viene, para cazar pensamientos o ideas. Y lo que viene son, sobre todo, los oleajes internos, la secreción del ser que encuentra la manera de expresarse sin dureza alguna. Los caminantes se vuelven flexibles y porosos. La constitución del cuerpo cambia temporalmente. No existe más objetivo que vagar: la vagancia es el itinerario improvisado que a cada paso renueva su reto; la invitación que, como una pregunta, abre un signo de interrogación y lo deja así. Incluso lo aprendido entra en cuestión cuando se camina; lo que se sabe entra en un estado de plasticidad que se deja observar desde muchas perspectivas y ámbitos. Henry David Thoreau comparte una anécdota en su libro Caminar (1861): “Cuando un viajero le pidió a la criada de Wordsworth que le mostrase el estudio de su patrón, ella le contestó: ‘Esta es su biblioteca, pero su estudio está en el aire libre’”.

El conocimiento se ofrece en la caminata como un regalo vivo, a ratos aprehensible en el momento y, a veces, como un obsequio posterior porque el hormigueo dura más que ella. Todavía la agitación recorre las rutas de la sangre y los músculos cuando se ha regresado a casa. Caminar produce resonancias. La mente queda agradecida por los estímulos que forman un material rico con posibilidades de una elaboración consecuente (o no), porque puede quedar solo el sencillo agradecimiento de haber sacudido la existencia con la oscilación del caminar. Caminar es ver claro y es bailar por dentro con la música que cada quien entona, la sintonización de los órganos internos con la tonada del exterior, el poder ritmarse con el entorno sin perder el recóndito, secreto tamborileo.

Se asocia la caminata a los hábitos saludables, pero hay algo más. También importa la intención que busca un resultado. Hay caminatas que se ofrecen como un sacrificio o un pago, como sucede en ciertas celebraciones religiosas. Están las caminatas obsesivas de los que han enloquecido por alguna razón, como Travis, el protagonista de la película Paris-Texas (1984), de Wim Wenders, cuyo vigor parece excesivo; o el personaje de “El hombre de la multitud” (1840), de Edgar Allan Poe. Las peregrinaciones que se activan en colectivo son mareas inspiradas por un propósito común o una veneración compartida. Asimismo, las caminatas de los migrantes comparten objetivos comunes, ilusión de bienestar y cambio. Es probable que a toda caminata la sostenga un sueño, a veces individual, a veces social. Pero quizá la caminata más fructífera es la que se sostiene a sí misma sin aparente propósito, la caminata no domesticada, salvaje, que no sabe lo que busca y, sin buscar, se ilumina al accionarse. Como si la palidez de lo estático fuera cubriéndose de colores al entrar en actividad y naciera una percepción que no obedece a lo conformado. Rumi lo expresó así: “Como la ola, somos engendrados por nosotros mismos/ pero para contemplar nuestro yo interior, caminamos”. La caminata nos salva de los clichés. Su ley es el movimiento y su péndulo ampara al que camina de anquilosarse en una sola idea. Escribir se parece a caminar; se hace escritura al escribir. Existir se parece a caminar: se vive al ir viviendo, se aprende, pero para nada de esto puede diseñarse una fórmula.

Wednesday, February 04, 2026

3 poemas de Natalia Figueira

Oímos el mar y 

no podemos atraparlo

como lo hace un caracol

solo por tenerlo

más cerca

todo el tiempo.

Nuestro fanatismo llega

hasta la arena


*

Aves oscuras

rondan en

el cielo aún más

oscuro.

No sabemos del miedo

pero hay graznidos

que hacen

temblar.

¿Qué pacto desconocido

traman

sus hambrientas

voces?


*


A la manera de

la mariposa

amamos lo breve

como quien dice

el instante cuando ve

el árbol

y nada más.

La chicharra nos recuerda

la eternidad en

nuestro nombre.



De Malas hierbas, Ed. Salta el pez.



2 poemas de Iris Rivera

a veces

es más fácil ser fósforo

que brizna


ser látigo 

que espalda

ser flecha

que ser blanco


a veces

es más fácil ser bala

que agujero


*


que el aire entre y salga fácil

cuando respires

que consigas poner a tu favor

cada huracán en contra

y que por cada soplo tuyo

algo se encienda

que permanezca brasa

el tiempo suficiente

para que no te apagues vos 


:)


Gracias a Naty Figueira que me mostró a Iris

Thursday, January 15, 2026

Poemas de Juana Bignozzi

En realidad lo que yo quisiera en la vida
es ofrecer fiestas
vivir alguna sustitución de la libertad
extender la mesa recibir a ciertos superficiales
emborracharme con los entrañables
o tal vez con ese hermano único inhallado
la hermana imaginaria el fantasma de las madrugadas
revivir cuadros perfectos sobre los que ha crecido el yuyo
y saber que de esta tierra en invierno quedará
un disco que seguirá cantando en la casa vacía
el teléfono que seguirá llamando a oscuras

***

Chau

Había un mundo infalible para escribir poemas intensos
los mitos más cursis eran palabra santa
las despedidas en los puertos, los parques bajo la lluvia
el lento manoseo entre infidentes
la falacia de la noche
la magia de hablar en bares casi desiertos
rodeados de sillas apiladas sobre las mesas
niños que nunca aprendieron las respuestas
muchachas crepusculares
que repartían flores de piedra entre borrachos de prestigio
y nunca pensaban en el principio
les bastaban los finales como éste

***

Barcelona – Lyon

a mi edad la gente encuentra finalmente
una casa fija y un lugar claro en su generación
habla de amigos y bares muertos de ex maridos
y no de visitas a amigas dispersas por el mundo
de la misma explicación con el mismo hombre
a esta edad se debe llegar a un país a un partido
y no a estos viajes
en trenes nocturnos con cambios en la frontera

***

Giro 1937

al final de cada etapa
en un atardecer inamovible
reaparecen los animalitos de la ternura
a través de tantas carreras
el material de sus cuerpos ha cambiado
de la fragilidad a la dureza
otros dicen
de la calidad común a la preciosa
lo que nadie cuestiona es su resistencia

***

XVII

veo la película de medianoche
noche de lobos
en cada una de mis despedidas aumentan los niños
confunden los horarios de los vuelos
los que en mi recuerdo eran duros hombres se presentan
con transparentes vestimentas
que todos intentamos disimular
esta película de terror que veo a medianoche
empieza a parecerse a algunas de mis fotos personales

***

cuando las plantas se secan en las casas
no vale la pena comprar cactus
espinas sobre las espinas
ni cambiar de música
lo sonidos que las secan
son los que elegimos para estar juntos

***

siempre moriremos lejos
de una persona de una ciudad
los regresos son ilusiones que engañan

siempre moriremos lejos

Monday, January 05, 2026

Poemas de Raymond Carver

El poema que no escribí

Aquí está el poema que iba a escribir
antes, pero que dejé
porque te levantabas.

Estaba pensando otra vez
en aquella primera mañana en Zurich.
Nos levantamos antes del amanecer.

Durante un instante no sabíamos dónde estábamos.
Salimos al balcón que daba al río                                    
y a la parte vieja de la ciudad.


Allí estábamos, sin más, callados.
Desnudos. Viendo cómo se aclaraba el cielo.
Tan conmovidos y tan felices. Como si
nos hubieran colocado allí
justo en aquel momento.



La pequeña habitación

Era un buen ajuste de cuentas.
Palabras arrojadas como piedras contra las ventanas.
Ella gritaba y gritaba como el ángel del juicio final.

Entonces apareció el sol de repente 
concentrando el cielo de la mañana.
En el silencio repentino, la pequeña habitación
resultaba extrañamente vacía mientras él sacaba sus lágrimas.

Se parecía a todas las habitaciones pequeñas de la tierra
en las que la luz encuentra dificultades para entrar.
Habitaciones en las que la gente grita y se hiere.

Y luego siente soledad y tristeza.
Incertidumbre. La necesidad de amparo.



El mejor momento del día

Frescas noches de verano.
Las ventanas abiertas.
Las lámparas encendidas.
Fruta en el frutero.
Y tu cabeza sobre mi hombro.
El momento más feliz del día.

El amanecer
desde luego. Y ese momento
justo antes de comer.
Y las primeras horas
de la tarde.

Pero amo
estas noches de verano.
Más incluso, me parece,
que todos esos otros momentos.
El trabajo terminado por ese día.
Y nadie que nos pueda alcanzar en ese momento.
O nunca.



Ninguna necesidad

Veo un espacio libre en la mesa.
¿El de quién? ¿Quién falta? ¿A quién dedico esta broma?
El barco espera. Ninguna necesidad de remos
ni de viento. Dejé la llave
en el lugar de siempre. Ya sabes adónde.
Acordate de mí y de todo lo que hicimos. 
Ahora abrazame con fuerza. Así. Besame
en la boca. Aquí. Ahora
dejá que me vaya, mi amor. Dejame partir.
Ya no nos volveremos a ver en esta vida,
dame un beso de despedida. Aquí. Besame otra vez.
Ahora, mi amor, dejá que me vaya.
Es hora de caminar.

Un poema de Mary Oliver


En cada corazón hay un cobarde, un inseguro.
En cada corazón hay un dios de las flores
esperando el momento justo
para salir de la nube y levantar las alas.
En el fondo, cucaburras y martín pescadores,
me pedían que abra la puerta de la jaula.
Años después me despierto en medio de la noche
y recuerdo cómo les dije que no, alejándome.
Tenían los ojos marrones como esos perros de buen corazón.
No pretendían hacer nada extraordinario,
sólo volar hacia al hogar, hacia su río.
Ahora supongo que ya los cubrió la noche.
En cuanto a mí, no soy ni siquiera 
el dios de las flores más pálidas.
Nada cambió demasiado.
Alguien sacude sus huesos blancos en el estiércol.
El sol brilla sobre la jaula.
Estoy acostada en la oscuridad,
el corazón me late muy fuerte.

*

In every heart there is a coward and a procastinator.
In every heart there is a god of flowers just waiting
to come out of its cloud and lifts its wings.
The kookaburras, the kingfishers, pressed against the edge
of thier cage, they asked me to open the door.
Years later I wake in the night and remember how I said to them
no, and walked away.
They had the brown eyes of soft-hearted dogs.
They didn't want to do anything so extraordinary, only to fly
home to their river.
By now I supposed the great darkness has covered them.
As for myself, I am not yet a god of even the palest flowers.
Nothing else has changed either.
Someone tosses their white bones to the dung-heap.
The sun shines on the latch of their cage.
I lie in the dark, my heart pounding.




Saturday, January 03, 2026

Apuntes - Alberto Szpunberg

Es así, como la lluvia en la tarde,
nunca termino de llegar al fondo de tus ojos.
Demasiado dolor para hablar sueltamente del futuro,
cuando el húmedo brillo de la corteza huele a un bosque
crecido de golpe en el corazón del invierno, esta tarde, esos muertos.

Pero a qué abrazarme sino a tí, contra qué ventana
ver los hilos de la lluvia sino en tus ojos,
desde qué espera, bajo qué silencio.

A qué huele la tibieza de tu abrigo de lana
si no a esta lluvia, si no a tí misma,
tejida y desflecándose en el aire de la tarde?

En la hornalla ronronea el agua.
Encendamos un cigarrillo en su fuego y fumemos tranquilos:
existes, vivimos, y creo que te amo.

La llegada a la escritura - Héléne Cixous

¿Cómo no habría deseado yo escribir? Puesto que los libros se apoderaban de mí, me transportaban, me traspasaban hasta las entrañas, me hacían sentir su poder desinteresado; puesto que me sentía amada por un texto que no se dirigía a mí, a tí, sino al otro; atravesada por la vida misma, que no juzga, que no elige, que toca sin señalar: agitada, arrancada de mí, por el amor? (...) esto fue lo primero que supe: que la vida es frágil y que la muerte tiene el poder. Que la vida, ocupada como está en amar, en incubar, en mirar, en acariciar, en cantar, se encuentra amenazada por el odio y la muerte, y que tiene que defenderse. (...) Entonces, cuando lo has perdido todo, no hay más camino, no hay más sentido, no hay más signo fijo, no hay más suelo, no hay más pensamiento que resista otro pensamiento, cuando estás perdida, fuera de tí, y continúas perdiéndote, cuando devienes el movimiento enloquecedor de perderte, entonces es por ahí, desde ahí, donde eres trama despedazada, carne que deja pasar lo extraño, ser sin defensa, sin resistencia, sin barra, sin piel, completamente abismada de otra, es en esos tiempos jadeantes cuando escrituras te atraviesan, eres recorrida por cantos de pureza inusitada, porque no se dirigen a nadie, brotan, surgen, fuera de la garganta de tus habitantes desconocidas son gritos que la vida y la muerte arrojan al combatirse. (...) Hay posibilidades que no surgieron nunca. Otras totalmente imprevistas que nos ocurrieron una sola vez. Flores, animales, artefactos, abuelas, árboles, ríos, nos atraviesan, nos cambian, nos sorprenden. Escribir: primero soy tocada, acariciada, lastimada, después busco descubrir el secreto de ese tocamiento para extenderlo, celebrarlo y transformarlo en una caricia distinta.


Discurso de Carmen M. Cáceres

Buenas noches, muchas gracias por acompañarnos hoy acá. No voy a ser original, voy a empezar agradeciendo a las dos fundaciones que entendieron que era necesario organizar un premio a obra publicada, la Fundación MEDIFE y la Fundación Filba. Gracias por este compromiso de cuestionar los circuitos y tiempos de nuestra industria. Voy a seguir por el jurado, Alejandra Kamiya y Alan Pauls: agradecerles por sus lecturas, su apoyo y sus elogiosas palabras a la novela, pero permítanme agradecer a María Moreno en particular, porque desde hace años siento que sus libros me ayudan a ir más adentro de las personas y las cosas. Su escritura se toma la libertad de imaginar nuestra realidad sin miedo, con todas sus variantes, vicios y formas.

Y esa es la manera en la que me gustaría dar las gracias esta noche: invitando a detenernos unos minutos en la imaginación como acto que tiene consecuencias en nuestra vida en común. Voy a empezar por una anécdota que muchos conocen: hace años, alguien le preguntó a Alberto Laiseca para qué sirve el arte. Él, con su voz espesa de fumador, contestó: “Qué pregunta pelotuda: el arte sirve para que funcione todo lo demás”. ¿Qué es eso que Laiseca llama todo lo demás y que depende del arte para existir? Creo que Laiseca se refería a la realidad que vivimos en nuestra imaginación. Creo que entendía el arte como una herramienta que conecta lo que está presente con lo que todavía no es pero ya existe dentro nuestro como posibilidad y, por lo tanto, es motor de nuestros movimientos. Sin esa voluntad de imaginar no tendríamos medicina, física cuántica, ni el Estado Nación.

Porque imaginar no es sólo salir en buscar de otros mundos, también es adentrarse en este para comprenderlo, incluso cuando no nos gusta lo que descubrimos. En mi caso, por ejemplo, no quería escribir una novela sobre dólares, sino sobre familias ensambladas y ciudades que no había visto reflejadas en nuestra literatura. Todavía me resulta incómodo hablar de dinero porque me obliga a armar un discurso sobre mi lugar en esta sociedad. Me llevó varias versiones del libro aceptar que el dinero moldea nuestra imaginación, porque me parecía algo inmoral o perverso. Pero resulta que es así, y si es así, la literatura tiene que intentar darle un espacio.

Hace poco escuché una charla de Juan Mattio (ganador también de este premio) en la que explicaba el auge de la nueva ficción extraña entre los lectores. Decía que este género híbrido (entre el terror, la ciencia ficción, el gótico) nos permite pensar mejor nuestro presente, marcado por fantasmas del pasado y la imposibilidad de imaginar un futuro. Estoy de acuerdo con esa idea. Parece que nuestra imaginación tiene hoy una nueva necesidad que tal vez el arte, en particular la literatura realista, no estaría alimentando. En parte porque es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, y en parte también porque nos hemos contado tantas veces la misma realidad, que hemos acabado creyendo que es la única. Disculpen que vuelva a poner de ejemplo La ficción del ahorro. Desde que salió, no hubo periodista ni reseña que no destacara que transcurre en Posadas. Así lo tituló Clarín: “Batacazo de una autora misionera. Ganó un premio por el que competían Aira, Magnus y Garland”. La noticia no es el libro, sino el hecho de que su autora viene de esa especie Narnia arrinconada allá en el norte. Una autora, por lo demás, que ni siquiera tiene nombre, es puro territorio. Fíjense cómo está más naturalizado leer sobre vampiros en la Ciudad de Buenos Aires, que sobre la clase media de Mendoza o Jujuy. Espero que se entienda que esto no es una apología del interior del país, sino un ejemplo de lo que creo que decía Laiseca: la realidad se vuelve cada vez más pequeña en nuestra imaginación si sólo se alimenta con lo que ya conocemos.

Me gustaría cerrar con una cita de Imre Kertész: “Si la imaginación fuese sólo creadora, sería simple fantasía. La imaginación es percepción de lo que escapa a nuestro conocimiento cotidiano”1. Un buen libro, una buena película, un buen disco, son herramientas que nos permiten intuir mejor la realidad. Por eso, cuando les prestamos nuestra atención, sentimos que la realidad se expande. A veces incluso se expande tanto, se vuelve tan compleja y viva, que por ese rato somos capaces de imaginar que otra realidad es posible.

Muchas gracias.

Carmen C. Cáceres
Ganadora del Premio Novela de Función Medifé con La Ficción del ahorro (Ed. Fiordo)

Más vieja - Sharon Olds

Cuanto más vieja me pongo, más me siento
casi hermosa- no mi cara, una cara común,
puritana, sino mi cuerpo. Y tendré
cincuenta, pronto, mi cuerpo
se marchita, huesudo, y me gusta su
rugosidad plateada, la piel que se afina,
la superficie de un lago rizada por el viento, un espectro
arrugado, un pliegue de humo. Sin embargo
cuando miro hacia abajo puedo ver, a veces,
cosas que, si las viera una mujer joven, la harían
gritar como en una película de terror,
quedo convertida en bruja en un instante—si me inclino
lo suficiente, puedo ver la piel fina
de mi estómago frunciéndose
y colgando en pequeños picos, como yeso fresco.
Y sin embargo puedo imaginarme a los ochenta, hecha
enteramente, por fuera, de eso,
y haciendo el amor con la misma dignidad
animal, el túnel todavía igual
al interior de una bráctea color frambuesa.
De pronto me veo joven a mí misma
al lado de esa octogenaria, me veo
como su hija, mi carne suelta y drapeada
muestra los ángulos largos de estos extraños
huesos como las manijas de utensilios de cocina hechos en el cielo.
Cuando era más joven, me veía a mí misma,
a veces, como el tosco dibujo de una hembra—
los pechos, el destello de las caderas de los años 40—
pero este grisáceo ser abollado es confortable como
una vieja prenda favorita, es casi
amable, ahora, para mí. Por supuesto, es
el amor de él el que estoy viendo, el trabajo de su pulgar
sobre este centavo de la suerte —cinco veces
cinco años en su bolsillo. Quizás
aún si me muriera, él no me vería fea.
A veces, ahora, bailo
como humo chato sobre una chimenea.
A veces, ahora, creo que vivo
en el lugar donde se hace la bebida solemne, salvaje
de acabar, no estoy todo el día acabando,
pero vivo todo el día en el lugar donde eso se hace.

Friday, January 02, 2026

Nota de Leila Guerriero

Aquí yo, otra vez, arrastrándome en el pantano de los rotos o flotando feliz entre la euforia de los vivos, idéntica a mí, la muy sincera, la muy falsa, la esquiva, la insensible, la mísera, la idiota, la astuta, la excesiva, la austera, la retrógrada, la feminista, la jurásica, la iracunda, la violenta, la agresiva, la suave, la tan suave, aquí yo, yo, yo, la egocéntrica, la narcisa, la modesta, la muy humilde, la tan humilde, la soberbia, la confundida, la preclara, la confusa, la confesa, la caníbal, la cobarde, la cursi, la que habla de sí, la que no habla de sí, la que sólo habla de sí, la impávida, la fría, la muy cálida, la kitsch, la ruda, la bruta, la brutal, la que vive en sosiego, la desasosegada, la que te tiene harto, la que no sabe lo que dice, la que no dice lo que sabe, la que lo cuenta todo, la que no cuenta nada, la que lo cuenta todo pero no cuenta nada, la que no sabe escribir, la que escribe como puede, la que no escribe en absoluto, la que no piensa, la que no sabe pensar, la enredada, la vacua, la precisa, la justa, la tan justa, la honesta, la muy insoportable, la rastrera, la infame, la insumisa, la blasfema, la que pide y no da, la que da pero no quiere, la que lo quiere todo, la que nunca da explicaciones. «Mi propósito —dice Balder, uno de los personajes de El Amor Brujo, del escritor argentino Roberto Arlt— es evidenciar de qué manera busqué el conocimiento a través de una avalancha de tinieblas y mi propia potencia en la infinita debilidad que me acompañó hora tras hora.» «Poco a poco tendré que ir saqueando mi propia vida para ofrecerla al mejor postor», escribe Andrés Felipe Solano en Corea, apuntes desde la cuerda floja. Vengo aquí. Saqueo mi vida. Ahí la tienen. ¿Para qué la quieren? Yo, a veces, la prendería fuego.

Libación - Denise Levertov

Levantando los vasos, con una sonrisa
nos deseamos no suerte
sino felicidad. Después de media vida con
y sin suerte
sabemos que es necesario más que eso.
No importa si tomamos
jugo de tomate en vez de vino o whisky--
Sabemos lo que queremos decir,
y el jugo rojo de esos frutos virtuosos
es algo que apreciamos los dos.
Te recuerdo maravillado, como ante un milagro,
al verlos en las enredaderas robustas
del invernadero de mis tíos
¡listos para arrancar y comer con el desayuno!
Teníamos veintitrés años y un hambre insaciable...
Entonces coincidimos en los tomates- ¿y en la felicidad?
Sí, en eso también: queremos decir, crecer, ramificarse;
dar hojas, capullos, frutos; y el olor punzante de los sueños.
Queremos decir, conocer a alguien tanto
no, más, de lo que nos conocimos nosotros.
Y que nos conozcan. Nos deseamos
la suerte de no necesitar suerte. Echo
entonces, un poco de sal y de pimienta
en mi jugo, con el gesto antiguo;
¿Y qué habría de malo
en derramar medio vaso
para los dioses?
Sonreímos.
Después de estos meses de dolor empezamos
a admitir que nuestras vidas nuevas comenzaron.

Pasaje de año - Carlos Drummond de Andrade


El último día del año
no es el último día del tiempo.
Otros días vendrán
y nuevos muslos y vientres te comunicarán el calor de la vida.
Besarás bocas, rasgarás papeles,
harás viajes y tantas celebraciones
de aniversario, graduación, promoción, gloria, dulce muerte con sinfonía y coral,
que el tiempo quedará repleto y no oirás el clamor,
los irreparables aullidos
del lobo, en la soledad.
El último día del tiempo
no es el último día de todo.
Queda siempre una franja de vida
donde se sientan dos hombres.
Un hombre y su contrario,
una mujer y su pie,
un cuerpo y su memoria,
un ojo y su brillo,
una voz y su eco,
y quien sabe si hasta Dios…
Recibe con simplicidad este presente del acaso.
Mereciste vivir un año más.
Desearías vivir siempre y agotar la borra de los siglos.
Tu padre murió, tu abuelo también.
En ti mismo mucha cosa ya expiró, otras acechan la muerte,
pero estás vivo. Una vez más estás vivo.
Y con la copa en la mano
esperas amanecer.
El recurso de embriagarse.
El recurso de la danza y del grito,
el recurso de la pelota de colores,
el recurso de Kant y de la poesía,
todos ellos… y ninguno resuelve nada.
Surge la mañana de un nuevo año.
Las cosas están limpias, ordenadas.
El cuerpo gastado se renueva en espuma.
Todos los sentidos alerta funcionan.
La boca está comiendo vida.
La boca está atascada de vida.
La vida escurre de la boca,
mancha las manos, la vereda.
La vida es gorda, oleosa, mortal, subrepticia.

Tuesday, December 30, 2025

Sólo tu corazón caliente - Federico García Lorca

Sólo tu corazón caliente,
y nada más.

Mi paraíso un campo
sin ruiseñor
ni liras,
con un río discreto
y una fuentecilla.

Sin la espuela del viento
sobre la fronda,
ni la estrella que quiere
ser hoja.

Una enorme luz
que fuera
luciérnaga
de otra,
en un campo
de miradas rotas.

Un reposo claro
y allí nuestros besos,
lunares sonoros
del eco,
se abrirían muy lejos.

Y tu corazón caliente,
nada más.

Me gusta