Sunday, November 01, 2026

Un poema de Tania Ganitsky

Ahora no puedo

escribo

Con las manos untadas de tierra

escribo

Es hora de acostarme

escribo

Dejé la voz en otro silencio

escribo

Es inútil

escribo

Espero de rodillas la llegada de la música

escribo

Nunca he leído un testamento

escribo

A mi abuelo le agradaba ver pastar a los caballos

escribo

Perdió la esperanza durante la guerra

escribo

La recuperó en el exilio

escribo

Estoy lejos

escribo

Te quiero

escribo

Interrumpimos la comedia de Billy Wilder

escribo

Esta ciudad es de los cuervos

escribo

Nunca más, nunca más

escribo

Jamónjamónjamónjamónjamonja

escribo

No me siento sola

escribo

Hay una dirección postal en cada palabra

escribo

En cada persona

escribo

Sello el sobre con la lengua

escribo

como si fuera un testamento.

 


Conferencia dictada por Flannery O’Connor (1925-1964)

He escuchado decir que el cuento es una de las formas literarias más difíciles, y siempre me ha intrigado saber por qué piensan así las personas sobre lo que me parece ser una de las formas más naturales y fundamentales de expresión humana. Después de todo, comienzas a escuchar y contar historias cuando eres niño, y no parece haber nada muy complicado al respecto. Sospecho que muchos de ustedes han estado contando historias todas sus vidas, y sin embargo aquí están sentados, para descubrir cómo hacerlo.

Un cuento es una acción dramática completa, y en los buenos relatos, los personajes se muestran a través de la acción y la acción se controla a través de los personajes, y el resultado de esto es el significado que se deriva de toda la experiencia presentada. Yo misma prefiero decir que un relato es un evento dramático que involucra a una persona, porque es una persona, una persona en particular, la que comparte la condición humana en general, en una situación humana específica. Un cuento siempre implica de una manera dramática, el misterio de la personalidad. Presté algunas historias a una señora que vive en la misma ruta en que vivo, y cuando me las devolvió, dijo: 'Bueno, esas historias simplemente muestran lo que algunas personas harían', y pensé para mí misma que eso estaba correcto; cuando escribimos historias, debemos contentarnos con comenzar exactamente ahí; mostrar lo que algunas personas específicas harían; lo que harían a pesar de todo.

Ahora bien, este podría parecer un nivel muy humilde para comenzar, y la mayoría de personas que piensan que quieren escribir cuentos no están dispuestas a comenzar ahí. Quieren escribir acerca de problemas, no sobre personas, o sobre temas abstractos y no sobre situaciones concretas. Ellos tienen una idea, un sentimiento, o un ego desbordante, o quieren ser “Un Verdadero Escritor”, o quieren impartir sabiduría al mundo de una manera lo suficientemente simple para que este pueda absorberla. En cualquier caso no tienen una historia y no estarían dispuestos a escribirla si la tuvieran, y en ausencia de esa historia, se embarcan a buscar una teoría, una fórmula o una técnica.

Ahora, nada de esto quiere decir que cuando escribes un relato se supone que debes olvidar o renunciar a cualquier posición moral que tengas. Tus creencias serán la luz por la que veas, pero no serán lo que ves y no serán un sustituto de ver. Para el escritor de ficción, todo tiene su punto de partida en el ojo, y el ojo es un órgano que eventualmente involucra a toda la personalidad y a la mayor parte del mundo que pueda absorber. Implica juicio. El juicio es algo que comienza en el acto de la visión, y cuando no lo hace, o cuando se separa de la visión, entonces existe una confusión en la mente que se transfiere a la historia.

La ficción opera a través de los sentidos, y creo que una de las razones por las que a las personas les resulta tan difícil escribir relatos es porque olvidan cuánto tiempo y paciencia se necesita para convencer a través de los sentidos. Ningún lector que no experimente realmente la historia, que no la sienta, va a creer todo lo que el escritor de ficción sencillamente le cuente. La primera y más obvia característica de la ficción es que trata de la realidad a través de lo que se puede ver, oír, oler, saborear y tocar. Ahora bien, esto es algo que no se puede aprender solo con la cabeza, tiene que ser parte de tus hábitos. Tiene que ser parte de la manera en que habitualmente miras las cosas. El escritor de ficción tiene que entender que no puede crear compasión con compasión o emoción con emoción o pensamiento con pensamiento. Tiene que proporcionar todo esto con un cuerpo, tiene que crear un mundo que tenga peso y extensión.

He descubierto que los relatos de los escritores principiantes generalmente están repletos de emoción, pero esa emoción es a menudo muy difícil de determinar. El diálogo frecuentemente emana sin la ayuda de un personaje visible, y el pensamiento desordenado surge en cada rincón de la historia. La razón suele ser que el estudiante está totalmente interesado en sus pensamientos y emociones y no en su acción dramática y que este es holgazán o no está dispuesto a descender a lo concreto, donde opera la ficción. Él piensa que el juicio existe en un lugar y la impresión de los sentidos en otro. Pero para el escritor de ficción, el juicio comienza con los detalles que ve y cómo los ve.

Los escritores de ficción que no están interesados en estos detalles concretos son culpables de lo que Henry James llamó 'la especificación débil'. El ojo se deslizará sobre sus palabras mientras la atención se queda dormida. Ford Madox Ford enseñó que no se puede hacer que un hombre aparezca lo suficiente en una historia como para vender un periódico a menos que se le coloque allí con suficiente detalle para que el lector lo vea.

Tengo un amigo que está tomando clases de actuación en Nueva York de una mujer rusa que se supone es muy buena enseñando actores. Me dice mi amigo que el primer mes no enunciaron una sola línea, solo aprendieron a ver. Ahora, aprender a ver es la base para aprender todas las artes, excepto la música. Conozco a muchos escritores de ficción que pintan, no porque sean buenos para pintar, sino porque les ayuda a escribir. Los obliga a mirar las cosas. La escritura de ficción rara vez consiste en decir cosas; trata de mostrar cosas.

Sin embargo, decir que la ficción avanza por el uso de detalles no significa la simple acumulación mecánica de detalles. El detalle tiene que ser controlado por un propósito general, y cada detalle debe funcionar para ese propósito. El arte es selectivo. Lo que contiene debe ser esencial y crear movimiento.

Ahora, todo esto requiere tiempo. Un buen cuento no debe tener menos significado que una novela, ni su acción ser menos completa. Nada esencial para la experiencia central puede quedar fuera de una historia corta. Toda la acción debe ser explicada satisfactoriamente en términos de motivación, y tiene que tener un comienzo, un medio y un final, aunque no necesariamente en ese orden. Creo que muchas personas deciden que quieren escribir cuentos porque son cortos, es decir, cortos en todos los sentidos. Piensan que un cuento es una acción incompleta en la que se muestra muy poco y se sugiere mucho, y piensan que sugieres algo al dejarlo fuera. Es muy difícil disuadir a un alumno de esta noción, porque este piensa que cuando deja algo fuera, está siendo sutil, y cuando le dices que tiene que poner algo antes de que ese algo pueda estar allí, él piensa que eres una idiota insensible.

Tal vez la pregunta central a tener en cuenta en cualquier discusión sobre el cuento sea qué queremos decir con brevedad. Ser corto no significa ser ligero. Una historia corta debe ser larga en profundidad y debe darnos una experiencia de significado. Tengo una tía que cree que en una historia no pasa nada a menos que alguien al final se case o sea baleado. Escribí una historia sobre un vagabundo que se casa con la hija idiota de una anciana para apoderarse del automóvil de la vieja. Después del matrimonio, él lleva a su nueva esposa en un viaje de bodas en el automóvil y la abandona en una fonda. Ahora, esa es una historia completa. No hay nada más relacionado con el misterio de la personalidad de ese hombre que pueda mostrarse a través de esa dramatización particular. Pero nunca he podido convencer a mi tía de que es una historia completa. Ella quiere saber qué le pasó a la hija idiota después de eso.

No hace mucho, esa historia fue adaptada para la televisión, y quien la adaptó, que sabe su asunto, hizo que el vagabundo cambiara de parecer y volviera a buscar a la hija idiota y los dos se marcharan sonriendo como locos. Mi tía cree que la historia por fin está completa, pero tiene otros sentimientos al respecto, que no son adecuados para ser enunciados públicamente. Cuando escribes un relato, tu deber es escribir esa historia, pero siempre habrá personas que se negarán a leer la historia que has escrito.

Y esto naturalmente trae a colación la no muy placentera pregunta de para qué tipo de lector estás escribiendo cuando escribes ficción. Tal vez cada uno de nosotros cree tener una solución personal para este problema. Por mi parte, tengo una opinión muy alta del arte de la ficción y una muy baja de lo que se llama el lector "promedio". Me digo a mí misma que no puedo escapar de él, que esta es la personalidad que se supone debo mantener despierta, pero que, al mismo tiempo, también se supone que debo proporcionar al lector inteligente la experiencia más profunda que este busca en la ficción. En realidad, ambos lectores son solo aspectos de la propia personalidad del escritor y, en último análisis, el único lector del que el escritor puede saber algo es de sí mismo. Todos escribimos a nuestro propio nivel de comprensión, pero es característica peculiar de la ficción que su superficie literal puede ser producida para proporcionar entretenimiento en un plano físico obvio a un tipo de lector, mientras se puede lograr que la misma superficie tenga significado para la persona equipada para experimentarla.

Significado es lo que evita que un cuento se quede corto. Prefiero hablar del “significado” de una historia en vez del “tema” de una historia. La gente habla sobre el tema de una historia como si el tema se pudiera equiparar a la cuerda con la que se ata un saco de alimento para pollos. Piensan que si puedes elegir el tema, de la misma forma en que eliges el hilo correcto para el saco de alimento de pollos, puedes abrir la historia y alimentar a los pollos. Pero esta no es la manera en que el significado funciona en la ficción.

Cuando puedes señalar el tema de un cuento, cuando puedes separarlo del relato mismo, puedes estar seguro que este no es muy bueno. El significado de una historia tiene que ser incorporado en ella, tiene que ser concretado en ella. Una historia es una manera de decir algo que no se puede decir de otra manera, y se necesita cada palabra de la historia para darle significado. Usted cuenta una historia porque una simple declaración por sí misma sería inadecuada. Cuando alguien pregunta de qué se trata una historia, lo único correcto es decirle que la lea. El significado de la ficción no es un significado abstracto sino un significado "sentido", y el propósito de hacer declaraciones sobre el significado de un relato es solo para ayudarte a experimentar ese significado más plenamente.

La ficción es un arte que exige la más estricta atención a lo real, ya sea que el escritor esté escribiendo una historia sobre algo natural o una fantasía. Quiero decir que siempre comenzamos con lo que es verdad, o lo que tiene una eminente posibilidad de ser verdad. Incluso cuando uno escribe una fantasía, la realidad es la base adecuada de esta. Una cosa es fantástica porque es muy real, tan y tan real que es fantástica. Graham Greene ha dicho que no puede escribir, “Me paré en un pozo sin fondo”, porque eso no podría ser cierto, o “corriendo por las escaleras salté a un taxi”, porque tampoco podría ser cierto. Pero Elizabeth Bowen puede escribir acerca de uno de sus personajes que "arrebató su cabello como si escuchara algo en él", porque eso es eminentemente posible.

Incluso, me atrevería a decir que la persona que escribe una fantasía tiene que estar aún más estrictamente atenta al detalle concreto que alguien que escribe en una línea naturalista: porque cuanto mayor es la tensión de la historia sobre la credulidad, más convincentes deben ser las propiedades de esta.

Un buen ejemplo de esto es un relato llamado 'La Metamorfosis', de Franz Kafka. Es esta una historia acerca de un hombre que se despierta una mañana y descubre que durante la noche se ha convertido en una cucaracha, sin descartar su naturaleza humana. El resto de la historia se refiere a su vida y sentimientos y su eventual muerte como un insecto con naturaleza humana, y esta situación es aceptada por el lector porque el detalle concreto de la historia es absolutamente convincente. El hecho es que esta historia describe la naturaleza dual del hombre de una manera tan realista que es casi insoportable. La verdad no está distorsionada aquí, sino que se usa cierta distorsión para llegar a la verdad. Si admitimos, como debemos hacerlo, que la apariencia no es lo mismo que la realidad, entonces debemos dar al artista la libertad de hacer ciertos reordenamientos de la naturaleza si estos conducen a una mayor profundidad de visión. El artista mismo siempre tiene que recordar que lo que está reorganizando es la naturaleza, y que tiene que conocerla y ser capaz de describirla con precisión para tener la autoridad de reorganizarla.

El problema peculiar del escritor de cuentos es cómo hacer que la acción que describe revele tanto del misterio de la existencia como sea posible. Él tiene muy poco espacio para hacerlo y no puede hacerlo por declaración. Tiene que hacerlo mostrando, no diciendo, y mostrando lo concreto; de modo que su problema realmente es cómo lograr que lo concreto trabaje de manera doble para él.

En la buena ficción, algunos de los detalles tenderán a acumular significado a partir de la acción de la historia misma, y cuando esto sucede se vuelven simbólicos en la forma en que funcionan. Una vez escribí una historia llamada 'Good Country People', (La buena gente del campo) en la que un vendedor de Biblias le roba una pierna de madera a una joven que lo trató de seducir. Ahora, debo admitir que, parafraseada de esta manera, la situación es simplemente una broma baja. El lector promedio se complace en observar que alguien robó una pierna de madera. Pero sin dejar de apelar a él y sin hacer ninguna declaración de alta intención, esta historia sí logra operar en otro nivel de experiencia para el lector, al permitir que la pierna de madera acumule significado. Al principio de la historia, se nos presenta el hecho de que la joven (doctora en filosofía) está tanto espiritual como físicamente lisiada. Ella no cree en nada más que su propia creencia en nada, y percibimos que hay una parte de madera en su alma que corresponde a su pierna de madera. Ahora, por supuesto, esto nunca se menciona. El escritor de ficción dice lo menos posible. El lector hace esta conexión por medio de las cosas que se le muestran. Puede que ni siquiera sepa que hace la conexión, pero la conexión está ahí, sin embargo, y tiene su efecto en él.

A medida que la historia avanza, la pierna de madera continúa acumulando significado. El lector se percata de lo que siente la muchacha acerca de su pierna, lo que siente su madre al respecto, y lo que siente la mujer del campo; y finalmente, cuando llega el vendedor de Biblias, la pierna ha acumulado tanto significado que está, como se dice, cargada. Y cuando el vendedor de Biblias se la roba, el lector se da cuenta de que este le ha quitado parte de la personalidad a la muchacha y ha revelado por primera vez lo que la aflige más profundamente.

Si usted quiere decir que la pierna de madera es un símbolo, puede decirlo. Que es una pierna de madera primero, y que es absolutamente necesaria para la historia. Tiene su lugar en el nivel literal de la historia, pero opera tanto en la profundidad como en la superficie. Da valor a la historia en todas las direcciones, y esta es esencialmente la manera en que una historia escapa de quedarse corta.

Ahora, se podría decir algo sobre la forma en que esto sucede. No quisiera que pensaran que en ese relato me senté y dije: 'Ahora voy a escribir una historia sobre una doctora en filosofía que tiene una pierna de madera, y utilizaré la pierna de madera como símbolo de otro tipo de aflicción’; dudo que muchos escritores sepan qué van a hacer cuando comienzan un relato. Cuando comencé a escribir esa historia, no sabía que en ella iba a haber una doctora con una pierna de madera. Me encontré una mañana escribiendo una descripción de dos mujeres de las que sabía algo, y antes de darme cuenta, había una de ellas que tenía una hija con una pierna de madera. A medida que avanzaba la historia, introduje el vendedor de biblias, pero no tenía idea de qué iba a hacer con él. No sabía que este iba a robar esa pierna de madera hasta diez o doce líneas antes que lo hiciera, pero cuando descubrí que esto era lo que iba a suceder, me di cuenta de que era inevitable. Esta es una historia que produce un impacto en el lector, y creo que una razón para esto es que produjo un impacto en el escritor.

Ahora, a pesar del hecho de que este relato surgió de esta manera aparentemente sin sentido, casi no necesitó reescritura. Es una historia que estuvo bajo control a lo largo de su escritura, y se podría preguntar cómo se produce este tipo de control, ya que no es del todo consciente.

Creo que la respuesta a esto es lo que Maritain llama "el hábito del arte". Es un hecho que la escritura de ficción es algo en lo que interviene toda la personalidad, tanto la mente consciente como el inconsciente. El arte es el hábito del artista; y los hábitos tienen que estar arraigados en lo profundo de toda la personalidad. Tiene que ser cultivado como cualquier otro hábito, durante un largo período de tiempo, por la experiencia; y enseñar cualquier tipo de escritura es principalmente una cuestión de ayudar al alumno a desarrollar el hábito del arte. Creo que ello es más que una simple disciplina, aunque es eso; creo que es una forma de ver la creación y de utilizar los sentidos de manera que encuentren el mayor significado posible en las cosas.

Ahora, yo no soy tan ingenua como para suponer que la mayoría de la gente acude a las conferencias de escritores para escuchar qué tipo de visión es necesaria para escribir historias que se convertirán en una parte permanente de nuestra literatura. Incluso, aún si deseara escuchar eso, sé que sus mayores preocupaciones son primordialmente prácticas. Desea saber cómo puede escribir una buena historia y, además, cómo saber cuándo lo ha logrado; de modo que lo que busca es saber cuál es la forma de un relato corto, como si la forma existiera fuera de cada historia y pudiera aplicarse o imponerse sobre el material. Por supuesto, cuanto más escribes, más te darás cuenta que la forma es orgánica, que es algo que surge del material, que la forma de cada historia es única. Una buena historia no se puede reducir, solo puede ser expandida. Una historia es buena cuando continúas viendo más y más en ella, y esta continúa escapándosete. En la ficción dos y dos es siempre más de cuatro.

La única forma, creo, de aprender a escribir cuentos es escribiéndolos, y luego tratar de descubrir lo que has hecho. El momento de pensar en la técnica es realmente cuando tienes la historia delante de ti. El profesor puede ayudar al alumno observando su trabajo individual y tratando de auxiliarlo en descubrir si ha escrito una historia completa, en la que la acción ilumina completamente el significado.

Tal vez lo más beneficioso que puedo hacer es expresarles algunas de las observaciones generales que hice sobre las siete historias vuestras que leí. Aunque todas esas observaciones no se ajustarán exactamente a ninguna de las historias, son puntos que no afectarán negativamente a nadie interesado en escribir.

De lo primero que cualquier escritor profesional es consciente al leer cualquier cosa, naturalmente, es del uso del lenguaje. Ahora, el uso del lenguaje en estas historias fue tal que, con una excepción, sería difícil distinguir una historia de otra. Si bien puedo recordar haber tropezado con varios clichés, no puedo recordar una imagen o una sola metáfora de las siete historias. No quiero decir que no haya imágenes en ellas; solo quiero decir que no hubo ninguna que fuera lo suficientemente efectiva como para que se quedara grabada en mí.

En relación con esto, hice otra observación que me sobresaltó considerablemente. Con la excepción de una historia, prácticamente no hubo uso del idioma local. Ahora, esta es una conferencia de escritores del Sur. Todas las direcciones en estas historias eran de Georgia o Tennessee, sin embargo, no había un sentido distintivo de la vida sureña en ellas. Se expresaron algunos nombres de lugares, Savannah o Atlanta o Jacksonville, pero estos podrían haber sido fácilmente cambiados a Pittsburgh o Passaic, sin incurrir a ninguna otra alteración en la historia. Los personajes hablaban como si nunca hubieran escuchado ningún tipo de lenguaje, excepto el que se escucha en un televisor. Esto indica que algo está fuera de foco.

Hay dos cualidades que conforman la ficción. Una es la sensación de misterio y la otra es el sentido de los modales. Obtienes los modales de la textura de la existencia que te rodea. La gran ventaja de ser un escritor sureño es que no tenemos que ir a ningún lado para buscar ejemplos de modales; malos o buenos, los tenemos en abundancia. Nosotros en el Sur vivimos en una sociedad rica en contradicciones, rica en ironía, rica en contraste y particularmente rica en su habla. Y sin embargo, aquí hay seis historias escritas por sureños en las que casi no se usan los regalos de la región.

Por supuesto, la razón de esto puede ser que se ha visto abusar de estos dones con tanta frecuencia que nos hemos vuelto tímidos al usarlos. No hay nada peor que el escritor que no usa los dones de la región, sino que se revuelca en ellos. Todo se vuelve tan sureño que es nauseabundo, tan local que es ininteligible, reproducido tan literalmente que no transmite nada. Lo general se pierde en lo particular en lugar de ser trasmitido a través de ello.

Sin embargo, cuando la vida que realmente nos rodea es totalmente ignorada, cuando nuestros patrones de expresión son pasados por alto por completo, entonces algo está fuera de lugar. El escritor debe entonces preguntarse si no está expresando un tipo de vida que es artificial para él.

El dialecto caracteriza a una sociedad, y cuando ignoras la expresión idiomática, es muy probable que ignores todo el tejido social que podría convertirse en un personaje significativo. No se puede aislar a los personajes de su sociedad y decir mucho sobre ellos como individuos. No se puede decir nada significativo sobre el misterio de una personalidad a menos que se ponga esa personalidad en un contexto social creíble y significativo. Y la mejor manera de hacerlo es a través del lenguaje propio del personaje. Cuando la anciana de una de las historias de Andrew Lytle dice desdeñosamente que tiene una mula que es más vieja que Birmingham, en esa frase tenemos la sensación de una sociedad y su historia. Una gran parte del trabajo del escritor sureño está hecho antes de que él comience, porque nuestra historia vive en nuestra lengua. En una de las historias de Eudora Welty, un personaje dice: "De donde yo vengo, utilizamos zorros como perros de patio y búhos como pollos, pero cantamos verdad". Ahora, hay un libro entero en esa oración; y cuando la gente de tu sección puede hablar así, y la ignoras, simplemente no estás aprovechando lo que es tuyo. El sonido de nuestra conversación es demasiado definitivo para ser descartado con impunidad, y si el escritor trata de deshacerse de él, es probable que destruya la mayor parte de su poder creativo.

Otra cosa que observé en estas historias es que la mayoría de ellas no profundizan mucho en un personaje, no revelan mucho del personaje. No me refiero a que no entren en la mente del personaje, sino que simplemente no muestran que tiene personalidad. De nuevo, esto se debe en parte al habla. Estos personajes no tienen un lenguaje distintivo con el cual revelarse; y a veces no tienen características realmente distintivas. Al final, sientes que no se revela ninguna personalidad porque allí no hay personalidad. En la mayoría de las buenas historias, es la personalidad del personaje la que crea la acción de la historia. En la mayoría de estas historias, creo que el escritor ha pensado en alguna acción y luego ha buscado un personaje para interpretarla. Por lo general, serás más exitoso si comienzas al revés. Si comienzas con una personalidad real, un personaje real, entonces algo va a suceder; y no tienes que saber qué antes de comenzar. De hecho, puede ser mejor si no sabes qué, antes de comenzar. Deberías poder descubrir algo en tus propias historias. Si no lo haces, probablemente nadie más podrá hacerlo.


Flannery O’Connor (1984) Mystery and Manners: Occasional Prose. Sally and Robert Fitzgerald (eds), London: Faber & Faber, pp. 87-106.

Traducido del inglés por Isaías Ferreira Medina.

Un poema de María Lucesole


Fui a una manifestación y la sentía
cerca de mí, enfrente de mí,
dentro de mí.
Como un laberinto de gente
que es ella misma el espacio
que para los demás dejan sus muros.
Laberintos de árboles, de mármol,
de personas que se mantienen
todas juntas
formando figuras extraordinarias bajo el cielo.
Me senté entre la gente y la sentía cerca de mí,
miré tantas piernas y caras enfrentando al sol
mientras llegaba una música
que pareció estar ahí desde otra vida.
Algunos bailaron tristemente,
yo sentí que estaba ahí por retener la sensación
de la gente reunida,
con el temor de que alguna vez
pase a ser sólo un recuerdo.
El único temor, por cierto:
que la figura extraordinaria deje de armarse
y que cada laberinto pase a ser la marca interior
de un tiempo pasado de lucha.
Fui a una manifestación
y la sentí dentro de mí,
cerca de mí.
Enfrente de mí había músicos y lemas,
personas viviendo en lo importante,
¿queda otra opción? Temí,
no poder sentir más esa calidez
inexplicable y sin reemplazo
de los cuerpos abrazados
de los desconocidos.
Fui a una manifestación
y la sentía dentro de mí,
me atravesaba ese laberinto de gente
como el reflejo del sentimiento
de mi alma
que aún no conozco,
como el brillo de la luna en el agua,
me atravesaba la gente.



Wednesday, October 28, 2026

Más Rodolfo Edwards

MI VIEJO

andando por la calle
un hombre invisible
me tocó el hombro
y me llevó abrazado
como media cuadra:
era mi viejo
con salida transitoria del cielo

*

tropiezo con las cosas
como un perro ciego y cansado
sos mi derrota mas hermosa.

*

COSAS QUE SUCEDEN DE VEZ EN CUANDO

un pique en un partido de fútbol
una estrella fugaz
un eclipse
una vaquita de San Antonio
Woodstock 69
Abbey Road
un billete de cien pesos encontrado en el suelo
un trébol de cuatro hojas
un poema lindo
un día perfecto
un gato con un ojo verde y un ojo azul
una rebaja de precios
un día de lluvia con sol
un amigo de verdad
un amor para toda la vida

*

tal vez el talento consista en escribir 
siempre sobre lo mismo 
de todas las maneras imposibles

Tuesday, October 27, 2026

Algunos poemas de Mariela Laudecina

Solidaridad

La vecina conserva milagros macerados en alcohol.
Le he pedido que me convide en una botella transparente.
Cuando los expongo al sol, emanan luces y resonancias
partículas iridiscentes atraviesan el vidrio
algunas se posan sobre la mesa
y el pan se duplica y las copas rebasan de vino.

En el ocaso, hendidas en mi oído, me libero a parajes
floridos.

Los días ventosos son mis preferidos, destapo el recipiente

y no sé

quién soy.

*

(11/4/2021)

Cayó una hormiga del techo
en una vuelta de página
que me recordaba una voz de terciopelo
Cayó como si del cielo se tratara
y caminó renga sobre las líneas de mi mano
La tuve así, un rato, dibujaba círculos
viejos que me recordaron el pasado de una niña
La dejé en el pasto y se perdió
me olvidé de la voz, del pasado
quedó la marcha silenciosa de su levedad
el tropiezo atinado del azar, su única vida.


*
Me da miedo entrar al río de noche
tanto como no hacer pie, de día
y me acerqué a las vacas
otra manera de ser valiente
Dormían juntas
percheronas e ingenuas
Cómo no quererlas porque sí
a la gente la quiero por menos
Es tan fácil que me cuesta creer
que para otros sea tan difícil
Como las vacas
intuyo que algo no está bien
pero ya estoy en el matadero.

*

A veces sé cosas
que ya sucedieron o están siendo
Vos no crees que alguien pueda ver el futuro
Decís que soy intuitiva para relacionar situaciones
Yo no sé por qué me pasa
Lo más extravagante es que luego
lo puedo comprobar
No solamente con mi vida
si no también con gente a quienes apenas conozco
Es difícil explicar la certidumbre de las imágenes
y algunos hechos
Las señales que no puedo evitar leer
me las da el mundo
conversaciones, repeticiones, caras
sensaciones corporales intensas
y los sueños completarían las pistas
que me conducen hacia lo que pronto será o es
Quisiera que no ocurriera
¿Pero cómo controlarlo?
Es un rayo
invisible que me hace temblar
a veces de miedo
otras de dolor
como cuando iba en el taxi al hospital
y supe que tenía leucemia
fue un segundo
que mucho después recordé
No se lo conté a nadie
como muchas de las cosas que ¿intuyo?
¿presiento? ¿veo?
Es difícil convivir con algo
que se emparenta con la locura
y mucho más difícil decirlo
Es como transmitir un sentimiento
y su falla inherente
la de pretender que otrx lo entienda
si no lo experimentó
Quizá sea una compensación
una forma de condena
o una serendipia constante
a la que habrá que abandonarse.

*

No pueden creer en su poder
la miran ir y venir
cuando limpia las mesas
abre botellas
acerca el maní
Muestra la panza
y deja ver apenas las suaves
curvas de sus pechos redondos
perfectos
también sus caderas
el culo
hasta el rapado en un costado de su cabeza
Altiva
recorre el camino sinuoso del bar
Podría ser actriz de cine
reina de la vendimia
señorita baywatch
pero no
Ella es moza de un lugar
que se llama Un lugar
Si la viera mi padre le ofrecería matrimonio
si la viera mi hermana
se enojaría
Hasta mi novio se detuvo en ella
antes de irnos
se dio vuelta y sus ojos se encontraron
No me importó
era la moza más linda que vi
No hacía falta que hablara
un ángel perverso salía de su boca
cuando decía alguna que otra palabra
Cerveza
La carta
Buenas noches
y eso basta para querer estar a su lado
Lo bello es bello porque escasea
me dijo un amigo
Si pudiera ser otra elegiría
tener ese halo
que te da la belleza
por un rato
en un lugar penumbroso
donde se espera
y tu vida es un enigma para el otro
casi siempre.




Thursday, October 22, 2026

Más Susana Thénon



Al poema le incumbe todo, aun la tierra más ingrata,
la prueba más dura. De su confrontación consigo
mismo no está ausente la guerra con lo ajeno.

Todo y nada están ahí para ser dichos. El poema es
el puente que une dos extremos ignorados. Pero es
también esos extremos. El poema es una venturosa
incursión por lo ignorado.

Para el lector brillará otro elemento no previsto:
una raíz, una rama. El poema total sería entonces
un resultado de sumas infinitas, de confrontaciones,
contradicciones y memorias, de recuperaciones y
pérdidas, de olvido, muerte y ser: (sería como un dios)
algo inmortal nacido de criaturas mortales.

*

AHORA

Las vida es prosa
coagulada en barro,
en piel,
en rojo tumefacto.
La vida es esta cosa doméstica
que manoseo todos los días
con indiferencia,
con la pasividad de un ave de corral,
sin sueños.
La vida no tiene ese color
que se presiente de lejos,
nos hipnotiza
con su arco iris
de impúdica esperanza.
¿Y después, después qué?
Pero ahora pienso
en la vida.
Esa prostituta.

*

QUIÉN

¿Quién caerá primero?
¿Quién estará solo
primero?
¿Quién
se resistirá inútilmente
al cielo que avanza?

*

LA ANTOLOGÍA

¿tú eres
la gran poietisa
Susana Etcétera?
mucho gusto
me llamo Petrona Smith-Jones
soy profesora adjunta
de la Universidad de Poughkeepsie
que queda un poquipsi al sur de Vancouver
y estoy en la Argentina becada
por la Putifar Comissión
para hacer una antología
de escritoras en vías de desarrollo
desarrolladas y también menopáusicas
aunque esa cosa sabida que sea como fuere
todas las que escribieron y escribirán en Argentina
ya pertenecen a la generación del 60
incluso las que están en guardería
e inclusísimamente las que están en geriátrico
pero lo que importa profundamente
de tu poesía y alrededores
es esa profesión –aaah ¿cómo se dice?–
profusión de íconos e índices
¿tú qué opinas del ícono?
¿lo usan todas las mujeres
o es también cosa del machismo?
porque tú sabes que en realidad
lo que a mí me interesa
es no sólo que escriban
sino que sean feministas
y si es posible alcohólicas
y si es posible anoréxicas
y si es posible violadas
y si es posible lesbianas
y si es posible muy muy desdichadas
es una antología democrática
pero por favor no me traigas
ni sanas ni independientes.

Saturday, October 17, 2026

Algunos poemas de Irene Gruss

Mi hijo se hamaca
y canta.
Canta la misma canción
y ríe igual,
como si me estuviera hamacando
y fuese mi canción
y este --y aquel-- vaivén
nos perteneciera.
*

XIII
Mi madre me acuna. Canta y
el aire le sale
por la boca. Inhalo
por la herida,
mi madre sabe
de estas cosas: cierra su boca,
esta forma cruel
de respirar, guardar
el alma.

XIV
Si se me va
el aire se me va
el asma. Temo
por la herida, por la boca temo.
Si exhalara...
Yo te di mi corazón.
Si dieras el alma...
*

La soberbia gallina
Soy madre única,
no comparto
si hay grasa en el caldo,
si habrá puchero hoy, la gallina
cloquea sin parar, arrima
el ala antes de que
cada huevo rompa, y después,
crudamente el cacareo, expulsa
cantando la leve razón de ser: el huevo, la gallina,
el breve sentido, a secas:
algo falla,
lo justo falla, divinamente
expulsado por mí, la ponedora.
*

PERO EL ARTE
A Mirta Rosenberg, a Elizabeth Bishop

Lo bueno y lo malo que he perdido no ha sido arte
sino malentendidos: no saber oír,
trastabillarme;
raro cansancio hacía que diera cosas
por sentado: el abrazo;
hasta un puré era algo tan elaborado que evité pelar papas,
decir sí,
ya fuera por bueno
o malo, sin arte alguna, me equivocaba.
Después descubrí que el errar o el perderse
podrían ser lo mismo, un oficio extravagante. Pero el arte,
ah el arte, no es oficio
sino servir
un simple puré de papas, ni muy caliente
ni tibio.
*

EL TÉ

Está sentada frente a mí
y hace ruidos con la taza, la golpea sin querer.
Está loca pero la que desea
matarla soy yo.
Si le comento cualquier asunto, ella pregunta
con tono de loca más que dubitativa: ¿ah, sí?
Ahora está
diciéndome que hay vidrios rotos
en su barriga, la cortan, le duele.
Miro la taza que golpeaba, intacta,
y el té que viene hacia mí, de a poco,
rogando algo que no entiendo. El líquido
toma una forma que me asusta, y al mismo tiempo
sé que lo que pide
es piedad, ayuda; es té tibio
sobre la mesa
y es mi hermana.
*

EL TONO
Mi voz dice lo que no quiero decir,
mi voz tiene otro tono,
lo que quiero decir no lo dice,
dice otra cosa.
Lo que no digo a veces lo dice mi voz
o el silencio, el mío, lo dice pero
no se entiende. Mi voz larga
un ruido grave, un
comentario gutural, casi sin voz.
Mi voz no escucha lo que digo.
Yo escucho a mi voz decir
otra cosa.
Lo que no digo no puede oírse, y eso
es lógico. Cuando mi voz lo dice
a veces, el tono suena
desligado de mí, el sonido, el tono
es otro.
Lo que quiero decir no se escucha. Mi voz no habla,
semeja un tono
cansado de sí, del otro tono que no dice
más que un comentario, grave, baja
mi voz
cada vez que escucho, sordo el sonido
de lo que digo a veces
en un hilo casi
al otro casi,
una sola
vez que diga
lo que no quiero, mi voz,
oír.

Friday, October 16, 2026

Algunos poemas de Begoña Abad

La medida de mi madre

No sé si te lo he dicho:
mi madre es pequeña
y tiene que ponerse de puntillas
para besarme.
Hace años yo me empinaba,
supongo, para robarle un beso.
Nos hemos pasado la vida
estirándonos y agachándonos
para buscar la medida exacta 
donde poder querernos.

*

Últimamente dedico horas y horas
a mirar a mi madre.
Su lentitud y su tesón
para buscar las gafas,
para buscar las llaves,
para buscar lo que necesita.
Aprendo el modo de buscarla a ella,
para cuando me falte.

*

Mi madre no recuerda el nombre de su madre.
Ha olvidado el camino de regreso a la vida,
no sabe usar el peine, ni la cuchara,
se pone, casi siempre, la chaqueta al revés
y revuelve cajones en su memoria,
pero siempre sonríe al escuchar mi nombre.
Mi madre no recuerda si tuvo algún amante,
si ha viajado muy lejos, si ha perdido algún tren,
dónde están sus anillos, si alguna vez fue guapa,
que le gustaba tanto el Chinchón y el café,
que las letras unidas tienen significado
y que el perro que amaba nos dejó ya hace un mes.
Mi madre me recuerda, sin amargura,
lo que yo he olvidado tan tontamente,
la oración de su abuela que me dormía
las canciones de cuna que me cantaba,
y unas romanzas moras que, en letanía,
desgrana mirando por la ventana.
Mi madre y yo sujetamos recuerdos olvidados
como podemos, a veces con dolor,
otras con risas, siempre con esperanza.

*

Un día sucede, sin aviso,
que te agachas definitivamente,
a ras de suelo,
que tocas sus pies y los descalzas,
que comienzas a mirarla desde abajo
sin verle los ojos,
comienzas a vestirla y ella se deja
apoyando sus manos en tus hombros.
Y no sucede nada más
y sin embargo tú percibes su derrota
y comienzas a amarla de otro modo,
vencida tú también, ambas vencidas
y el tiempo comienza la cuenta atrás.

Algunos de Ana Jimena Sánchez

ELLAS

Desfilan todas
frente a mis ojos
aguardando la apacible tarde
de parecerse a mí

dicen
que han acabado ya
con sus rencores
que podrían turnarse
el espacio
de mi cuerpo

dicen muchas cosas

mi madre cree
que pude ser aquella

haber vestido el atuendo
atendido el asunto

pero a mí siempre me gustó más
la embestida

desfilan puras y escandalosas
dominadas y elocuentes
sabias y recatadas
risueñas y observadoras
soñadoras maltratadas
malvadas nocturnas

señoras

mi tatarabuela
dejó su país por enamorada
mi bisabuela creció
sin madre
su hija entendió la
historia
y tuvo
que perdonarla

por el recibidor
de mi pecho vivo
se pasean todas ellas
desenfadadas
alegres confiadas
de que encontrarán
su tiempo
el espacio
el minuto exacto
para salir a la luz
y dejarme ver
la otra cara.

*

ANTEPASADA

Antes de saber
que mi nombre no era
mío
que viviría
lejos de la casa de mis padres
que morirían
el romero y la lavanda
de mi propio hogar
que tendría que volver
a sembrarlos

antes de saber
que las cosas cambian
que mi hermana dejaría de hablarme
que todo
de a poco
se acepta

antes de ti
y de lo bello
y lo bueno
y lo inevitable,

estuve parada
ante la vida
vulnerable.

*

No sé muy bien
quién fui
cuando escribía arrinconada
y en libretas pequeñas,
cuando
una cierta ingenuidad
me humedecía
detrás de lo tosco
detrás de mi cuerpo
que florecía y era doliente.
No sé tampoco
quién era
cuando te escribía a ti,
cuando mi impulso y mi querer
eran inefables y, sin embargo,
ahí estaba yo, dándole
ternura a la palabra.
No sé qué forma adoptó
mi relato
cuando sólo me sabía
llanto y pérdida
y soledad angustiosa.
O cuando, yendo hacia
adelante, te recordé
por primera vez. Ahí yo era
una mujer de ropas blancas,
tez morena, pasión
numérica
y tampoco lo sabía.
No supe quién fui
cuando nos besamos,
o cuando marchamos en
direcciones opuestas.
No sé quién soy ahora;
es sólo una sospecha
lo que prevalece.


Algunos poemas de María Mascheroni

Estoy escribiendo los poemas de mi madre.
El desafío: acercarme a otro modo de existencia.

Ella no existe en la cronología.

*

Escuchar ¡mamá! ¿mamá?
un susurro que es un grito en medio de la soledad de la noche
en una ciudad vacía
que de nuestras bocas emerja un susurro que ruega: mamá
mamita a los diez años, como a los treinta, a los
cincuenta o a los ochenta, no importa, como si algo no
hubiera crecido como si esa palabra agazapada no se
hubiera separado y pudiera aún mecernos en cada noche
atribulada del alma

*

Pensar la muerte de mi madre es como querer conocer la materialidad de la luz. No veo su muerte. La muerte suya va montada en el hueso cansado de mi espíritu. Nunca veré su muerte en mí como vi su cuerpo muerto.

*

Existimos vos y yo aún hoy, con la diferencia de estado que nos separa. Muerta vos, viva yo, seguimos caminando por las playas del sur. Y mientras el resto de mi vida se compacta y se dilata en una pulsación desconcertante, tu tiempo se despliega expandido en la eternidad.

*

Qué ocurre con el vínculo madre/hija cuando la madre ha muerto?

O cómo muere de madre una hija?





de Hoy no hay tiempo para la eternidad

Tuesday, October 13, 2026

Escribí una nota sobre Anne Carson

El Nobel de Anne Carson es un acontecimiento político
Por Jimena Arnolfi / Para Latfem

Anne Carson estaba barriendo el piso de su casa en Reikiavik, Islandia, cuando sonó el teléfono y le avisaron que acababa de ganar el Premio Nobel de Literatura 2026. La Academia Sueca subió una foto casera sacada por su esposo, el artista Robert Currie, en el momento de recibir la noticia. Ahí la vemos en la cocina, con un suetercito azul y un gesto de sorpresa total mientras sostiene el teléfono contra la oreja.

A veces pensamos que todo el mundo ve los videos que circulan por las redes sociales, pero todo es tan rápido y fugaz que prefiero dejar algunas cosas por escrito. Además de la fotografía, se difundió la conversación telefónica que mantuvo con una representante del Premio Nobel; transcribo un fragmento a continuación.

—¿Pensó en lo que significa este premio?
—No, solo estamos pensando en cómo donar el dinero. Tenemos una amiga que necesita una casa y también colaboramos con Médicos Sin Fronteras.
—¿Cómo va a celebrar la noticia?
—Vamos a salir a caminar por el bosque para no tener que atender el teléfono, para ser honesta.

Más tarde, efectivamente, una periodista la encontró por el barrio. Tal como dijo, Anne Carson salió a caminar por el bosque con el mismo suetercito y una campera inflada. En el video vemos cómo se ataja la gorra con visera —que lleva bordada la palabra “reality”— mientras el viento insiste en volársela. Sólo la vemos a ella; la cámara no enfoca a la periodista, pero por el tono de voz se nota que se encuentra por lo menos intimidada.

—Dijo que estaba escuchando el viento mientras hacían el anuncio oficial…
—Aquí es imposible no escuchar el viento. Vivimos del viento. Sí, eso estaba haciendo.
—¿Cómo fue la conversación con el comité del Nobel?
—Igual que esta conversación, un poco titubeante. Ustedes tienen las preguntas de siempre y yo no tengo respuestas.

En el breve intercambio, Anne Carson cuenta que visita Islandia desde 2008 (tiene la ciudadanía islandesa y, en una entrevista con María Negroni, contó que elige vivir allá porque “es increíblemente hermoso y está vacío”. También contó que junto a su marido hicieron amistad con muchos artistas y que la sociedad es muy amable y civilizada, a diferencia de la estadounidense). Volviendo al móvil tras el Premio Nobel, Carson comenta que en Islandia todos son poetas, entonces la periodista le pregunta por Halldór Laxness, el Nobel islandés. Carson, muy amable, responde que lo leyó y que le gusta. La nota dura cinco minutos y el final es este:

—¿Tiene algún comentario sobre el papel de la poesía en el mundo?
—No, supongo que no… Creo que ahora mismo es más útil que la prosa porque todo el mundo tiene prisa y la poesía es breve. Excepto Homero. Homero no es breve.

El Premio Nobel de Literatura existe desde 1901 y, en más de un siglo de historia, ganaron sólo 18 mujeres. Que Anne Carson sea la número 19 es, en sí mismo, un acontecimiento político, así como lo fue Louise Glück en 2020. Para sorpresa de nadie, muchos varones salieron a repudiar la noticia en las redes sociales y en los medios de comunicación. "Había nombres más notorios que el de esta canadiense... no la leí todavía, pero planto la sospecha de por qué no darle el premio a gente más famosa que venda más libros", deslizó uno de ellos en la radio más escuchada de Argentina, sintetizando en una sola frase esa prepotencia que confiere el privilegio: hablar sin leer (sin saber) y medir el valor artístico con la balanza del mercado.

Ese ninguneo no es un hecho aislado, es un patrón que se repite. En las recomendaciones culturales, en las listas arbitrarias de los "mejores libros del año", en las reseñas, en las entrevistas y en los discursos de apertura de ferias, la poesía brilla por su ausencia. Para este galardón, sin ir más lejos, todos los años se especula con ganadores pero lxs poetas nunca son candidatxs. Por otro lado, ¿la palabra “literatura” sólo se refiere a la “narrativa”? ¿Acaso la poesía no es literatura? ¿Cuántas veces, en las diversas semblanzas, hemos leído que se presenta a alguien como "escritor Y POETA", como si la poesía fuera un apéndice o un pasatiempo marginal al oficio de escribir?

Celebramos cada vez que la poesía gana porque históricamente se la ha menospreciado. Y es paradojal porque en realidad la poesía sabe que nunca gana, lxs poetas saben que nunca ganan, que no se vive de la poesía, que ningún familiar se siente orgulloso por un libro de poemas (por el contrario, siempre llegará el inevitable ¿por qué no escribís una novela?). Pero la poesía sigue, lxs poetas siguen, siempre al margen del margen, en ese último vagón de cola, como diría Diana Bellessi.

“Si la prosa es una casa, la poesía es alguien en llamas corriendo a través de ella”, dice Anne Carson. El poema se escribe en estado de emergencia, prendiéndonos fuego, a la intemperie, buscando a tientas. Para lo demás, están los seguros de vida. También dice Carson que un poema no es un objeto estático; cuando funciona, es una acción de la mente. Quien lee, al entrar en contacto con el poema, se suma a ese movimiento: la mente viaja a través del pensamiento. De esa travesía resulta una transformación inevitable. Al llegar al final del poema, ya no somos la misma persona.  

En la solapa de sus libros, en lugar de una larga enumeración de títulos y premios, Anne Carson decidió que su biografía diga: “Nació en Canadá y se gana la vida enseñando griego antiguo”. A menudo preguntan por qué y ella se sorprende de que tal cosa llame la atención: “Me parece más respetable, más legítimo y más rápido decir que enseño griego antiguo en vez de enumerar libros. Cuanto menos una se mande la parte en el mundo, mejor, menos es más”.

Es poeta, ensayista, traductora y especialista en literatura clásica. Es filóloga —palabra que viene del griego y significa literalmente “amante de las palabras”—. Desde el Nobel comunicaron que la premiaban por su “obra audaz e inventiva que, en un diálogo lúdico con la tradición clásica, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea”; y algunos medios titularon que “ganó por atrevida” (y me gustó).

Ya venía cosechando numerosos premios y reconocimientos: la beca Guggenheim (1995); el premio Lannan (1996); el premio Pushcart (1997); la beca MacArthur (2000); el premio Griffin de Poesía (2001) y el premio Princesa de Asturias de las Letras, entre otros.

Carson siempre hizo lo que quiso y su trabajo es difícil para quienes necesitan encasillarlo. En sus libros, desdibuja las fronteras de los géneros, pero en todo lo que hace está la poesía. En sus páginas hay poemas, diarios, anotaciones, epitafios, ensayos, autobiografía, teatro, fragmentos. Conversa con los griegos, con Nietzsche, Dickinson, Woolf, Artaud, Kafka, Keats, por decir algunos.

Cuando era adolescente encontró un libro de Safo de Lesbos (650 a.C.), la más célebre poeta de la Antigüedad, y se fascinó; más tarde, en la escuela, tuvo una profesora que empezó a enseñarle griego antiguo. La conversación con Safo, aquella poeta que fundó en la isla mediterránea de Lesbos una escuela de mujeres e inició de esa manera una potente revolución poética en una sociedad patriarcal, continuó durante toda su vida.

En la década de 1970, Carson estudió lenguas clásicas en la Universidad de Toronto, donde obtuvo su licenciatura, maestría y doctorado. También estudió griego antiguo en la Universidad de St. Andrews, en Escocia. Su formación como clásica atraviesa toda su obra. Es experta en literatura y en mitología griega; traduce textos del griego antiguo, trabaja sobre historias y personajes del mundo antiguo y los convierte en historias que dialogan con el presente.

En 1981, regresó a la Universidad de Toronto para escribir una tesis doctoral sobre Safo, que más tarde se convertiría en Eros el dulce-amargo, un tratado sobre el amor, el deseo y los celos. “¿Quién es el verdadero sujeto de la mayoría de los poemas de amor? No el amado. Es ese vacío”, dice en el libro.

A finales de los años ochenta, algunas revistas estadounidenses publicaron sus poemas. El circuito literario de su país fue un poco más esquivo hasta que una pequeña editorial canadiense publicó Breves charlas: Carson publicó su primer libro de poemas a sus 42 años. A mediados de los noventa, se dio vuelta la ecuación. Las editoriales empezaron a disputarse cada uno de sus manuscritos. En poco tiempo aparecieron tres colecciones de poemas y ensayos: Agua corriente: Ensayos y poesía (1995); Cristal, ironía y Dios (1995); Hombres en sus horas libres (2000)— y una novela en verso que se llama Autobiografía de rojo (1998), que explora el mito griego de Gerión enamorado de Heracles. Por supuesto, las cosas no ocurren como deberían, un volcán entra en erupción y se lleva todo por delante: “la costumbre humana/ del amor equivocado”.

En 2001 publicó La belleza del marido: Un ensayo ficcional en 29 tangos, con el que ganó el prestigioso premio T. S. Eliot de poesía del Reino Unido. Este libro de poemas cuenta la historia de una pareja que se termina: “Un tango, como el matrimonio, es algo que uno tiene que bailar hasta el final”. Y también: “El deseo al cuadrado es amor y el amor al cuadrado es locura. La locura al cuadrado es matrimonio”.

Después siguieron Economía de lo que no se pierde (2002) —sobre Simónides de Ceos, el primer poeta en aceptar dinero por su trabajo poético— y Si no, el invierno, su versión de los poemas de Safo. Al ser una poeta de la Antigüedad hay palabras no encontradas en esos papiros de hace dos mil años. A diferencia de otros traductores que completan los fragmentos faltantes para facilitar la experiencia lectora, Carson prefirió dejar los espacios en blanco allí donde la voz antigua se perdió. Entonces los lectores le envían cartas con las palabras que, consideran, deberían ir en esos huecos.

Para Carson, toda literatura es traducción. Ya sea entre dos lenguas o desde lo inefable hacia el signo, siempre hay un modo de darle forma al sentido, aun cuando se nos escurra. En el griego antiguo descubrió una densidad que las lenguas modernas perdieron: la oportunidad de descender, como ella misma dice, a “las raíces de donde operan las palabras”, en lugar de quedarse “en la copa del árbol, rebotando entre las ramas”.

En Decreación (2005), combina poesía, ensayo y ópera, y traducciones de las tragedias de Eurípides, Sófocles y Esquilo. En Nox —noche en latín— (2010), Carson demuestra, otra vez, que esa conversación con la Antigüedad al servicio de su escritura es una herramienta de supervivencia. Cuando su hermano Michael falleció en Copenhague, ella se enteró semanas más tarde. Como ritual de despedida, construyó un libro desplegable en acordeón guardado en una caja: un objeto confeccionado con fotos, cartas y estampillas donde, en las páginas pares, fue traduciendo palabra por palabra el poema 101 de Catulo, esa misma elegía que el poeta romano dedicó a su hermano muerto en tierras lejanas.

Y siguen los libros y los reconocimientos. Este Premio Nobel consagra la obra poética de Carson, su monumental tarea como traductora y el modo virtuoso en que ese estudio del mundo antiguo se trama en el corazón mismo de sus libros.

Me gusta cada vez que Anne Carson revela cómo al día de hoy citamos de manera errónea aquella frase tan popular: “Descartes dijo esta famosa frase: Cogito ergo sum. Pienso, luego existo. Por eso, soy. La frase que todos conocen y aprenden en la escuela. Pero si observas bien la frase, en realidad lo que dice Descartes es: Dubito ergo cogito ergo sum. Dudo, luego pienso y por eso existo. ¿No es sorprendente? Se imprimen camisetas por todo el mundo que dicen ‘Pienso, luego existo’. Dubito (dudar) tiene mala prensa. Eso me resulta muy provocativo. Todo comienza con la duda”.

La pregunta abre más camino que la respuesta y la conversación es el mejor método para formularla. A lo largo de toda su obra, Carson conversa y pregunta cómo vivimos. Qué pasa cuando amamos, cuando deseamos, cuando perdemos, cuando morimos. La de Carson es una poética de la pregunta. O mejor aún, en sus palabras: La imaginación es una pregunta.



Subrayados de Anne Carson

Podrías 1

Si no eres la persona libre que quieres ser, busca un lugar donde puedas contar la verdad sobre ello. Contar cómo te va con todo. La franqueza es como una madeja que se produce a diario en el vientre, tiene que desenrollarse en algún lado. Podrías susurrar de cara a un pozo. Podrías escribir una carta y mantenerla guardada en la gaveta. Podrías escribir una maldición en una cinta de plomo y enterrarla para que nadie la lea por mil años. No se trata de encontrar un lector, se trata de contar. Piensa en una persona de pie, sola en un cuarto. La casa está en silencio. La persona lee un pedazo de papel. No existe nada más. Todas sus venas se pasan al papel. Toma la pluma y escribe en él unos signos que nadie más va a ver, le confiere así como una plusvalía,

y todo lo remata con un gesto

tan privado y preciso como su propio nombre.

*

Decir la verdad parece simple. Quienes escuchan esperan recibir algo más complicado. Piensan que en el centro de toda historia real hay un secreto. Pero lo cierto es que la verdad suele ser pequeña y austera. Dice lo justo. Lo curioso es que, si podés encontrar el lugar adecuado donde contarla, la verdad sobre tu vida se vuelve lo suficientemente grande y valiosa como para ser escuchada.

*

Si supiera qué es la poesía no tendría necesidad de escribir.
Es algo que busco a tientas en la oscuridad.

*

Si la prosa es una casa, la poesía es alguien en llamas corriendo a través de ella.

*

Hay cosas insoportables.
Una puede evadirlas por mucho tiempo.
Luego mueres.

*

La única regla del viaje es: no vuelvas como te fuiste. 
Vuelve diferente.

*

Todos los amantes creen que están inventando el amor.

*

¿Quién es el sujeto real de la mayoría de los poemas de amor? 
No es el amado, es ese hueco.



Tuesday, October 06, 2026

Poetisa - Rosario Acuña

Raro capricho la mente sueña:
será inmodesta, vana aprensión.
Tal palabra
no me cuadra;
su sonido
a mi oído
no murmura
con dulzura
de canción;
no le presta
la armonía
melodía
y hace daño
al corazon.

Tiemblo al escucharla. ¿Será manía?
Oigo el murmullo cerca de mí:
no me cuadra
tal palabra;
que el murmullo
que al arrullo
de la sátira
nació
me lastima
con su giro
y un suspiro
me arrancó.

Si han de ponerme nombre tan feo
todos mis versos he de romper.
No me cuadra
tal palabra,
no la quiero;
yo prefiero
que a mi acento
lleve el viento
y cual sombra
que se aleja
y no deja
ni señal,
a mi camino
que es mi llanto
arrebate
el vendaval.


Rosario Acuña (1851-1923)

Me gusta