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Monday, October 30, 2017

Oigo los coches - Fabio Morábito
















En la mañana oigo los coches
que no pueden
arrancar.
A lo mejor, entre los árboles,
hay pájaros así,
que tardan en lanzarse
al diario vuelo,
y algunos nunca lo consiguen.
me alegro cuando un auto,
enfriado por la noche,
recuerda al fin la combustión
y prende sus circuitos.
Qué hermoso es el ruido
del motor,
la realidad vuelta a su cauce.
¿Cómo le harán los pájaros
para saber en qué momento,
si se echan a volar,
no corren ya peligro?
¿Qué nervio de su vuelo
les avisa
que son de nuevo libres
entre las frondas de los árboles?



Sunday, July 26, 2015

Fabio Morábito - ¿Qué es un jardín?

¿Qué es un jardín?
¿Esta hierba pareja?
¿Estas plantas reunidas por capricho
que la naturaleza no juntaría jamás?
¿Se ha dado algún jardín sin nuestras manos?
El viento, dispersando
las semillas,
¿hace jardines que no vemos?
Porque, si bien lo vemos, todo es jardín.
Un bosque es un mosaico de jardines
que se anudan de tan tenues,
igual que en lo más hondo de un jardín
se lucha palmo a palmo.
Porque, si bien lo vemos, todo es maleza,
confusión, oportunismo,
No es uno el que decide
la forma y la fortuna de los vecinazgos
o la prosperidad de las raíces,
sino el subsuelo que no sabe
de jardines ni de bosques.
Tú crees, mirando tu jardín,
que así como lo ves tiene el aspecto
que quisiste,
pero no lo querías así,
maleó tu gusto palmo a palmo
con cada nueva hoja
y cada nuevo tallo, con cada flor
y cada pájaro, y tu mente, a estas alturas,
no sabe de jardines ni de bosques
y no distingue la maleza de las flores.

Tuesday, December 09, 2014

El justificante perfecto - Fabio Morábito

Me fascina la anécdota de aquel hombre a quien su mujer le pidió que escribiera un justificante para su hijo que había faltado a la escuela. Mientras ella se apura en los preparativos para salir con el niño rumbo al colegio, el hombre lucha en la mesa del comedor con el justificante: quita una coma, vuelve a ponerla, tacha la frase y escribe una nueva, hasta que la mujer, que está esperando en la puerta, pierde la paciencia, le arranca la hoja de las manos y sin ni siquiera sentarse garabatea unas líneas, pone su firma y sale corriendo. Era sólo un justificante escolar, pero para el marido, que era un conocido escritor, no había textos inofensivos y aun el más intrascendente planteaba problemas de eficacia y de estilo. Quise escribir el justificante perfecto, confesó el hombre en una entrevista, y no me extraña, porque escritor es aquel que se enfrenta al fracaso de escribir y hace de ese fracaso, por decirlo así, su misión, mientras los demás sencillamente redactan. Podemos estirar esa anécdota e imaginar a alguien que, soga en mano, a punto de colgarse de una viga del techo, se dispone a redactar unas líneas de despedida, toma un lápiz y escribe la consabida frase de que no se culpe a nadie de su muerte. Hasta ahí va bien la cosa, pero decide añadir unas líneas para pedir disculpa a sus seres queridos y, como es un escritor, deja de redactar y se pone a escribir. Dos horas después lo encontramos sentado a la mesa, la soga olvidada sobre una silla, tachando adjetivos y corrigiendo una y otra vez la misma frase para dar con el tono justo. Cuando termina está agotado, tiene hambre y lo que menos desea es suicidarse. El estilo le ha salvado la vida, pero quizá fue por el estilo que quiso acabar con ella; tal vez uno de los resortes de su gesto fue la convicción de ser un escritor fallido y tal vez lo sea, como lo son todos aquellos que pretenden escribir el justificante perfecto, que son los únicos a quienes vale la pena leer. Escriben para justificar que escriben, la pluma en una mano y una soga en la otra.


El idioma materno, Fabio Morábito


Tuesday, November 11, 2014

Poema - Fabio Morábito

Cada libro que escribo
me envejece,
me vuelve un descreído.
Escribo en contra
de mis pensamientos
y en contra del ruido
de mis hábitos.
Con cada libro
pago un viaje
que no hice:
En cada página que acabo
cumplo con un acuerdo,
me lavo de mí mismo,
me digo adiós
desde lo más recóndito,
pero sin alcanzar a ir muy lejos.
Escribo para no quedar
en medio de mi carne,
para que no me tiente el centro,
para rodear y resistir,
escribo para hacerme a un lado,
pero sin alcanzar a desprenderme.



(1990)

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