¿Dónde me leo a mí misma? En un poema, siempre en un
poema. Como me dijo una vez alguien que amé: «No servís
para nada, salvo para escribir un poema». Aunque también
pueda hablar con los pájaros, los yuyos y los árboles. Solo
que eso era nada para ella, porque no plancho ni coso ni tengo
hijos… Los que llegan al poema no sirven para nada, salvo
treparse en una nube o nadar en las aguas bravas. Casi fuera
del lenguaje, ¿qué podríamos hacer, vida mía?, si no vivir con
todas nuestras ganas fundidas en los que no hablan pero can-
tan hasta morir. La gente no sabe por qué te abraza, por qué te
aplaude, quizás porque en lo hondo sos igual a ellos disol-
viéndote con los otros reinos del Príncipe o de Dios…
*
En un triángulo del monte
se alza el ciprés desnudo
y el sol detrás brillando en una nube
color naranja oscuro
Eso fue ayer, pero hoy
el fogonazo es detrás de los
álamos y siempre el cambio
de paisaje aquí en la isla
Sobre la mesa una taza
diproducció
con la cebra en redondo dibujada
Entonces me asaltan dulcemente
aquellas grandes manadas de Tanzania
en las mañanas de safari
Todo viene en una taza
con el café de la mañana
sin moverme de la isla
y la dulzura de los perros
durmiendo sobre la cama
Las últimas fotos
que ven mis ojos son de afuera
pero también de adentro,
del pasado o del sueño
como este resplandor
tras el ciprés desnudo
brillando en una nube
color naranja oscuro
del invierno.
Diana Bellessi, de La curva del tiempo
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