Monday, July 27, 2026

Uno de Cristina Rivera Garza

VII

divino tesoro


A mi juventud le faltan dientes.


Ayer la vi caminando con el hocico abierto bajo la luz

del mediodía, lívida de espanto y de seguir siendo

la termita que destruye los muebles cuando nadie

imagina, la palabra equívoca, la mosca que vuela.


¿Así que de esto se trataba todo?

¿Así que todo muere, amiga?


Mi juventud está sola y es ridícula.


En la calle donde la gente vive, mi juventud escupe

saliva azul, orina de pie en las esquinas, da traspiés,

intercambia pastillas por monedas, hace chistes de mal

gusto cuando nadie ríe.


La tonta lleva las medias raídas.


Vociferando, mi juventud dice: verga. Dice: a poco.

Dice: cuánto, cómo. Luego da vueltas como trompo.


Mi juventud es un juguete aburrido y tonto.


Si no la conociera, diría que es una mujer en perpetua

vigilia, un hombre con los brazos manchados de nubes

púrpura, pinchazos. Un horizonte al atardecer.

Nicotina. Un viaje en carretera. Un hotel con cortinas

de percal y florecitas mareadas de tijeras, marihuana,

cerezas.


Mi juventud no es una dama, nunca fue la edad más

hermosa con la de Nizan, una bugambilia.


La pobre siempre sufrió de miopía.


En los cines de barriada mi juventud olfatea el sexo

solitario de los hombres con periódico sobre regazo,

adolescentes, putas agrias, mujeres-con-pasado.


En las cantinas bebe los suspiros del agua-ardiente con

la lengua escaldada por filos metafísicos. Ve de reojo

el techo de las nubes grises, la lluvia, el verano en que

todo termina.


Hace tantos años.


Cuando se ríe, mi juventud muestra las encías,

la garganta, la laringe, los tendones de una metáfora

mal calculada y peor escrita.


Ayer la vi sobre Bolívar y le dije adiós entre

los empellones y el polvo de la una de la tarde:

la canícula.


La hora de la crueldad más veloz.


Mi juventud me da lástima y me da rabia y ganas

de salir corriendo tras sus huellas de perro apaleado,

cojitranco y hambriento.


Íbamos a vivir toda la vida juntas, dijo.

Me extrañarás, aseveró.


Mi juventud siempre supo más que yo.


De Los textos del Yo (Fondo de Cultura Económica, 2005)

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