Monday, July 27, 2026

La acacia rosa - William Carlos Williams

Soy persistente, igual que la acacia rosa,

una vez que la dejan

entrar en el jardín

es muy difícil deshacerse de ella.

Si se la arranca de la tierra,

y queda una raíz

por mínima que sea,

vuelve a brotar.

Pensarme

en esos términos resulta

halagador. Y también es

risible.

Es una flor modesta,

parecida a la arvejilla de olor,

que no se puede menos

que admirar,

hasta que sus costumbres

se vuelven conocidas.

¿No somos todos

un poquito así? Sería

demasiado

si la gente

se entrometiera en las minucias de

nuestra vida privada.

No es

que tengamos nada que ocultar,

¿pero podrían ellos

soportarlo? Por supuesto,

le gustaría al mundo

presenciar

cómo hacemos el ridículo.

La pregunta es

si ellos

serían generosos con nosotros

como nosotros hemos sido antes

con otra gente. Es,

como venía diciendo,

una flor

increíblemente resistente

cuando se la combate.

De ignorársela,

se convierte en un árbol.

Ojalá yo pudiera pensar eso de mí

y de lo que después

ocurrirá conmigo.

El poeta,

¿qué piensa de sí mismo

cuando se enfrenta con su mundo?

No basta con decir,

como acostumbra:

"Nada importante", puesto que el poema

se vería con eso traicionado.

Podría responder

aquello de “una rosa es una rosa

es una rosa”, y concluir con eso.

Es verdad que una rosa es una rosa,

y el poema se iguala con la rosa,

si es que está bien hecho.

El poeta no puede

hablar mal de sí mismo

sin hablar a la vez mal

del poema,

lo cual sería

ridículo.

No hay mayor recompensa

en esta vida.

Y así, como esta flor,

persisto,

por si acaso obtengo algo con ello.

Yo no soy,

ya lo sé,

en la galaxia de los poetas

una rosa,

pero quién me podría

negar

mi lugarcito.


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