A Irene Gruss
¿Qué fue lo más real que te ocurrió alguna vez?
¿El brillo de las estrellas
percibido como un ramo de pensamientos
arrojado al vacío? ¿Y en el vacío
no había un frasquito?
¿Y en el frasquito no había
un papel que decía si te lastimas
me duele a mí o decía
en otro mundo cuando se trata
de los sentimientos el corazón es una fuerza
inversa que fracasa
y fracasa
y fracasa?
¿Y la habilidad para desaparecer?
¿Y el aprendizaje de la soledad?
¿Y el peso de la luz?
¿Existen?
Sabías qué podía escribir
Sabías qué podías escribir
¿Decís? Una campana,
la música del arrepentimiento.
Si pudieras regresar a un punto dorado de referencia
en cámara lenta
qué cambiarías.
¿Mañana te irás?
Dónde tiembla el ramaje de los árboles.
¿En los brotes? ¿Hacía afuera? ¿O dentro nuestro?
¿En un único ardor
acaso golpeando la claridad del día?
Vos y yo
maravillándonos en los hilos invisibles
de las simetrías de las flores.
¿Me vas a decir: “gracias”?
¿O vas a pensar en un llamado telepático para reparar qué?
¿Lo que podría haber sucedido?
¿El mejor de los mundos posibles?
¿O hablaremos alrededor de esta luz invernal?
Qué esperamos de esta fosforescencia.
Qué poemas del futuro estaremos escribiendo.
Y qué del futuro es irrecuperable.
¿Nos reuniremos en los timbales del sueño,
en la melodía perfecta?
¿Decís? Una golondrina
en nuestro interior mientras el mundo se rehace.
Presa de la felicidad. Huyendo.
Qué tendría que volver a suceder.
Quisieras acaso sujetarte a cualquier cosa.
Y vivir y vivir y vivir.
Un milagro alambrando tu voz
abierto en su luz.
¿Y qué hiciste con mi voz?
¿Un hogar para lo inmediato?
¿Decís rayo y qué aparece?
¿La circunferencia de la sombra?
¿El ojo del relámpago?
¿Un pájaro sinfónico ardiendo en el frío?
Hermoso. Impar. Calcinado.
¿No es romántico? Querías hacer un puente
pero hiciste un astro
parecido a una estrella.
¿Nos buscaremos en las constelaciones?
Y qué de los huesos doblados por la pérdida.
¿Cantaste junto al fuego
frente a las flores a punto de desaparecer?
Una canción sobre las hojas de los árboles.
Hojas cayendo en mi mente. ¿O en tu mente?
¿En este instante? ¿En el aire?
¿Acaso no somos cayendo varias veces las mismas hojas?
Una hebra de luz en el aire.
¿Y el cielo? ¿Y el sol? ¿Ya no existen?
¿Y si rogamos para que vuelvan?
El resplandor del anillo en la bóveda celeste
desplumándose como un pajarito.
¿Escuchaste el trinar,
el fin del otoño, las últimas nubes
en retirada?
¿Entonces? ¿Vamos a desplomarnos como un témpano?
¿Te alcanzó la piedra que tiraste?
¿Haremos la diferencia entre las flores?
Animados por el crecimiento
de las raíces de la culpa,
de nuevo la rodaja de luz, dos, tres segundos
y la piedra incendiada
tendría que regresar ahora
vibrando en el silencio. ¿Lo viste?
La curva sentimental
donde voy a guardar las posibilidades luminosas
de aquello que parece sin retorno
y sin embargo retorna
en todas las formas posibles del presente
que el fuego devora.
¿Decías? ¿El gran abandono?
¿Era así? ¿Dónde despertaremos mañana?
¿No hay nada para hacer ya?
¿Decías?
¿Qué fue lo más real que te ocurrió alguna vez?
*
Una casa ardiendo en el fondo de mi mente
“A veces me planteo que si una persona, cada día, a la misma hora,
hiciera la misma cosa, como un ritual,
inmutable, sistemático,
el mundo cambiaría”
Andrei Tarkovski
Querido invierno, a veces me pregunto
cuándo se irá esta luz, digo “invierno”
cuando en realidad quiero decir:
“Vos cruzando el Ártico
en una canoa improvisada
de telas e hilos capaces de sostener
un pez del tamaño de mis pensamientos”.
¿Hablamos de los osos polares?
Son maravillosos: y pronto van a desaparecer.
¿Qué hiciste en todo este tiempo?
¿Qué hicimos?
Tuve un sueño anoche:
en una pira funeraria reunían ramitas y el humo
espiralado llegaba hasta la bóveda celeste
quemé un poema,
quemé otro poema,
pero la pira seguía ardiendo
como si en su interior hubiese una niña
doblada por la tristeza.
¿Vas a venir a verme?
Yo voy a salir corriendo como un ciervo
para aterrizar en tu corazón
nevado, sí, porque en el fondo estamos al fondo
de la realidad.
¿Te falta mucho? – Éste es tu mundo;
éste era tu mundo,
quisiera escribirte una carta para pedirte
que me llames:
¿Puedo hacerme un iglú y encender una llama
para comenzar la historia una vez más?
¿Soy un lugar de paso para vos?
¿Una estación cruzando tus ojos?
Estoy tiritando de alegría,
con solo imaginarnos, quizá lo inventé.
Una pastorcita perdida en mi mente
detrás de una casa prendida fuego
un poema para que lo leas vos
y te enciendas así
como una avalancha luminosa
percibida desde el espacio a miles de kilómetros.
Es una regla universal:
no tenemos el control de nada
pero te hice una promesa,
y la nieve te tocó
y me alumbraste así
como cubierto por una frazada de luz
y tu vocecita de esquimal
diciéndome:
va a estar todo bien
va a estar todo bien
todo, bien y así.
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