Saturday, January 03, 2026

Apuntes - Alberto Szpunberg

Es así, como la lluvia en la tarde,
nunca termino de llegar al fondo de tus ojos.
Demasiado dolor para hablar sueltamente del futuro,
cuando el húmedo brillo de la corteza huele a un bosque
crecido de golpe en el corazón del invierno, esta tarde, esos muertos.

Pero a qué abrazarme sino a tí, contra qué ventana
ver los hilos de la lluvia sino en tus ojos,
desde qué espera, bajo qué silencio.

A qué huele la tibieza de tu abrigo de lana
si no a esta lluvia, si no a tí misma,
tejida y desflecándose en el aire de la tarde?

En la hornalla ronronea el agua.
Encendamos un cigarrillo en su fuego y fumemos tranquilos:
existes, vivimos, y creo que te amo.

La llegada a la escritura - Héléne Cixous

¿Cómo no habría deseado yo escribir? Puesto que los libros se apoderaban de mí, me transportaban, me traspasaban hasta las entrañas, me hacían sentir su poder desinteresado; puesto que me sentía amada por un texto que no se dirigía a mí, a tí, sino al otro; atravesada por la vida misma, que no juzga, que no elige, que toca sin señalar: agitada, arrancada de mí, por el amor? (...) esto fue lo primero que supe: que la vida es frágil y que la muerte tiene el poder. Que la vida, ocupada como está en amar, en incubar, en mirar, en acariciar, en cantar, se encuentra amenazada por el odio y la muerte, y que tiene que defenderse. (...) Entonces, cuando lo has perdido todo, no hay más camino, no hay más sentido, no hay más signo fijo, no hay más suelo, no hay más pensamiento que resista otro pensamiento, cuando estás perdida, fuera de tí, y continúas perdiéndote, cuando devienes el movimiento enloquecedor de perderte, entonces es por ahí, desde ahí, donde eres trama despedazada, carne que deja pasar lo extraño, ser sin defensa, sin resistencia, sin barra, sin piel, completamente abismada de otra, es en esos tiempos jadeantes cuando escrituras te atraviesan, eres recorrida por cantos de pureza inusitada, porque no se dirigen a nadie, brotan, surgen, fuera de la garganta de tus habitantes desconocidas son gritos que la vida y la muerte arrojan al combatirse. (...) Hay posibilidades que no surgieron nunca. Otras totalmente imprevistas que nos ocurrieron una sola vez. Flores, animales, artefactos, abuelas, árboles, ríos, nos atraviesan, nos cambian, nos sorprenden. Escribir: primero soy tocada, acariciada, lastimada, después busco descubrir el secreto de ese tocamiento para extenderlo, celebrarlo y transformarlo en una caricia distinta.


Discurso de Carmen M. Cáceres

Buenas noches, muchas gracias por acompañarnos hoy acá. No voy a ser original, voy a empezar agradeciendo a las dos fundaciones que entendieron que era necesario organizar un premio a obra publicada, la Fundación MEDIFE y la Fundación Filba. Gracias por este compromiso de cuestionar los circuitos y tiempos de nuestra industria. Voy a seguir por el jurado, Alejandra Kamiya y Alan Pauls: agradecerles por sus lecturas, su apoyo y sus elogiosas palabras a la novela, pero permítanme agradecer a María Moreno en particular, porque desde hace años siento que sus libros me ayudan a ir más adentro de las personas y las cosas. Su escritura se toma la libertad de imaginar nuestra realidad sin miedo, con todas sus variantes, vicios y formas.

Y esa es la manera en la que me gustaría dar las gracias esta noche: invitando a detenernos unos minutos en la imaginación como acto que tiene consecuencias en nuestra vida en común. Voy a empezar por una anécdota que muchos conocen: hace años, alguien le preguntó a Alberto Laiseca para qué sirve el arte. Él, con su voz espesa de fumador, contestó: “Qué pregunta pelotuda: el arte sirve para que funcione todo lo demás”. ¿Qué es eso que Laiseca llama todo lo demás y que depende del arte para existir? Creo que Laiseca se refería a la realidad que vivimos en nuestra imaginación. Creo que entendía el arte como una herramienta que conecta lo que está presente con lo que todavía no es pero ya existe dentro nuestro como posibilidad y, por lo tanto, es motor de nuestros movimientos. Sin esa voluntad de imaginar no tendríamos medicina, física cuántica, ni el Estado Nación.

Porque imaginar no es sólo salir en buscar de otros mundos, también es adentrarse en este para comprenderlo, incluso cuando no nos gusta lo que descubrimos. En mi caso, por ejemplo, no quería escribir una novela sobre dólares, sino sobre familias ensambladas y ciudades que no había visto reflejadas en nuestra literatura. Todavía me resulta incómodo hablar de dinero porque me obliga a armar un discurso sobre mi lugar en esta sociedad. Me llevó varias versiones del libro aceptar que el dinero moldea nuestra imaginación, porque me parecía algo inmoral o perverso. Pero resulta que es así, y si es así, la literatura tiene que intentar darle un espacio.

Hace poco escuché una charla de Juan Mattio (ganador también de este premio) en la que explicaba el auge de la nueva ficción extraña entre los lectores. Decía que este género híbrido (entre el terror, la ciencia ficción, el gótico) nos permite pensar mejor nuestro presente, marcado por fantasmas del pasado y la imposibilidad de imaginar un futuro. Estoy de acuerdo con esa idea. Parece que nuestra imaginación tiene hoy una nueva necesidad que tal vez el arte, en particular la literatura realista, no estaría alimentando. En parte porque es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, y en parte también porque nos hemos contado tantas veces la misma realidad, que hemos acabado creyendo que es la única. Disculpen que vuelva a poner de ejemplo La ficción del ahorro. Desde que salió, no hubo periodista ni reseña que no destacara que transcurre en Posadas. Así lo tituló Clarín: “Batacazo de una autora misionera. Ganó un premio por el que competían Aira, Magnus y Garland”. La noticia no es el libro, sino el hecho de que su autora viene de esa especie Narnia arrinconada allá en el norte. Una autora, por lo demás, que ni siquiera tiene nombre, es puro territorio. Fíjense cómo está más naturalizado leer sobre vampiros en la Ciudad de Buenos Aires, que sobre la clase media de Mendoza o Jujuy. Espero que se entienda que esto no es una apología del interior del país, sino un ejemplo de lo que creo que decía Laiseca: la realidad se vuelve cada vez más pequeña en nuestra imaginación si sólo se alimenta con lo que ya conocemos.

Me gustaría cerrar con una cita de Imre Kertész: “Si la imaginación fuese sólo creadora, sería simple fantasía. La imaginación es percepción de lo que escapa a nuestro conocimiento cotidiano”1. Un buen libro, una buena película, un buen disco, son herramientas que nos permiten intuir mejor la realidad. Por eso, cuando les prestamos nuestra atención, sentimos que la realidad se expande. A veces incluso se expande tanto, se vuelve tan compleja y viva, que por ese rato somos capaces de imaginar que otra realidad es posible.

Muchas gracias.

Carmen C. Cáceres
Ganadora del Premio Novela de Función Medifé con La Ficción del ahorro (Ed. Fiordo)

Más vieja - Sharon Olds

Cuanto más vieja me pongo, más me siento
casi hermosa- no mi cara, una cara común,
puritana, sino mi cuerpo. Y tendré
cincuenta, pronto, mi cuerpo
se marchita, huesudo, y me gusta su
rugosidad plateada, la piel que se afina,
la superficie de un lago rizada por el viento, un espectro
arrugado, un pliegue de humo. Sin embargo
cuando miro hacia abajo puedo ver, a veces,
cosas que, si las viera una mujer joven, la harían
gritar como en una película de terror,
quedo convertida en bruja en un instante—si me inclino
lo suficiente, puedo ver la piel fina
de mi estómago frunciéndose
y colgando en pequeños picos, como yeso fresco.
Y sin embargo puedo imaginarme a los ochenta, hecha
enteramente, por fuera, de eso,
y haciendo el amor con la misma dignidad
animal, el túnel todavía igual
al interior de una bráctea color frambuesa.
De pronto me veo joven a mí misma
al lado de esa octogenaria, me veo
como su hija, mi carne suelta y drapeada
muestra los ángulos largos de estos extraños
huesos como las manijas de utensilios de cocina hechos en el cielo.
Cuando era más joven, me veía a mí misma,
a veces, como el tosco dibujo de una hembra—
los pechos, el destello de las caderas de los años 40—
pero este grisáceo ser abollado es confortable como
una vieja prenda favorita, es casi
amable, ahora, para mí. Por supuesto, es
el amor de él el que estoy viendo, el trabajo de su pulgar
sobre este centavo de la suerte —cinco veces
cinco años en su bolsillo. Quizás
aún si me muriera, él no me vería fea.
A veces, ahora, bailo
como humo chato sobre una chimenea.
A veces, ahora, creo que vivo
en el lugar donde se hace la bebida solemne, salvaje
de acabar, no estoy todo el día acabando,
pero vivo todo el día en el lugar donde eso se hace.

Friday, January 02, 2026

Nota de Leila Guerriero

Aquí yo, otra vez, arrastrándome en el pantano de los rotos o flotando feliz entre la euforia de los vivos, idéntica a mí, la muy sincera, la muy falsa, la esquiva, la insensible, la mísera, la idiota, la astuta, la excesiva, la austera, la retrógrada, la feminista, la jurásica, la iracunda, la violenta, la agresiva, la suave, la tan suave, aquí yo, yo, yo, la egocéntrica, la narcisa, la modesta, la muy humilde, la tan humilde, la soberbia, la confundida, la preclara, la confusa, la confesa, la caníbal, la cobarde, la cursi, la que habla de sí, la que no habla de sí, la que sólo habla de sí, la impávida, la fría, la muy cálida, la kitsch, la ruda, la bruta, la brutal, la que vive en sosiego, la desasosegada, la que te tiene harto, la que no sabe lo que dice, la que no dice lo que sabe, la que lo cuenta todo, la que no cuenta nada, la que lo cuenta todo pero no cuenta nada, la que no sabe escribir, la que escribe como puede, la que no escribe en absoluto, la que no piensa, la que no sabe pensar, la enredada, la vacua, la precisa, la justa, la tan justa, la honesta, la muy insoportable, la rastrera, la infame, la insumisa, la blasfema, la que pide y no da, la que da pero no quiere, la que lo quiere todo, la que nunca da explicaciones. «Mi propósito —dice Balder, uno de los personajes de El Amor Brujo, del escritor argentino Roberto Arlt— es evidenciar de qué manera busqué el conocimiento a través de una avalancha de tinieblas y mi propia potencia en la infinita debilidad que me acompañó hora tras hora.» «Poco a poco tendré que ir saqueando mi propia vida para ofrecerla al mejor postor», escribe Andrés Felipe Solano en Corea, apuntes desde la cuerda floja. Vengo aquí. Saqueo mi vida. Ahí la tienen. ¿Para qué la quieren? Yo, a veces, la prendería fuego.

Libación - Denise Levertov

Levantando los vasos, con una sonrisa
nos deseamos no suerte
sino felicidad. Después de media vida con
y sin suerte
sabemos que es necesario más que eso.
No importa si tomamos
jugo de tomate en vez de vino o whisky--
Sabemos lo que queremos decir,
y el jugo rojo de esos frutos virtuosos
es algo que apreciamos los dos.
Te recuerdo maravillado, como ante un milagro,
al verlos en las enredaderas robustas
del invernadero de mis tíos
¡listos para arrancar y comer con el desayuno!
Teníamos veintitrés años y un hambre insaciable...
Entonces coincidimos en los tomates- ¿y en la felicidad?
Sí, en eso también: queremos decir, crecer, ramificarse;
dar hojas, capullos, frutos; y el olor punzante de los sueños.
Queremos decir, conocer a alguien tanto
no, más, de lo que nos conocimos nosotros.
Y que nos conozcan. Nos deseamos
la suerte de no necesitar suerte. Echo
entonces, un poco de sal y de pimienta
en mi jugo, con el gesto antiguo;
¿Y qué habría de malo
en derramar medio vaso
para los dioses?
Sonreímos.
Después de estos meses de dolor empezamos
a admitir que nuestras vidas nuevas comenzaron.

Pasaje de año - Carlos Drummond de Andrade


El último día del año
no es el último día del tiempo.
Otros días vendrán
y nuevos muslos y vientres te comunicarán el calor de la vida.
Besarás bocas, rasgarás papeles,
harás viajes y tantas celebraciones
de aniversario, graduación, promoción, gloria, dulce muerte con sinfonía y coral,
que el tiempo quedará repleto y no oirás el clamor,
los irreparables aullidos
del lobo, en la soledad.
El último día del tiempo
no es el último día de todo.
Queda siempre una franja de vida
donde se sientan dos hombres.
Un hombre y su contrario,
una mujer y su pie,
un cuerpo y su memoria,
un ojo y su brillo,
una voz y su eco,
y quien sabe si hasta Dios…
Recibe con simplicidad este presente del acaso.
Mereciste vivir un año más.
Desearías vivir siempre y agotar la borra de los siglos.
Tu padre murió, tu abuelo también.
En ti mismo mucha cosa ya expiró, otras acechan la muerte,
pero estás vivo. Una vez más estás vivo.
Y con la copa en la mano
esperas amanecer.
El recurso de embriagarse.
El recurso de la danza y del grito,
el recurso de la pelota de colores,
el recurso de Kant y de la poesía,
todos ellos… y ninguno resuelve nada.
Surge la mañana de un nuevo año.
Las cosas están limpias, ordenadas.
El cuerpo gastado se renueva en espuma.
Todos los sentidos alerta funcionan.
La boca está comiendo vida.
La boca está atascada de vida.
La vida escurre de la boca,
mancha las manos, la vereda.
La vida es gorda, oleosa, mortal, subrepticia.

Tuesday, December 30, 2025

Sólo tu corazón caliente - Federico García Lorca

Sólo tu corazón caliente,
y nada más.

Mi paraíso un campo
sin ruiseñor
ni liras,
con un río discreto
y una fuentecilla.

Sin la espuela del viento
sobre la fronda,
ni la estrella que quiere
ser hoja.

Una enorme luz
que fuera
luciérnaga
de otra,
en un campo
de miradas rotas.

Un reposo claro
y allí nuestros besos,
lunares sonoros
del eco,
se abrirían muy lejos.

Y tu corazón caliente,
nada más.

Saturday, December 27, 2025

351 - Emily Dickinson

Palpé mi vida con mis dos manos

para ver si estaba ahí –

sostuve mi espíritu en el vaso,

para probar si era más posible –

 

di vuelta mi ser vuelta y vuelta

y me detuve en cada corral

para preguntar el nombre del dueño –

dudando, de reconocer el sonido –

 

examiné mis facciones – arreglé mi pelo-

provoqué mis oyuelos, y esperé –

si ellos -brillaban de nuevo-

mi convicción podría, de mi-

 

me dije a mí misma, «ten coraje, amiga-

eso- fue un tiempo atrás –

pero podríamos aprender a amar el cielo,

como a nuestra vieja casa»

 

Thursday, December 25, 2025

Magias de Beatriz Vallejos

La voz de la abeja

¡Hace tanto tiempo! Y puedo decir que mi primer poema nunca lo escribí, sigue inédito, pero me acompañó desde entonces. En una tarea interminable -a pesar de mí- naturalmente abstraída por la sombra azul de los naranjales. Mi primer poema no se formuló en palabras, era un rumor de «abeja de adentro» y allí sé que comenzó el coloquio con «eso «. “Eso”, el misterio. Un misterio descifrable en señales y presencias.

Lo imagino real, el duende que interroga y Beatriz que cree contestar. Dije: un juego. Un juego donde las formulaciones del intelecto no participan. Tenía trece años. Hoy el duende se llama Flo.

Entonces, sin cronología, esas respuestas desde la sombra azul de los naranjales que era mi entorno, mi hábitat natural, arribaba en un rasgo al parecer espontáneo, una certeza como esta:


La sombra de las hojas

ilumina las naranjas.

 

Cada vez que concluía un poemario, yo me convencía de una especie de liberación que me apresuraba a dejar constatada (...) Hasta que de nuevo «esa abeja» que se parece a la clave de la clave de la música que hubiera querido componer, no sé, se presenta en precipitadas hojitas (¿libros?, ¿poemarios?, ¿un solo interminable poema?). Y continúo escribiendo serenamente libre. Aho:a lo sé, sigo mi intuición. Aproximaciones al entendimiento espiritual del color (me interesó el parecer de Kandinsky), pero leo en los cielos de nuestros atardeceres y amaneceres la atmósfera tonal, el aura que no se aprende en los libros, se aprehende existiendo «allí, como Juan L. Ortiz. Ese privilegio de tenues brillos brindado para todos.

Creo en la sacralidad de la palabra. Dije:


La palabra

es la cuchara de Dios.

 

Creo que me fue posible contener tres principios guiadores: algo para el misterio, transparencia («ese misterio, tan claro”, ¿no decía así Raúl Gustavo Aguirre de toda poesía?). Dos: algo para la precisión que amó Huidobro: «No lo toques ya más que así es la rosa”. Y finalmente el equilibrio (...)

Escribo en cualquier momento, cuando el poema se impone. Por lo general, y enigmáticamente, suele suceder en una hora clave: las cuatro de la madrugada. Pero escribo (la abeja escribe) cuando pelo una papa o cuando tejo una boina, o cuando camino por las calles de arena. Y no corrijo. Sí. pongo mi atención a los espacios, a las mayúsculas, nada más.

Escribo, enhebro ese collar. Tiene su ritmo propio. De poema a poema, el poemario. De poemario a poemario, el libro. Ejemplo, el último, Donde termina el bosque.

Me parece tan natural tener que escribirlos así que sólo me resta un margen para la autocrítica. Cada vez más despojados de «adornos”, responden a mi inevitable pulso.

Todos los poemas que he escrito, obviamente, registran un momento de mi vida, ese especial testimonio. En la relectura afloran las circunstancias de su impronta y entonces me conmuevo mucho, a veces hasta las lágrimas (apacibles, sí, apacibles, la certificación de legitimidad)

Pero compruebo la elección de los lectores… ((otro asombro! ¡hay lectores de mis poemas!), me quedo silenciosa y sorprendida: ¡coinciden en los poemas que empiezo a amar como propios! ¿Se puede pedir más al corazón? (...)

Ahora sí que puedo “escribir textualmente” lo que la abeja me zumbaba cuando yo tenía trece años. Humilde, candoroso coloquio, cuando yo, Beatriz, no había leído casi nada; cuando no sabía lo que podía ser la poesía; cuando sólo tenía la inocencia de existir entre flores y árboles cultivados por mi padre y hebras abrigadas tejidas por mi madre:

 

Poesía, si estás en mí

no te quedes en mí.

Sepárate de mí

como la miel de la flor…

 

Serás amor. Serás arte.

*

De El collar de arena (UNL), Beatriz Vallejos en entrevista con Javier Cófreces para la revista La Danza del Ratón No 11, Buenos Aires, abril de 1994.

Saturday, December 20, 2025

Poemas de Lawrence Ferlinghetti


El mundo es un lugar hermoso

para nacer

si no les importa a ustedes que la felicidad

no siempre sea

tan divertida

si no te importa un toque de infierno

de vez en cuando

justo cuando todo está bien

porque ni siquiera en el paraíso

cantan

todo el tiempo



El mundo es un lugar hermoso

para nacer

si a ustedes no les importa que algunos mueran

todo el tiempo

o quizá sólo se mueran de hambre

algunas veces

que no está tan mal

si no son ustedes



Oh el mundo es un lugar hermoso

para nacer

si no te importan tanto

unas cuantas mentes muertas

en los altos cargos

o una bomba o dos

de vez en cuando

en sus rostros que observan el cielo

o algunas otras indecencias

presas de

nuestra sociedad Marca Registrada

con sus hombres de distinción

y sus hombres de extinción

y sus sacerdotes

y otros vigilantes



y sus diversas segregaciones

e investigaciones del congreso

y otras constipaciones

que heredó

nuestra tonta carne

Sí el mundo es el mejor de los lugares

para muchas cosas como

hacer la escena de la diversión

y hacer la escena del amor

y hacer la escena de la tristeza

y cantar canciones en voz baja y recobrar el aliento

y andar por ahí

observar todo

y percibir el aroma de las flores

y tocarle el culo a las estatuas

e incluso pensar

y besar gente y

hacer bebés y usar pantalones

y ondear sombreros y

bailar

e ir a nadar en los ríos

en días de campo

en pleno verano

y generalmente

«disfrutar la vida»





pero justo a la mitad de todo

llega sonriente el

agente funerario.




*


Saludo


A todo animal que come o dispara a su propia especie

Y todo cazador con rifles sobre una camioneta

Y todo tirador o soldado privado

con mira telescópica

Y todo redneck[1]con botas y perros

y escopetas recortadas

Y todo Oficial de la Paz con perros

entrenados para rastrear y matar

Y todo policía vestido de civil o agente encubierto

con pistolas llenas de muerte

Y todo servidor del pueblo que ametralla al pueblo

o que tira a matar a criminales que huyen

Y todo Guardia Civil que vigila ciudadanos en cualquier país

con esposas y carabinas

Y todo guardia de frontera en cualquier Check Point Charley

en cualquier lado de cualquier Muro de Berlín

cortina de Bambú o de Tortilla

Y todo policía estatal de élite patrullero con pantalones

de montar a la medida y casco de plástico

y corbata de cordón y revólver en pistolera

con tachones de plata

Y toda patrulla con armas antimotines y sirenas y toda tanqueta

con gas pimienta y gas lacrimógeno

Y todo piloto experto con misiles y bombas de napalm bajo las alas

Y todo capellán del ejército que bendice a los bombarderos al despegar

Y todo Departamento de Estado o cualquier potencia que vende armas

en ambos lados

Y todo Patriota de cualquier Patria en cualquier

mundo Negro Marrón o Blanco

que asesina por su Patria

Y todo profeta o poeta con pistola o navaja y cualquier sicario

de la iluminación espiritual con fuerza y cualquier

sicario del poder de cualquier país con poder

Y a cualquiera y a todos los que matan y matan y matan y matan por la Paz

Levanto mi dedo medio

con el único saludo apropiado



Cárcel de Santa Rita, 1968


*

Manifiesto populista


Poetas, salgan de sus clósets,

Abran sus ventanas, abran sus puertas,

Han estado encerrados mucho tiempo

en sus mundos inaccesibles.

Bajen, bajen

de Russian Hills y Telegraph Hills,

de Beacon Hills y de Chapel Hills,

de Mount Analogue y de Montparnasse,

bajen de sus colinas y montañas,

de sus tipis y sus domos.

Los árboles siguen cayendo

y no iremos más a los bosques.

No hay tiempo para sentarse en ellos

Mientras el hombre queme su propia casa

para asar un cerdo.

No más cantos Hare Krishna

mientras arda Roma.

San Francisco está en llamas,

la Moscú de Mayakovsky está quemando

los combustibles fósiles de la vida.

La Noche y el Caballo se aproximan

comen luz, calor y energía,

y las nubes tienen pantalones.

No hay tiempo para que el artista se esconda

abajo, más allá, detrás de cámaras,

indiferente, cortándose las uñas,

purificándose de la existencia.

No hay tiempo para nuestros jueguitos literarios,

no hay tiempo para nuestras paranoias e hipocondrías,

no hay tiempo para el miedo y el odio

solo hay tiempo para la luz y el amor.

Hemos visto las mejores mentes de nuestra generación

destruidas por el tedio en recitales de poesía.

La poesía no es una sociedad secreta,

Tampoco es un templo.

Las palabras secretas y los cantos ya no sirven.

La hora del omha terminado,

es hora de que venga el fervor

hora del fervor y el gozo

porque se acerca el final

de la civilización industrial

nociva para la tierra y el Hombre.

Es tiempo de mirar hacia afuera

en posición de loto

con los ojos bien abiertos,

Tiempo de abrir la boca

con un nuevo discurso abierto,

tiempo de comunicarse con todos los seres sensibles,

Todos ustedes «Poetas de las Ciudades»

que cuelgan en paredes de museos, como yo,

Todos ustedes poetas de poetas que escriben poesía

acerca de la poesía,

Todos ustedes poetas de talleres de poesía

en el culo de América,

Todos ustedes Ezra Pounds amaestrados,

Todos ustedes poetas excéntricos asustados en pedazos,

Todos ustedes creadores pretensados de poesía Concreta,

Todos ustedes poetas cunnilingües,

Todos ustedes poetas de baño público que alzan la voz con grafitis,

Todos ustedes promiscuos del tren que nunca se mecen en abedules,

Todos ustedes maestros del haikú de aserradero

en las Siberias de América,

Todos ustedes irrealistas sin ojos,

Todos ustedes supersurrealistas ocultos,

Todos ustedes visionarios de recámara

y propagandistas de closet

Todos ustedes poetas grouchomarxistas

y Camaradas de la clase ociosa

que descansan todo el día

y hablan sobre el proletariado y la clase trabajadora,

Todos ustedes anarquistas Católicos de la poesía,

Todos ustedes poetas de Black Mountain

Todos ustedes Brahmins bucólicos de Boston y Bolinas

Todas ustedes madres guardianas de la poesía,

Todos ustedes hermanos zen de la poesía,

Todos ustedes amantes suicidas de la poesía,

Todos ustedes profesores peludos de la poesie,

Todos ustedes críticos de poesía

que beben la sangre del poeta,

–Todos ustedes Policías de la Poesía–

Dónde están los hijos salvajes de Whitman,

donde las grandes voces hablan en voz alta

con un sentido de dulzura y sublimidad,

donde la nueva gran visión,

la gran cosmovisión,

el gigantesco canto profético

de la Tierra inmensa

y todo lo que en ella canta

–Y nuestra relación con ella–

Poetas, desciendan

a la calle del mundo una vez más

Y abran la mente y los ojos

hacia el viejo deleite visual,

Aclaren gargantas y eleven la voz,

La poesía ha muerto, viva la poesía

de ojos terribles y fuerza de búfalo.

No esperen la Revolución

o sucederá sin ustedes,

Dejen de murmurar y eleven la voz

con una nueva poesía abierta

con una nueva «superficie pública» racional

con otros niveles subjetivos

u otros niveles subversivos,

un diapasón en el oído interno

para golpear bajo la superficie.

Tu dulce y propio Ser aún canta

–pero pronuncia «la palabra como un todo»–

La poesía, transporte común

para el desplazamiento del público

a lugares más altos

a donde otras llantas no llegan.

Aún cae poesía del cielo

a nuestras calles aún abiertas.

Aún no han erigido las barricadas,

las calles, con rostros, siguen vivas,

hombres y mujeres encantadores aún caminan por ahí,

aún hay hermosas criaturas por todos lados,

en los ojos de todos el secreto de todos

sigue enterrado ahí,

Los hijos salvajes de Whitman todavía duermen ahí,



Despierten y caminen en el aire libre.

Friday, December 19, 2025

Los misterios siguen - Hilda Doolittle


Los misterios siguen,
mantengo el mismo
ciclo de siembra
y de sol y lluvia;
Diosa en la hierba,
yo multiplico,
renuevo y bendigo
Dios del vino;
Yo retengo la ley,
mantengo vivos los misterios,
el primero de estos
nombrar a los vivos, a los muertos;
Soy vino tinto y pan.

Mantengo la ley,
mantengo vivos los misterios,
soy el vino,
las ramas, vos
y vos.

*

Eros

I.

¿A dónde nos está llevando
ahora que ha vuelto?

¿A dónde nos llevará esto,
esta fiebre,
que se dispersa en la luz?

Nada que hayamos sentido,
nada que hayamos soñado,
o conjurado en la noche
o formado en soledad,
se iguala a esto.

¿A dónde nos lleva Eros
ahora que ha vuelto?

II.

Mi boca está mojada con tu vida,
mis ojos cegados por tu rostro,
que es un corazón que
siente la música íntima.
Mi mente está atrapada,
debilitada por ella
(¿a dónde nos lleva el amor?),
mis labios están mojados con tu vida.

En mi cuerpo había perlas salpicadas
por tintes jónicos, púrpuras,
visibles, intensas a través de lo blanco.

III.

Retén el amor y sale volando
con su arco,
hacia arriba, burlándonos,
retén el amor y se burla
y escapa.

Retén el amor y se aleja
hacia otro mundo,
dejándonos atrás.
Retén el amor y se mofa,
ah, amargo y dulce,
tu dulzura es más cruel
que tus daños.

Miel y sal,
fuego que sale de la roca
para encontrar el fuego
derramado del Héspero.

Fuego que se lanzó a lo alto y halló el fuego,
y en ese momento,
el amor entró en nosotros.

IV.

Si pudiera ser retenido,
Eros estuvo prisionero durante mucho tiempo
y enfermo de encierro,
si pudiera ser conservado Eros,
otros lo hubieran tomado
y destruido su vida.

Si pudiera ser retenido Eros,
hemos pecado contra el gran dios,
también nosotros podríamos haberlo encerrado del todo.

Si pudiera ser conservado Eros,
no, agradezcámosle a él y a las brillantes diosas
que nos dejó.

V.

Ah, el amor es amargo y dulce
pero qué es más dulce
lo amargo o lo dulce,
nadie lo ha dicho.

El amor es amargo,
pero ¿puede la sal estropear las flores del mar,
el dolor, la alegría?

¿Es amargo devolverle
amor a tu amante si lo desea
para un nuevo favorito,
quién puede decir,
o acaso es dulce?

¿Es dulce poseer completamente
o es amargo,
amargo como la ceniza?

VI.

Yo me había creído frágil,
un pétalo
iluminado
como una hoja debajo de hojas.
Había pensado que yo era frágil;
una lámpara,
cáscara, marfil o corteza de perla
a punto de ser destruida,
con la llama gastada.

Grité:

Debo morir,
estoy abandonada en esta oscuridad,
una paria, desesperada,
ese fuego que me arrastró hasta el Héspero.

Luego llegó el día.

VII.

¿Para qué una lámpara
cuando el día nos ilumina,
para qué retener el amor
cuando el amor se posa
con tan radiantes alas sobre nosotros?

¿Para qué?
Pero para cantar el amor,
el amor debe primero destruirnos.

Tuesday, December 16, 2025

Cartas de Emily Dickinson a Susan Gilbert

9 de octubre de 1851 

He derramado aquí una lágrima por ti, Susie, porque esta «dulce luna plateada» nos sonríe a Vinnie y a mí, y se va tan lejos antes de llegar a ti, y tú nunca me has dicho si hay luna en Baltimore, y ¿cómo voy a saber, Susie, si tan siquiera ves su dulce rostro? Esta noche parece un hada que navega por el cielo en una pequeña góndola de plata con las estrellas por gondoleras. Hace tiempo le pregunté si podía llevarme y le dije que me bajaría cuando llegase a Baltimore, pero tan solo se sonrió y siguió navegando. 

Creo que fue bastante mezquina, pero he aprendido la lección y no se lo volveré a pedir. Hoy ha llovido aquí y por momentos llovía tan fuerte que me ha parecido que se podía oír el golpeteo de la lluvia —golpetea, golpetea— mientras caía sobre las hojas. Me ha agradado tanto ese pensamiento que me senté y me quedé escuchándola y observándola, concentrada. ¿Lo escuchaste, Susie, o era solo mi imaginación? Al rato el sol apareció, justo a tiempo para darnos las buenas noches, y como ya te he dicho antes, ahora brilla la luna.

Es una noche muy especial, Susie. Tú y yo pasearíamos y tendríamos unas reflexiones muy agradables. Si tan solo estuvieras aquí… Quizá podríamos tener una «ensoñación» como las de Ik Marvel. De hecho, no sé por qué no podrían ser tan espléndidas como las del solitario soltero, que fuma su puro. Y serían muchísimo más provechosas de las que Marvel solo maravilló, y tú y yo solo nos pondríamos como pequeño objetivo que fueran propiamente nuestras. ¿Sabías que el hombre encantador está soñando de nuevo y se despertará muy pronto —o eso dicen los periódicos—con una nueva ensoñación, más bella que la primera?

¿No deseas que viva tanto como lo haremos nosotras y que siga teniendo sueños y escribiéndolos para nosotras? ¡Qué anciano más encantador sería, y cómo envidio a sus nietos, la pequeña Bella y el pequeño Paul! Estaremos dispuestas a morir cuando él se haya marchado, pues no quedará nadie que interprete estas vidas nuestras. 

He oído que ha llegado a la ciudad La leyenda de oro de Longfellow, y la han visto expuesta en las estanterías del señor Adams. Siempre me hace pensar en «Pegasus in the pound» cuando encuentro a un autor refinado colocado al lado de Murray, Wells y Walker en una tienda de tanto renombre. Y como con él, casi espero oír que una mañana han salido volando y se han deleitado el resto del día en su propio éter. Pero por nuestro bien, querida Susie, ya que nos complacemos con la idea de ser las únicas poetas, y que el resto del mundo es prosa, tengamos la esperanza de que aún estén dispuestos a compartir nuestro humilde mundo y a alimentarse del mismo alimento del que nosotras consentimos alimentarnos. 

En tu carta me agradeces el pastel de arroz. Me dices, Susie, que acabas de comer un trozo. A mí me alegra mucho enviarte cualquier cosa que te guste. Debes de tener mucha hambre antes del mediodía de allí, y luego debes encontrarte exhausta después de dar clase a tus estúpidos alumnos. A menudo te imagino bajando al aula con un grueso Teorema de Binomio que casi no puedes sostener en la mano y que tienes que diseccionar y exponer a tus desorientados estudiantes. Espero que les fustigues, Susie, por mi bien, dales bien fuerte cuando no se comporten como te gustaría. Ya sé que son muy lentos a veces, por lo que cuenta Mattie, pero supongo que les animas y les perdonas todos sus errores. Te enseñará paciencia, Susie, eso tenlo por seguro. Mattie me ha contado también tus juergas nocturnas y los divertidos sustos que pegas imitando al Director. Es tan típico de ti, Susie, típico de ti en todos los sentidos. Lo que se reiría el señor Pauson si se lo pudiera contar, y luego esos grandes ojos oscuros, ¡cómo mirarían y brillarían! Susie, diviértete todo lo que puedas, ríete a menudo y canta, pues abundan más las lágrimas que las sonrisas en este mundo nuestro. Tan solo no seas tan feliz como para dejar que Mattie y yo nos vayamos atenuando cada vez más hasta que nos desvanezcamos y otras mujeres más alegres que nosotras sonrían en los puestos que dejamos libres. 

Susie, ¿pensabas que nunca te iba a escribir cuando te marcharas? ¿Qué te hizo pensar eso? Estoy segura de que conoces demasiado bien mi promesa como para pensarlo de verdad, y nunca dije algo así. Debería reprimir escribirte, porque lo que nos separará de aquellos a los que amamos —ni «la altura o la profundidad»…

***

Septiembre de 1871 

Echarte de menos, Sue, es poder. El estímulo de la pérdida hace que las posesiones cobren significado. Vivir dura por siempre, pero amar es más sólido que vivir. Solo los corazones rotos han ido más allá de la inmortalidad. 

Los árboles cuidan tu casa por ti durante el día y la hierba parece arrepentida. 

Una gallina silenciosa frecuenta tu casa con pollos supersticiosos, y las mañanas tranquilas un gallo llama a tu puerta exterior.

Mirar de esa manera es poético. El hueco de la novela prestada da un valor patético a la estantería.

Nada ha marchado salvo el verano, o nadie que tú conocieras.

Los bosques están en casa, las montañas, íntimas por la noche y arrogantes al mediodía, y fuera una solitaria fluidez, como música en suspensión. 


De una pérdida tan divina, 

obtenemos tan solo beneficio,

Compensación por la soledad

por la que una alegría así ha existido. 

 

Dile a Neddie que le echamos de menos y atesoramos al «Capitán Jinks». Dile a Mattie que el perro de Tim insulta a la gatita de Vinnie y yo no lo desaliento. Debe volver a casa y perseguir a los dos para que estén en paz.

Para la otra Mattie y para John, por supuesto muchos recuerdos. Confío en que estés bien. Cuido tu leal hogar. Ante cualquier multitud, el candado está seguro en tu puerta de diamante. 

Emily


De El resto es prosa (Altamarea)
Traducción y edición de Anabel Palacios

Poemas de Emily Dickinson


El ajetreo en la casa
la mañana tras la muerte
es en el planeta entero
el trabajo más solemne–

A barrer el corazón;
y el amor, a su lugar:
ya no sabremos usarlo
por toda la eternidad–

*

A una abeja le robé –
y vos fuiste la razón –
tan hermoso argumenté –
que me dio su perdón.

*

¿Podré vivir de paseo
como hace la abejita,
ir sólo adonde yo quiera
y sin hombres de visita?

¿Y coquetear con las flores
y casarme con quien quiera
y vivir por todas partes,
o mejor: a la carrera?

Sin policía que mande
ni me persiga después
si acaso no tengo ganas
de verte a vos otra vez.

Fantaseé con ser abeja,
en una barca de viento
para remar a mi aire
y anclar donde halle contento.

Para la que está cautiva,
¡qué libertad, la del preso!

*

La fama es una abeja.
Tiene canción –
Tiene aguijón –
Y también tiene alas.

*

Receta para un prado: un trébol y una abeja.
Un trébol y una abeja.
Y abrirse a estar perpleja.
Con la perplejidad nomás alcanza,
si las abejas faltan.

Amiga - De Malena Saito



Amiga
nos quedamos vacías
como el río
que pasa
y pasa
más mugre
plásticos de colores
y esas cosas

*

Amiga,
de esta experiencia
tengo que aprender
algo
algo sobre el amor propio
y el falso encanto del fracaso
no se puede perder
todo
todo el tiempo

*

Me gustaría decirte
amiga
que toda la cerveza
que tomamos en estos años
es un tobogán
un pasaje para desarmar el dolor
escondido atrás de los dientes
que se pudren por la fuerza del miedo.
Me gustaría
amiga
que tomáramos vino
que creciéramos
y fuéramos mejores personas, las más felices
de nuestros amigos,
que eligiéramos siempre
las decisiones más salvajes
y que nada, nada
nos pasara
por encima.

*

Amiga,
¿Vamos a envejecer mirando la misma planta?
por este patio
pasaron todos nuestros amigos
sus cigarrillos están en nuestras macetas
hace años
nos dimos un beso perfecto
hoy
la casa está vacía
las columnas son fuertes
todavía no se cayó el techo
pero una piedra sobre otra piedra
no dice
nada sobre el amor.



De Amiga, Malena Saito, Ed. Santos Locos Poesía

Wednesday, December 10, 2025

Uno de Francisco Garamona

Tomar vino

A la caída del sol,

Con la copa apoyada

Contra el corazón,

Y hablar y reír

Contando historias

Tontas y locas

Lejos del pasado

Que a veces 

Ensombrece las cosas.

Y ver tu silueta recortada

Contra la ventana,

Y el balcón amarillo,

Y la ropa en la soga

A la que el viento

Sacude un poco,

Lo suficiente nomás 

Para secarla

Y que al rato podamos

Doblarla y guardarla

En los armarios y cajones.

“Una vida simple” dice mi psicóloga,

“Eso mismo” digo yo.

Cae la noche con la voluptuosidad

De un animal fantástico herido.

¿Salimos a comer?

¿Vamos en tren?

Monday, December 08, 2025

Ceremonias de verano - Emma Barrandéguy


Toman mate en la galería abierta

las dos ancianas

y la persona que las cuida

y a veces las acompañan los que vienen de Buenos Aires

y desean el sol,

el sueño

y huyen de los mosquitos

con profusos artilugios

y unturas.


Enero nos trae la albahaca

y el apio, el pan dulce y los helados.


Las viejas pantallas de los años 30

con figuras de actrices de cine,

con las que se avivaba el fuego

o el calor se achicaba.


Besos extintos

se renuevan en labios de paso

y hay que aprender el lenguaje del verano

con los hermosos hombros desnudos

y las peludas piernas de los hombres,

ya algo gruesas.


Bienvenido enero,

comienzo de otro año

que quizás me desplace definitivamente.


Amo tus días severos de calor

donde conversan las hortensias

sus secretos

y la Santa Rita estalla su fucsia

en flores.


Verano existe y nosotras

tras antiguos rastros

en manos que nos tocan.

Poema de navidad - Vinicius de Moraes

Para eso fuimos hechos:

Para recordar y ser recordados

Para llorar y hacer llorar

Para enterrar a nuestros muertos-

Por eso tenemos brazos largos para los adioses

Manos para coger lo que fue dado

Dedos para cavar la tierra.


Así será nuestra vida:

Una tarde siempre para olvidar

Una estrella apagándose en la tiniebla

Un camino entre dos túmulos-

Por eso precisamos velar

Hablar bajo, pisar leve, ver

La noche dormir en silencio.


No hay mucho que decir:

Una canción sobre una cuna

Un verso, tal vez de amor

Un rezo por quién se va-

Pero que esa hora no olvide

Y por ella nuestros corazones

Se abandonen graves y simples.


Porque para eso fuimos hechos:

Para la esperanza en el milagro

Para la participación de la poesía

Para ver el rostro de la muerte-

De repente nunca más esperaremos…

Hoy la noche es joven, de la muerte, apenas

Nacemos, inmensamente.

En el ojo de agua - José Watanabe

Era un ojo de agua, una lagunilla

de donde bebíamos

gentes y caballos. La luz

no entraba en el agua, la oscuridad que venía del fondo

era más poderosa. Los niños

nos acuclillábamos en su borde redondo

y esperábamos

los pobres envíos de lo insondable.

En sus orillas había una respiración, la cadencia

de un animal muy remoto, un dios mudo

que desde su profundo lecho

mantenía la vida de todos nosotros.

Del fondo afloraban restos de algas, insectos abisales

que nadie podía cazar, pajitas, líquenes

pero todo era indescifrable.

En realidad no esperábamos nada, sólo el placer

de estar en el borde, no sabiendo nada claro, imprecisos

y un poquito idiotas.


A los cincuenta años

ya sabes que ningún dios te va a hablar claramente.

En el viejo ojo de agua

esta vez tampoco hay imágenes definitivas.

Aquí abandona tu arrogante lucidez

y bebe.


Monday, December 01, 2025

25 de diciembre de 1972 - Adrienne Rich


Me mostrás los poemas de una mujer
de mi edad o más joven,
traducidos de tu idioma

Aparecen ciertas palabras: enemigo, horno, pena
me bastan para saber
que es una mujer de mi época

obsesionada

con el Amor, nuestro tema:
le colocamos guías para que crezca por la pared como una enredadera
lo horneamos como un pan en nuestros hornos
nos lo pusimos en los tobillos como si fuera plomo
lo miramos con binoculares como si
fuera un helicóptero
que traía comida a nuestra hambruna
o el satélite
de una potencia hostil

Empiezo a ver a esa mujer
haciendo cosas: revolviendo arroz
planchando una pollera
tipeando un manuscrito hasta el amanecer

tratando de hacer una llamada
desde una cabina telefónica

el teléfono no para de sonar
en la habitación de un hombre
ella escucha que él le dice a alguien:
“No te preocupes, ya se va a cansar”
lo escucha contarle su historia a su hermana

que se convierte en su enemiga
y a su manera
va a iluminar su propio camino a la pena

sin saber que esta forma de dolor
es compartida, innecesaria
y política


Versión Ezequiel Zaidenwerg

Thursday, November 27, 2025

3 poemas de Cesare Pavese

Agonía

Andaré por las calles hasta que caiga muerta de cansancio,
sabré vivir sola y mirar a los ojos
las caras que pasan y ser siempre la misma.
Este fresco que sube a buscarme las venas
es un despertar que nunca había probado tan verdadero
en la mañana: sólo me siento más fuerte
que mi cuerpo, y un temblor frío viene con la mañana.

Quedaron lejos las mañanas en que tenía veinte años.
Y mañana, veintiuno: mañana saldré por las calles,
de las que recuerdo cada piedra y las estrías del cielo.
Desde mañana la gente volverá a mirarme
y estaré firme de pie y podré detenerme
y verme reflejada en las vidrieras. Las mañanas de antes
era joven y no lo sabía, y ni siquiera sabía
que era yo la que pasaba -una mujer, dueña
de sí misma. La flaca chica que fui
se ha despertado de un llanto de años:
ahora es como si aquel llanto no hubiese existido.

Y deseo solo colores. Los colores no lloran,
son como un despertar: mañana los colores
volverán. Cada una saldrá por la calle,
cada cuerpo un color -hasta los chicos.
Este cuerpo, vestido de rojo ligero
después de tanta palidez, tendrá de nuevo su vida.
Sentiré a mi alrededor deslizarse las miradas
y sabré ser yo: echando una ojeada
me veré entre la gente. Cada nueva mañana,
saldré por las calles buscando los colores.

*

Frases a la enamorada

Salgo a caminar en silencio con una chica
abordada en la calle, en la avenida, por la tarde,
la avenida llena de árboles y luces.
Es nuestro tercer encuentro.
La chica no puede tomar una decisión, es difícil:
no vamos al café porque odiamos a la multitud,
tampoco al cine, porque la primera vez
fuimos... porque... ya no tenemos que hacerlo más,
si no nos amamos tanto.
                            Caminemos así
hasta Po, hasta el puente, miraremos los edificios
de luz que los faroles construyen en el agua.
      La saciedad de la tercera cita.
Sé tanto de ella como un extraño podría saber,
uno que la besó y la abrazó en una sala oscura,
donde otras parejas oscuras se apretaban
y la orquesta —de un solo piano— tocaba Aída.
       Caminamos por la avenida, entre la gente.
Aquí también hay una orquesta que chilla y canta.
Hace un ruido metálico como los sacudones de los tranvías.
Estrecho a mi compañera y la miro a los ojos:
ella me mira y sonríe.
Sé tanto de ella como siempre he sabido de todos los demás,
quién trabaja, quién está triste y quién, si le preguntan
—“¿quieres morir esta noche?”- diría que sí.
—“¿Y nuestra aventura?”— “Nuestra aventura es diferente,
vamos a romper” (Hay un novio dando vueltas). 

     Oh mi hermosa niña, esta noche yo no soy el compañero
atrevido, que te ganó besándote en la calle
bajo la mirada de un anciano caballero asombrado.
Esta tarde camino pensando en la tristeza,
como tú a veces piensas en que quieres morir.
No es que quiera morir. Ese tiempo ha pasado
y luego, “no nos amamos”. Es la multitud que pasa
que me oprime y me asfixia, y tú también eres la multitud,
que, como todos, caminas a mi lado.
No es que te odie, pequeña —¿podrías pensar eso?-
pero estoy solo y siempre estaré solo.

       Aquí está el Po. —“¡Qué hermoso es!... Esta noche es de cristal.
Las columnas de luz... y la curva del muelle:
en la oscuridad casi parece la playa del mar.”
La compañera me habla alegremente y me abraza:
yo también tendré que abrazarla más fuerte en el puente.
Una orquesta lejana nos persigue hasta aquí.
Las colinas están oscuras. “¿Vendrías a las colinas?”
—“No, no a la colina. Está muy lejos. Quedémonos a mirar...”
     En el fondo esta noche ni siquiera quiero tu cuerpo,
ay mi nena hermosa, que también estás viva
para la mano que busca tu flanco.
Sé de ti tanto como siempre he sabido de todos:
que eres ávida bajo el vestido de seda azul,
que trabajas y estás triste y que un día tal vez seas mía,
si vencieras —¿quién sabe?— todos los escrúpulos.
     Pero en este momento callo y estoy solo,
como estaré hasta la muerte.
No es orgullo, niña, hace tiempo que lo olvidé.
pero no quiero, no quiero que nadie me quite la vida.

—“¿Quieres que salgamos a navegar un poco esta noche?” —“Está fresco. Mejor nos quedarnos.”
     —“Pero así no estaremos cerca” —“Pero está oscuro, nos podemos caer”.
     —“¿Qué quieres hacer aquí mirando el aire?” 
     —“Aquí es hermoso” —“Bajemos. Es más hermoso junto al agua. 
     Nos darán luz los faroles.” Le hablo, le estrecho
     la mano con suavidad y, torpemente, le doy un beso rápido
     en la mejilla. Desde debajo del sombrerito de fieltro me mira fijamente
     y luego, casi compungida, repite: “Quedémonos a mirar”.

*

Un recuerdo

No hay hombre que llegue a dejar una marca
sobre ella. Cuanto ha sido, se disipa en un sueño,
como la calle en una mañana, y sólo queda ella.
Si no fuese rozada la frente por un instante,
parecería perpleja. Sonríen las mejillas,
cada vez.

Ni siquiera se acumulan los días
sobre su mirada para cambiar la sonrisa ligera
que irradia hacia las cosas. Con dura firmeza
hace cada cosa, pero parece siempre la primera vez;
sin embargo vive hasta el último instante. Se entreabre
su sólido cuerpo, su mirada ensimismada,
a una voz acallada y un poco ronca: una voz
de hombre cansado. Y ningún cansancio la toca.

Al mirarle la boca, entorna la mirada
esperando: ninguno osaría un arrebato.
Muchos hombres saben de su ambigua sonrisa
o de la arruga imprevista. Si hubo ese hombre
que la supo gimiente, humillada de amor,
paga día tras día, ignorando por quién
ella vive este presente.

Sonríe a solas
la sonrisa más ambigua caminando por la calle.

*

Versiones de Jorge Aulicino

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