Wednesday, September 02, 2026

Dos palabras a los jóvenes - Raúl Gustavo Aguirre

Cada vez que converso con la gente muy joven sobre este tema de la literatura tengo la satisfacción de comprobar que es muy poco lo que puede enseñar la escasa experiencia que dan los años, y que ella –la gente muy joven– tiene lo principal, es decir, una actitud positiva, comunicativa, constructiva y creadora ante la vida, actitud sin la cual nada es posible y con la cual todo viene solo y se da por añadidura. Fuera de que lean mucho, y mucho a los grandes autores de todos los tiempos, no tengo ningún consejo que darles. Leer es importante, porque lo principal –lo que hace la madurez de un ser humano, hombre o mujer–, es una visión amplia y profunda y rica de la existencia, y para llegar a esto tenemos un solo camino: el de nuestra experiencia personal, camino que se recorre viviendo; pero esta experiencia no sólo está hecha de lo que nos sucede en la vida sino también de aquello que, mediante la lectura de todos los signos de expresión del ser humano –literatura, música, artes visuales, etc.– es comunicación enriquecedora de aquello que les ocurrió a los demás. La conquista del espacio espiritual de cada uno se realiza, así, mediante esa mirada atenta hacia lo otro y hacia los otros. Nuestro diálogo con las obras creadoras del hombre debe ser tan despojado de todo intelectualismo como lo es, por ejemplo, nuestra contemplación de un hermoso atardecer en el campo. Tenemos que abrir nuestro espíritu hacia aquello que lo enriquece y lo mantiene con vida. No hay que olvidar que el arte y la literatura, y la ciencia y la técnica, y todas las conquistas del hombre no son más que un medio, y que el fin primordial es el desarrollo de nuestra libertad interior, la plenitud de nuestra vida. A mí me gusta repetir siempre que si la literatura no sirve para vivir no sirve para nada.

        Los jóvenes tienden a huir siempre de los términos medios, y eso está bien porque es una etapa necesaria al desarrollo de la personalidad. Pero, por lo tanto, o bien caen en el desaliento o bien creen haberlo comenzado todo de nuevo. A los que tengan serias dudas acerca de si poseen ‘’cualidades’’ o ‘’porvenir’’ en cuanto a una actividad artística, desearía decirles que esto de las cualidades o del porvenir no es importante. Las cualidades son consecuencias de una actitud constructiva y creadora ante la vida. Lo demás viene solo o es oficio que se aprende. En cuanto al porvenir, eso depende de factores que están fuera del alcance de uno. Grandes creadores en la historia de la civilización humana permanecieron desconocidos, algunos durante siglos. Lo importante es que ellos, como personas, hayan realizado su vida, haciendo lo que tenían que hacer. Lo demás es casual. 

        En cuanto a los que creen haberlo descubierto todo de una vez para siempre, tenemos que recordar que los más grandes artistas de todos los tiempos han tenido, hasta el fin de sus días, la sencillez del aprendiz. Esta es su mejor enseñanza. Ser alguien que aprende es un hermoso plan de vida, siempre posible de realizar. ‘‘La maravilla –decía Rodin– nace de las manos del trabajador humilde’’. 

        Con mis palabras, trato de transmitirles sobre todo esta noción, que me parece es lo mejor que puedo darles: lo que importa es vivir cotidianamente en una actitud creadora, constructiva, comunicativa con lo otro y con los otros. Creer más en lo que une a los seres humanos que en lo que los separa. Después de todo, una idea es sólo una idea, algo abstracto, y no vale quizá lo que vale una amistad. En nuestros tiempos, en que todo parece ser movido por fines ‘‘prácticos’’, importan mucho los sentimientos que nos unen al prójimo. Tales sentimientos son algo muy valioso y vale la pena pensarlo mucho cuando una idea es contradictoria con ellos. Quiero decir, en resumen, que si ustedes mantienen una actitud creadora en sus vidas, si mantienen ese interés y esa curiosidad por las cosas que hay en el mundo, ese amor por todo lo que existe y se mueve en el mundo, hay muchísimas probabilidades de que lleguen a ser buenos escritores o artistas. O por lo menos, si ello no ocurriera, de que lleguen a ser personas muy valiosas para los demás y contentas de sí mismas, no importa las adversidades por que atraviesen. Y esto, después de todo, ¿no es acaso lo más importante?

(1966)

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